El lunes llegó demasiado pronto. Carla apenas había dormido y, para colmo, una compañera del restaurante se había puesto enferma, por lo que tendría que doblar turno.
—Perfecto —murmuró mientras se ajustaba el delantal—. Justo lo que necesitaba.
Desde la cocina llegaban órdenes, golpes de cuchillo contra las tablas y el chisporroteo constante de las sartenes. Carla se recogió el pelo, respiró hondo y pensó que le esperaba un día eterno. Sacó el móvil un segundo: ningún mensaje nuevo. Pensar en Valeria solo empeoró las cosas; no sabía si podrían verse y le molestaba descubrir cuánto le importaba. La echaba de menos, demasiado para llevar tan poco tiempo juntas. Guardó el teléfono.
— ¿Carla, empezamos?
— ¡Voy! —respondió, e ingresó de nuevo al trabajo.
Valeria acababa de llegar a casa tras una sesión de fotos. Dejó el bolso en el recibidor, se quitó los zapatos y soltó un suspiro.
—Estoy muerta.
— ¡Por fin! —la voz de Dani llegó desde el salón.
Valeria sonrió. Dani estaba tirado en el sofá.
—Pensaba que te habías olvidado de nuestra cita con los «preciosos».
—Ni loca.
Valeria entró y señaló el pequeño set que había preparado: cámara, trípode, aro de luz y dos sillas.
—Tenemos el canal abandonado, ya tocaba ponerse las pilas.
Dani se levantó de un salto.
—Pues prepárate porque hoy vamos a grabar un vídeo épico.
—Eso dices siempre.
—Porque siempre lo son.
—Claro.
Dani comenzó a ajustar la cámara mientras Valeria se dejaba caer en una silla. Grabar con él siempre le resultaba fácil: podía relajarse, hacer el idiota y olvidarse un rato de la presión.
Al terminar de ajustar el trípode, Dani la miró con excesiva seriedad. Valeria entrecerró los ojos.
—¿Qué?
—Valeria...
—No me gusta ese tono.
Dani se cruzó de brazos.
—Tú y yo somos BFF.
—Ajá.
—Y creo que me estás ocultando algo.
Valeria cogió el móvil.
—No sé de qué hablas.
—Sí que lo sabes.
—No.
—Perfecto, entonces te refresco la memoria —Dani esperó a que ella levantara la vista—. Te vi la otra noche comiéndole la boca a alguien.
Valeria intentó mantener la expresión neutra.
— ¿A quién?
Dani abrió mucho los ojos.
—No me jodas.
—¿Qué?
—A Carla.
—Ah.
— ¿«Ah»? —Valeria se encogió de hombros—. Fue un beso.
—Sí, claro, y el Titanic tuvo un pequeño problema de humedad.
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A través de nuestra mirada.
Fan-FictionDetrás de cada mirada, cada silencio y cada decisión existe una historia que merece ser sentida. Dos mujeres. Dos mundos distintos. Un encuentro capaz de cambiar la forma en que ambas entendían su propia vida. A través de nuestra mirada es una histo...
