Valeria por fin está en casa. El cansancio del día se le nota en los hombros, pero su rostro lo desmiente: hay en ella una felicidad serena, luminosa, de esas que no necesitan explicación. Sin embargo, es su mirada la que realmente la delata. En cuanto sus ojos encuentran a Carla, todo lo demás deja de importar. Sus facciones se suavizan, su respiración cambia y una chispa silenciosa —mezcla de deseo y ternura— le recorre el cuerpo. Se derrite por ella, sin disimulo.
No puede esperar más.
Se acerca despacio, con esa calma cargada de intención que Carla ya empieza a reconocer. Su brazo roza el suyo apenas un instante, suficiente para erizarle la piel. Valeria inclina la cabeza y, muy cerca de su oído, le susurra con una sonrisa contenida y la voz baja, casi temblorosa:
—Tengo unas ganas tremendas de besarte... pero me da palo hacerlo delante de mi madre. Por favor, sube a mi habitación.
Carla la mira con complicidad. Sus ojos brillan, divertidos y expectantes. Asiente en silencio y se dirige hacia las escaleras con paso tranquilo, consciente de la mirada de Valeria siguiéndola. A su paso, deja flotando en el aire el leve aroma de su perfume: ese que Valeria ya asocia con calma, deseo y hogar.
Mientras tanto, en la cocina, la casa tiene otra energía. Anna se mueve entre los fogones con naturalidad, y Marc, apoyado en la encimera, baja la voz mientras hablan. Entre miradas cómplices y sonrisas disimuladas, comienzan a tramar la sorpresa de cumpleaños para Valeria, ajenos —o quizá no tanto— a lo que está a punto de suceder metros más arriba.
—Vale, ya tenemos confirmados a todos los invitados —dice Anna, revisando su lista—. La mayoría son sus amigos más cercanos, así que será una fiesta íntima, como a ella le gusta.
Marc asiente con entusiasmo. Todo está en marcha; lo único que falta es asegurarse de que Valeria no sospeche nada.
Horas más tarde, el pub está completamente preparado para la celebración. La iluminación es suave y envolvente, con luces tenues en tonos dorados y azulados que bañan el local. La música de fondo marca el pulso de la noche mientras los camareros se mueven con agilidad detrás de la barra.
Globos negros y dorados decoran las esquinas del local. Sobre la zona VIP cuelga una gran pancarta con letras brillantes: "Feliz cumpleaños, Valeria". Todo está pensado al detalle.
Entre el bullicio, Marc cumple una misión clave. Como Carla se enteró a última hora de la reserva en el hotel, le confió la organización de la sorpresa en la habitación. Marc se lo ha tomado como una responsabilidad sagrada: revisar la decoración, coordinar tiempos y asegurarse de que todo esté perfecto.
Mientras tanto, Carla se encarga de entretener a Valeria para evitar sospechas. Y no le resulta difícil: Valeria está completamente hipnotizada por ella. Sus labios se buscan y se encuentran en un beso profundo, lento. Valeria no puede evitarlo y recorre la piel de Carla con urgencia, pero justo cuando la intensidad amenaza con ir más allá, Carla la detiene con suavidad, tomándole la muñeca.
—Valeria... —susurra, con la respiración agitada.
Valeria la mira, confundida, con un atisbo de frustración.
—No es que no quiera... —continúa Carla, acercando la frente a la suya para calmarla—. Créeme. Pero tenemos que irnos ya. Nos están esperando.
Valeria suspira despacio y hace un pequeño puchero:
—Está bien —murmura al fin—. Luego me lo compensas.
Al llegar al pub, Carla se adelanta unos pasos. La música se detiene de golpe y las luces se apagan durante un segundo eterno. De pronto, Carla presiona el interruptor.
—¡Sorpresa! ¡Feliz cumpleaños, Valeria! —gritan todos al unísono.
El rostro de Valeria se ilumina de asombro y las lágrimas comienzan a deslizarse por sus mejillas. Ante ella se extiende un mosaico de rostros conocidos: Dani, Eric, Ángel, P., Gemma, Eva, Jon, Sara, Natalia, Diana, Anna, Marc, Marta y Alicia. Su gente. Su refugio.
Uno a uno se acercan a abrazarla. El ambiente se vuelve cálido y vibrante. De pronto, las luces se atenúan y aparece la tarta con dos grandes velas encendidas: 25.
— ¡Venga, Valeria, pide un deseo! —grita alguien entre aplausos.
Ella inspira hondo, cierra los ojos un instante y sopla las velas con decisión mientras el local estalla en vítores.
Más tarde, las chicas se reúnen en uno de los rincones más tranquilos del local. Gemma se acerca a Valeria con una sonrisa pícara:
—Eh, Valeria... ¡por fin puedo pillarte! Cuéntame, ¿qué tal Milán, París y Nueva York?
—La verdad, muy bien —responde Valeria—. Milán fue puro caos creativo. En Nueva York estuve en la presentación de una colección y aproveché para perderme por Soho.
Gemma baja la voz y se acerca:
—Oye... ¿te puedo hacer una pregunta indiscreta? ¿Tienes algo con Carla? Te veo muy unida a ella y te vi besándola en el After hace unas semanas.
Valeria suspira y mira su copa.
—Sí... tengo algo con ella —admitió al fin—. Pero prométeme que no se lo dirás a nadie.
—Palabra —respondió Gemma sin dudar—. ¿Desde cuándo te gustan las mujeres?
Valeria alzó la mirada, segura:
—No me gustan las mujeres. Me gusta ella.
—Vale... eso no me lo esperaba. Si tú estás bien, es lo importante.
—Sigo preguntándome qué me pasa con ella... pero estoy en una nube —confesó Valeria—. Con Carla todo es fácil.
En ese momento, Eva se acercó con un abrazo espontáneo:
— ¡Valeria! Tenía unas ganas enormes de verte. Quería recordarte que mi cumpleaños es el 30, justo siete días después del tuyo.
— ¿Cómo iba a olvidarlo? —sonrió Valeria, pero enseguida se puso seria—. Chicas... necesito vuestro consejo. Tengo algo con Carla, pero me da miedo que los medios se enteren. Mi hermano y mi madre lo saben, pero... ¿debería contarlo a mi círculo más cercano?
—Sinceramente, esta noche es perfecta —aseguró Gemma—. Están aquí tus personas más cercanas.
Mientras lo reflexiona, la música disminuye y una amiga de Carla sube al escenario con una guitarra. Carla toma el micrófono, busca la mirada de Valeria y empieza a cantar:
"Fueron cuatro los segundos que pasaron
Hasta que pude encontrarte entre los rostros congelados.
Te digo que te quiero con tu suerte, con tu mierda,
Con pasado, con presente, con o sin enfermedad.
Y tú no ves que quiero seguir comiéndote a besos..."
Valeria siente cómo se le humedecen los ojos. Entiende que aquello ya no es solo una ilusión: es algo real que está creciendo delante de todos.
Al bajar del escenario, Carla camina directa hacia ella. Valeria se levanta, la abraza con fuerza y, sin pensarlo más, la besa delante de todos. Un beso profundo y sincero. Luego toma el micrófono con mano temblorosa:
—Como habéis podido comprobar... estoy con Carla. Os pido, de corazón, que mantengamos esto en la intimidad hasta que encuentre el momento adecuado para comunicarlo a los medios. Confío en vosotros.
El local estalla en aplausos y felicitaciones. Eric se acerca a abrazarla: «Bienvenida oficialmente al club», mientras Marc le pregunta entre risas si ya puede llamar a Carla «cuñi».
Hacia el final de la noche, Carla se acerca a Valeria y le susurra al oído:
—Aún te quedan más regalos. Tendrás que abandonar tu propia fiesta.
Le entrega una tarjeta del hotel. Valeria lee la nota firmada por su madre y mira a Carla con una mezcla de nerviosismo y expectación. Sale del local con el corazón acelerado, sabiendo que la noche apenas comienza.
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A través de nuestra mirada.
FanfictionDetrás de cada mirada, cada silencio y cada decisión existe una historia que merece ser sentida. Dos mujeres. Dos mundos distintos. Un encuentro capaz de cambiar la forma en que ambas entendían su propia vida. A través de nuestra mirada es una histo...
