Prólogo
Existe una antigua leyenda japonesa sobre un hilo rojo invisible, un vínculo que une a las personas destinadas a encontrarse, atado al meñique desde el instante en que sus vidas quedan marcadas. Invisible, sí, pero imposible de romper. Dicen que puede tensarse, enredarse o desgastarse con el tiempo, pero jamás desaparecer. No importan la distancia, los años ni las decisiones equivocadas; tarde o temprano, quienes están unidos por él terminan encontrándose.
El destino rara vez se muestra con claridad. A veces se retrasa, se complica o toma caminos que parecen no tener sentido. Sin embargo, hay encuentros que escapan a toda lógica, historias que comienzan mucho antes de que sus protagonistas sean conscientes de ello.
El móvil vibra sobre la mesa por quinta vez en menos de un minuto. Valeria ni siquiera gira la cabeza. Tiene los dedos entrelazados con tanta fuerza que los nudillos se han vuelto blancos. La pantalla se ilumina una vez más y el reflejo azul cruza el cristal de la ventana. No necesita leer el nombre que aparece. Sabe quién insiste al otro lado... y también conoce el contenido de cada mensaje antes incluso de abrirlo.
Fuera, el mar rompe contra la costa con una calma casi insultante. La habitación del hotel huele a sal, a sábanas limpias y a ese silencio que normalmente invita a descansar. Ella, sin embargo, lleva más de una hora inmóvil frente a la ventana. Hace rato que el café dejó de humear.
Hasta hace unas horas, todo parecía encajar. Campañas cerradas, viajes organizados, una agenda impecable y una vida que, vista desde fuera, cualquiera habría envidiado. Pero esa imagen llevaba demasiado tiempo sosteniéndose sobre un equilibrio frágil.
El teléfono vuelve a vibrar.
Durante un instante, estira la mano hacia él. Sus dedos rozan la pantalla... pero se detienen antes de tocarla. Retira la mano lentamente y cierra los ojos. Responder significaría admitir algo para lo que todavía no está preparada. Seguir guardando silencio tampoco la protege.
Lleva semanas midiendo cada palabra, sonriendo cuando alguien apunta una cámara hacia ella y convenciéndose de que todo puede seguir igual un día más. Pero hay un momento en el que incluso las mejores máscaras empiezan a pesar demasiado.
Abre los ojos. Su reflejo en el cristal apenas le devuelve la imagen de la mujer segura que todos creen conocer.
Y, aunque todavía no lo sabe, ese cambio ya ha comenzado.
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Introducion
«Para saber dónde quieres ir, tienes que saber de dónde vienes». Así comienza esta historia, desde el principio de todo. Porque el amor, al final, es el motor del mundo. Y, sin embargo, hay momentos en los que, aun teniéndolo todo, no sabes exactamente hacia dónde estás yendo... y eso pesa más de lo que debería.
Valeria es una joven con sueños e inquietudes, con una fuerza de voluntad que la empuja a intentarlo todo. Nunca se rinde, incluso cuando las cosas no salen como espera y, sobre todo, lo hace desde un lugar muy concreto: el amor. Mucho amor. Aunque todavía no sepa hasta qué punto ese mismo motor será también lo que cambie su vida.
Nos remontamos al año 2008, en Montgat, un pequeño pueblo costero a las afueras de Barcelona. Son las 18:30. Un tren acaba de pasar, dejando tras de sí un leve temblor en las vías y un silbido que se desvanece en la brisa marina. Durante unos segundos, todo queda en silencio, hasta que el rumor del mar vuelve a imponerse. El verano empieza a apagarse, los días se acortan y el aire, más fresco, se cuela por las ventanas, arrastrando ese olor salado tan característico de la costa.
Junto a la estación se alza una casa de dos plantas. La fachada blanca muestra las marcas de la humedad, y las persianas de madera, pintadas en azul turquesa, apenas conservan su color original. En el pequeño jardín, varias macetas crecen sin orden, ajenas al paso del tiempo. En la planta superior, una única ventana iluminada rompe la monotonía del atardecer. Tras el cristal, la silueta de una adolescente permanece inmóvil frente a la pantalla de su ordenador, con el mar extendiéndose a sus espaldas bajo los últimos tonos anaranjados del día.
La habitación de Valeria parece un reflejo de su mente: fotografías, recortes de moda, cuadernos abiertos, revistas dispersas y una taza de café olvidada sobre el escritorio. Hay desorden, pero no caos; cada objeto parece ocupar un lugar preciso. Valeria no aparta la vista de la pantalla. Sus dedos se mueven con rapidez, casi por instinto, como si estuviera construyendo algo demasiado importante como para detenerse a pensar.
Unos pasos en el pasillo rompen el silencio. La puerta entreabierta cruje suavemente.
—Hija, ¿qué haces tanto tiempo mirando esa pantalla?
Valeria no se gira.
—Mamá, estoy trabajando.
Ana permanece unos segundos en el marco de la puerta, observándola con una mezcla de extrañeza y preocupación.
— ¿Trabajando? Pero si ni siquiera has terminado de estudiar...
Valeria suspira, sin apartar la vista del monitor.
—No hace falta terminar nada para empezar algo.
Ana guarda silencio unos segundos, sin saber muy bien qué responder.
—Baja luego a cenar.
—Sí.
Pero ninguna de las dos termina de creérselo.
Cuando la puerta se cierra, Valeria observa durante unos segundos su reflejo en la pantalla oscura. Después, sin vacilar, vuelve a escribir.
Ahí es donde todo empieza.
Blog de Valeria – 24/11/2008
«Me llamo Valeria, soy de Barcelona, tengo 19 años y soy una apasionada de la moda. Hace unos años descubrí el mundo de internet y estoy muy contenta porque me está abriendo muchas puertas. Me he dado cuenta de lo que quiero ser: estilista, aunque desde pequeña he querido ser actriz, porque es lo que realmente me hace feliz. El problema es que nunca he luchado lo suficiente por lo que quiero; siempre he dejado pasar las oportunidades, esperando a que alguien llamara a mi puerta. Ahora he entendido algo importante: si no lucho por mis sueños, nadie lo hará por mí. Y eso es lo que voy a empezar a hacer».
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A través de nuestra mirada.
Fiksi PenggemarDetrás de cada mirada, cada silencio y cada decisión existe una historia que merece ser sentida. Dos mujeres. Dos mundos distintos. Un encuentro capaz de cambiar la forma en que ambas entendían su propia vida. A través de nuestra mirada es una histo...
