La habitación tenía un aire acogedor y sereno, como si aún guardara el eco de la noche anterior. La luz de la mañana se filtraba tímidamente a través de unas cortinas semitransparentes, tiñendo el espacio de tonos dorados y proyectando sombras suaves sobre las paredes de color cálido. La cama, amplia y deshecha, conservaba el calor compartido bajo las sábanas blancas, arrugadas sin orden, testigos silenciosos de lo vivido.
Sobre una mesita de madera clara descansaban dos tazas de café a medio tomar, ya frías, junto al móvil de Valeria, cuya pantalla se iluminaba de vez en cuando con notificaciones que ella había decidido ignorar. En ese instante, el mundo exterior no tenía ninguna importancia.
Carla la rodeaba con una ternura casi instintiva, protectora, como si incluso dormida se negara a soltarla. Aquella cercanía le provocaba a Valeria una sensación nueva, extraña... y profundamente feliz. La razón de esa felicidad respiraba tranquila a su lado, con el rostro relajado, sumida en un sueño profundo.
Carla se removió apenas, lo justo para estrecharla un poco más contra su pecho. Valeria sintió el ritmo pausado de su respiración y cerró los ojos durante unos segundos, intentando asimilar la realidad de aquel momento. Su corazón y su mente parecían debatirse en silencio, repasando lo ocurrido, preguntándose si todo aquello había sido real.
¿De verdad había pasado?
Carla seguía dormida cuando un ligero cosquilleo en la espalda, cerca del hombro izquierdo, comenzó a sacarla poco a poco del sueño. No quería abrir los ojos; deseaba quedarse allí unos minutos más, suspendida en esa calma. Pero la calidez de aquellas caricias suaves le hizo intuir quién estaba despertándola.
Con una mezcla de pereza y curiosidad, abrió los ojos lentamente. Al hacerlo, se encontró con Valeria recostada de lado, apoyando la cabeza sobre una mano, observándola con una expresión serena y algo tímida. Con la otra mano, trazaba círculos lentos y distraídos sobre su piel, como si quisiera memorizarla.
Durante unos segundos no dijeron nada. No hacía falta. El silencio, cargado de complicidad y calma, hablaba por ellas.
-Hola -murmuró Carla, con la voz aún tomada por el sueño y una sonrisa perezosa dibujándose en sus labios.
La habitación seguía bañada por esa luz suave de primera hora, dorada y tranquila, que parecía envolverlo todo. El silencio solo se rompía por el murmullo lejano de la ciudad despertando y por el roce de las sábanas al moverse.
-Buenos días -respondió Valeria en voz baja, inclinándose para dejar un beso delicado en la mejilla de Carla.
Carla abrió los ojos del todo y la miró, todavía desorientada pero claramente feliz de verla allí.
-¿Llevas mucho tiempo despierta?
Valeria se encogió ligeramente de hombros, divertida.
-No mucho... pero hoy he amanecido de buen humor -confesó-. Lo cual no es muy habitual en mí. Ya te irás acostumbrando a mi versión gremlin mañanero.
Lo dijo con una sonrisa traviesa que intentó disimular, aunque una pequeña risa tímida la delató. Carla no pudo evitar sonreír también.
-¿Y tú? -añadió Valeria-. ¿Cómo has dormido?
-Estupendamente -respondió Carla, escondiendo medio rostro en la almohada, como si así pudiera ocultar el leve sonrojo que le subía a las mejillas.
Valeria soltó una carcajada suave, clara, de esas que llenan el espacio sin romper la calma. Con un gesto lento, tomó la barbilla de Carla entre los dedos y la atrajo hacia ella. El beso fue pausado, consciente, casi reverente, como si quisiera grabar ese instante en la memoria. Luego vinieron otros más breves, juguetones, apenas rozando sus labios.
ESTÁS LEYENDO
A través de nuestra mirada.
Fan-FictionDetrás de cada mirada, cada silencio y cada decisión existe una historia que merece ser sentida. Dos mujeres. Dos mundos distintos. Un encuentro capaz de cambiar la forma en que ambas entendían su propia vida. A través de nuestra mirada es una histo...
