16- Dulce Sueño

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Carla se despertó con una punzada sorda en la sien, de esas que avisan que la noche ha sido larga. Estaba desnuda, envuelta en el calor de Valeria, que dormía a su lado con una respiración lenta y confiada. Intentó deslizarse fuera de la cama sin hacer ruido, pero el tirón en los músculos le recordó cada segundo de las últimas horas. Sonrió, con una mezcla de cansancio y gusto.

Valeria dormía boca abajo, despeinada, con la luz blanda de la mañana rozándole la espalda. En reposo parecía otra: sin defensas, sin la pose de las redes, vulnerable. Carla se quedó un momento solo mirándola, procesando lo rápido que todo se le estaba yendo de las manos.

La habitación era un desastre íntimo: sábanas arrugadas, la ropa repartida por el suelo —los vaqueros cerca de la puerta, una camiseta en la silla— y ese olor denso a perfume, alcohol y piel.

Un gruñido ahogado salió de las almohadas. Valeria se desperezó despacio, arrastrando su habitual mal humor matutino, aunque al sentir a Carla cerca se le suavizó el gesto.

— ¿Quieres desayunar? —le susurró Carla, inclinándose.

—Mmm... sí —refunfuñó Valeria, tapándose la cara con la sábana—. ¿Por qué me duele hasta el alma?

—Porque estás en mi cama, estabas desatada en el pub y no dormimos casi nada —sonrió Carla, pasándole los dedos por la mejilla.

—Qué vergüenza... —maldijo Valeria entre risas , con la voz tomada.

Carla amagó con levantarse envuelta en la sábana para ir a por café, pero Valeria la cazó al vuelo por la muñeca, tiró de ella y le mordió suavemente el labio inferior.

—Primero duchate conmigo.

Horas después, la atmósfera en el salón era completamente otra. La luz del mediodía caía de lleno sobre la mesa, donde descansaban dos tazas de café ya tibias. Carla estaba sentada con las piernas cruzadas en el sofá, jugando con la cucharilla. Valeria, recostada entre los cojines, miraba un punto fijo en la pared.

— ¿Cuánto hace que lo dejaste con tu ex? —lanzó Carla, rompiendo la calma.

Valeria tardó un segundo en responder. Se apartó un mechón del rostro.

—Unos cuatro meses. Ya no sentía nada... Bueno, como pareja. Fueron cuatro años juntos, ahora somos amigos. De verdad.

Hizo una pausa que se sintió demasiado calculada.

—Lo único es que... aún no lo he hecho público en redes.

El repiqueteo de la cucharilla de Carla se detuvo en seco.

— ¿Cómo que no lo has hecho público?

—Por trabajo, Carla —explicó Valeria, tratando de sonar pragmática—. Perdería seguidores de golpe, la gente se mete mucho en esas dinámicas y, además, aún tenemos un par de campañas firmadas juntos.

Carla soltó la cucharilla sobre el plato con un golpe demasiado seco.

— ¿Campañas? Valeria, llevamos semanas saliendo, pero de cara a miles de personas sigues vendiendo que estás con tu ex.

—No estoy "vendiendo" nada, simplemente no voy a arruinar contratos por precipitarme —respondió Valeria, irguiéndose en el sofá, a la defensiva—. Tú no entiendes cómo funciona esto.

—No, claro que no lo entiendo —dijo Carla, alzando la voz sin pretenderlo—. Porque yo a mi ex la dejé hace poco, me puso los cuernos, me dolieron las entrañas, pero no la dejé en reserva en un escaparate. Me da rabia y me duele en el orgullo. Siento que soy tu secreto sucio mientras tú mantienes una mentira por unos cuantos 'me gusta'.

A través de nuestra mirada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora