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𝐄𝐥 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞

El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo

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El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Issi se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos.

— ¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí? - dijo un hombre gigante con una gran cara peluda que rebosaba alegría sobre el mar de cabezas. — Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis ¡Los de primer año, seguidme!

- Él es Hagrid, es un gigante y es el guardabosques de Hogwarts - explicó Maddie al ver como su amiga pelirroja miraba fascinada al gigante.

Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Isabelle pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho salvo por los gritos y risas de cinco niños, o más bien cuatro tratando de ser callados por Frank.

—En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.

Se produjo un fuerte ¡ooooooh!

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

—¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Maddie e Issi subieron a uno, seguidos por Andy y Dani, los niños del tren a quienes habían apodado así.

—¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

—¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

Tras bajar de los botes subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo. Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.

—¿Estáis todos aquí? - preguntó Hagrid mirando el mar de cabezas que había detrás suyo.

El gigante levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo. La puerta se abrió de inmediato. El profesor Longbottom se encontraba allí mirando a los alumnos con una sonrisa, parecía estar buscando algo con la mirada entre los alumnos, Isabelle supuso que buscaría a su hijo, con el que tiene un parecido increíble.

𝐃𝐄𝐒𝐓𝐈𝐍𝐘Donde viven las historias. Descúbrelo ahora