"Solo la lluvia deja una pasión equivocada en el banco vacío de los enamorados"
Emma Williams, siempre tan alegre y tan radiante; ella era luz. Adam Jones, tan triste y tan sombrío; él era oscuridad. Cada uno tenía algo que los hacía diferente del r...
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Adam Jones
Me caía de la patada no tener lo que yo quisiera cuando quisiera y si se trataba de que no podía tener a algún mujer que se me antojara me cabreaba muchísimo más haciéndome odiar este puto mundo de mierda lleno de hipócritas "como yo" yo era un hipócrita por decir que Emma no era mi tipo pero luego no mente me reciminaba que no era así porque con solo pensar en su nombre mi miembro aumentaba su tamaño.
Hoy me siento cabreado. Mi mente solo rebobina la cara de Emma y lo que podría hacerle si fuera mía pero no era eso lo que me tenía mal sino que era el hecho de que no podía hacerla mía porque ella no está en lo más mínimo interesada en mí y eso me jodia. Por otro lado, aquí estoy yo; desahogando mi enojo con una tipa que conocí en un bar.
—Mmm, sí, así -gruño mientras salgo y entro del coño de la chica rubia que está en mi cama—. Eres tan jodidamente deliciosa.
"Ni tú te lo crees, idiota"
Aumentó la velocidad de mis movimientos poniendo mi mano en su cuello y ella chilla con cada embestida que doy. Muerde sus labios y le doy más duro cosa que me hace tensar mi agarré, ya no es sexo suave y lento; es duro y violento, es todo un vaivén de sensaciones que hacen que ella arqueé su espalda y yo incline mi cabeza hacia atrás sintiendo como su orgasmo viene.
Siento como mi miembro se baña de sus jugos y como desfallece en la cama mientras yo sigo embistiendo "VENTE, YA DEJA DE SER TAN IDIOTA" me grita mis subconsciente.
La rabia me consume y solo logro sacar mi miembro con afán de su vagina como si me quemara el tacto de sus paredes húmedas con mi pene y la agarró del cabello para levantarla hablándole a centímetros de su boca...
—¿Quieres un premio por ser una niña buena? -le digo y está asiente—. Creo que hoy te daré algo que chupar y lamer; una paleta.
Le agarro el cabello con fuerza y la obligó a que se arrodille, ella me mira desde abajo con miedo pero no flaqueo, humedezco mis labios "lastima que no es Emma"
—Prendete -le ordeno y está obedece.
Miro lo que hace y aprieto el agarre en su cabellera rubia cuando pasa su lengua por mi glande hinchado. Inclino la cabeza hacia atrás ligeramente para poder despejar mi mente pero solo logro respirar con molestia.
—Vamos, cariño, puedes hacerlo mejor.
Lametea mi pene suavemente pasando una y otra vez su lengua por esa zona tan sensible, hace círculos con esta y yo inclino la cabeza a un lado cerrando mis ojos.