CAPITULO 22

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EL DÍA DESPUÉS

EL DÍA DESPUÉS

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Emma Williams

A veces, cuando despertaba, cuestionaba mucho el porqué de muchas cosas. Tenía muchas cosas claras hasta que de repente mi mente se cuestionaba miles de cosas buscando una razón, un por qué y un para qué como ahora.

Uno no planea nada de lo que pasa en nuestro entorno y eso está más que bien, hasta cierto punto... Las situaciones en mi entorno nunca eran planeadas y eso me hartaba porque no era capaz de controlar nada de lo que me pasara, vivía de lo que el destino decidiera por mí y me sentía un poco cansada de ello.

Intento abrir mis ojos pero la luz del sol matutino golpea con fuerza y activa mi dolor de cabeza "no debí beber tanto" en un intento de conseguir la orilla ruedo en la cama hasta que caigo al suelo en un golpe seco y maldigo lo torpe de la situación. Aquella caída me obliga a abrir los ojos para poder levantarme y noto que hay un cuerpo en la cama "¿Pero qué fue lo que pasó?"

Mi mente comienza a rebobinar todo y caigo en cuenta que lo último que ví fue el rostro de Adam y maldigo cuando veo que no tiene camisa y se encuentra en boxer "¿Qué hice ahora?" Me levanto con sigilo cogiendo mi bolso de la mesita de noche que ni idea de cómo llegó aquí e intento no hacer tanto ruido porque no quiero que Adam me vea.

Miro alrededor de la habitación buscando la puerta y trato de rodear la cama para ir hasta allá e irme de aquí cuando lo escucho reír.

—¿Acaso creíste que caerte no era motivo para despertarme? -ríe—. Te diste duro, ¿Te encuentras bien?

—Ah... Yo... Eh... -balbuceo logrando que se levanté caminando en mi dirección—. No quiero problemas, ¿Sí? Solo quiero irme -digo cansada pero no dice nada.

Sus pasos se detienen a poco centímetros y coge un mechón de mi cabello jugueteando con el mientras repara mi rostro como si fuera una obra de arte, estando tan cerca puedo ver como en su abdomen hay varios hematomas con un color rojizo y morado.

Él acerca su rostro a un costado del mío y habla:

—Buenos días, mi pequeño ángel. -susurra y me estremecí ante aquello—. ¿Dormiste bien?

Trago grueso y pongo mis manos en su pecho tonificado alejándolo de mí para poder razonar un poco pero me distraigo con lo bien formado que están sus pectorales logrando que mi saliva se aliviane en nanosegundos sintiendo como mi estómago se contrae.

Mi mirada viaja por su abdomen y mi boca se entreabre por inercia, dirijo mi vista a sus ojos, sus manos se ponen en cada costado de mi cabeza y mis manos viajan a su rostro logrando que Adam cierre sus ojos respirando hondo, y vuelve a abrirlos, y noto como estos se oscurecen pasando de azul claro a un azul marino en menos de nada.

—¿Ya te han dicho lo bien que te ves sonrojada, nena? -murmura y sus nudillo se pasean por mi cachete en un gesto cálido.

—No me lo han dicho pero por tu cara deduzco que me veo bastante bien. -le digo airosa y él sonríe.

Un beso bajo la lluvia[#1] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora