CAPITULO 25

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VACÍO

Adam Jones

Tiempo.

No contaba con el tiempo para pensar o hacer algo al respecto, sólo me quedaba el maldito sin sabor que no desaparecía con nada.

El tiempo desde que Emma escapó del hospital había transcurrido demasiado rápido sumándole horas a los minutos, y días a las horas.

En mi premura, decidí que lo mejor era mentener un perfil bajo y mantenerme lo más alejado que pudiera de la pelinegra para no tener que lidiar con sus alegatos ni tener complicaciones en mi vida "más de las que tengo…"

Cosa que difícilmente iba a suceder, siendo realista; pero la posibilidad de que Emma no me escuchará y ahora su único sentimiento hacia mía sea el odio era algo más grande. Si yo tenía razón, y la lógica no me fallaba, entonces nada de esto se haría realidad y sus sentimientos no habrían cambiado mucho en todo este tiempo.

El pensamiento perdió fuerza al instante, pero dejó un sin sabor en mi boca.

Me rehusaba a darle vuelta a esa ideas que mi mente lanzaba.

Todo había pasado demasiado rápido y no pude siquiera pensar en nada, el mensaje llegó y con el una presión en mi pecho que me dejaba claro que soy un puto demente que no pensó con sabiduría.

Ya lo esperaba para ser sinceros, pero eso no me ayudó a amortiguar el pinchazo de decepción.

En mi desespero, y falta de razonamiento, pensé en ir a buscarla a donde quiera que haya ido para explicarle toda la situación y qué pasaba por mi mente pero es que no tenía sentido nada de lo que hice.

Mi pecho se oprimió y mi boca se seco dando paso a un sentimiento diferente; terror… Tenía terror de lo que podía pasar de ahora en adelante porque no estaba acostumbrado a perder el control de una situación y menos de una tan crítica.

Era la primera vez que percibí algo así. Lógicamente, así se sentía la culpa cuando lastimabas a alguien que amas. Parecía como si yo mismo me hubiera encadenado de brazos y pies, y tuviese en un pequeño espacio donde no había lugar para poder moverse. No había nada que me indicara si existía un Norte, un Sur, un Este y un Oeste.

Quería patear un pared, golpear a alguien o incluso intentar derrumbar una torre entera hasta que no quedará nada, pero sabía que no podía hacer aquello.

Aún así, estaba conciente que necesitaba recuperar la cordura y afrontar la realidad que me golpeaba de frente como una bola demoledora.

Diego entra a la estancia y en su semblante está relajado el pesar y la culpa, pero había un sentimiento que me gritaba con fuerza que está vez me había pasado y había cruzado una raya que no sabía que existía.

—Imagino que no sabes lo mal que estás de la cabeza—espetó Diego estoico, sus orbes perforándome.

Asentí lentamente.

—¿Si tienes idea o te haces el estúpido para esquivar la maldita pregunta?—su voz se escuchaba desesperada casi podía pasar desapercibido el tono crítico que había en este.

Volví a asentir con la presión en mi pecho intensificándose.

—Maldición—Diego se sentó en un silla evaluándome con atención, una mano en su rodilla mientras me observaba de arriba abajo, ansioso.— A este paso creería que estás en un estado de shock sino fuera porque…

—¿Diego?—lo corta Amy, asomando su cabeza por la puerta.— Necesito hablar contigo un momento.

—¿Qué sucede?—inquirió con desinterés, sus facciones suavizándose cuando sus ojos se fijan en la morena.— No creo que sea el momento.

Un beso bajo la lluvia[#1] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora