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Después de la visita a Xiao Zhan, Wang Yibo y Mao Kuan viajaron con el señor Yong al departamento del mayor a recuperar los regalos.

El guardia en puerta les dio el acceso y Yibo se encontró con la sorpresa de ver su motocicleta estacionada con todo y llave junto al auto de Xiao Zhan (él ya ni se acordaba que la había dejado ahí).

Los tres subieron al departamento de Zhan y Yibo abrió con la contraseña dada. Entraron y se sorprendieron de encontrar todo en orden. Cómo si nada malo hubiese pasado ahí.

La pila de regalos de Mao Kuan estaba cerca de la mesa de centro. Él corrió hacia ellos y se los comenzó a dar a su papá y el señor Yong. Después, cuando no quedaron más regalos ahí, el menor caminó hasta la habitación de su huéspedes y buscó la casa de viaje de Gu'er y otros accesorios que le dijo Xiao Zhan que necesitaba.

—¿Va en serio lo de adoptar al gato? —preguntó Yibo cuando Mao Kuan le pidió ayuda para llevarse un costal de arena.

—No quero dejalo solito.

Yibo se puso de cuclillas y apartó el cabello de su frente.

—Está bien. Vamos a adoptarlo, ¿Vale?

Mao Kuan le regaló una última sonrisa a su papá y después salieron del departamento.

Habían cogido también las llaves del auto y se llevaron los regalos ahí dentro. Wang Yibo se burló un poco de su hijo, diciéndole que los regalos se les da a las personas más importantes y no a todo mundo.

—Etas pesonas son ipotantes para mí, papá —protestó el menor, riéndose.

—Está bien, está bien. Venga, es hora de irnos.

Aseguraron nuevamente el coche de Xiao Zhan y se marcharon; Mao Kuan con el señor Yong y Yibo en su motocicleta.

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Debido a el incidente de los últimos días, a la familia Wang se le había pasado por completo preparar una cena de año nuevo.

Se reunieron en la casa Wang. Todos estaban cansados, pero felices de tener de nuevo a Mao Kuan con ellos. Y claro, estaban también muy contentos de que el pequeño niño estuviera tan alegre repartiendo sus obsequios.

—Oye A-Kuan —mencionó Wang Hedi —¿Por qué Yibo tiene cinco regalos?

—Po'que es mi papá y él merece más regalos —dijo entregando el obsequio de Xiao Zhan.

La familia Wang creía que celebrarían la llegada del año nuevo de una manera diferente. Ninguno creyó que, tan entrada la noche, el señor Xiao y su esposa llegarían con todo un banquete para ellos.

Los Xiao fueron recibidos por los Wang con gusto. Yibo le estaba completamente agradecido a Xiao Hai Kuo porque, gracias a su oferta del millón de dólares, pudieron atrapar a Guan Hong.

—Vale, que la media noche ya casi se acerca y hay una mesa que ordenar —mencionó Siu Fan, cargando a su pequeño nieto y llevándole al comedor.

—¿Abuelita Choi? —le susurró el menor antes de separarse de su abuela —¿mi papá Zhan no va a veni? —Siu Fan miró con ternura y un poco de dolor a Mao Kuan y, también en un susurro, dijo:

—Tu papá no vendrá hoy. Pero... me pidió que te diera un abrazo muy fuerte y, también, que te recordara lo mucho que te ama. ¿lo sabes?

Mao Kuan asintió. Aunque no estaba del todo contento de la partida de su papá.

—¿Y bien? ¿A-Kuan quiere Dumplings dulces? —preguntó el señor Xiao, llevando con él una charola con dicho postre.

Abuela y nieto se separon, fingiendo que no habían hablado de nada.

Los Wang se sentaron alrededor de la mesa y comenzaron con un brindis y prosiguieron a cenar.

Ninguno mencionó nada de lo sucedido en los últimos días y simplemente recibieron el año con tranquilidad.

Mientras tanto, en Xuchang, Song Nanxi y la familia Gu, hacian lo mismo.

Nanxi no había tenido oportunidad de preparar una cena para sus suegros por sí misma, así que ordenó a la mujer que se encargó de arreglar el departamento de Xiao Zhan que preparara una cena improvisada.

Los cuatro presentes en esa celebración, a diferencia de los Wang y Xiao, estaban tristes por la ausencia de Xiao Zhan. Todos sabían que era para su bien, pero simplemente no creían la falta que les hacía junto a ellos. Después de todo, Xiao Zhan se había convertido en un hijo para Bao Cheng y Gu Daili. Mientras que Jiacheng y Nanxi, lo habían adoptado como su hermano.

—Pero, ¿Le podremos visitar? —preguntó Nanxi al sonar las campanas de año nuevo y ver la poca nieve que comenzaba a caer.

—Sí. Pero será hasta que él lo decida —respondió uno de sus suegros.

Los cuatro caminaron hacia el balcón de la mansión Gu y vieron los fuegos artificiales a la distancia.

—¿A dónde se fue, papá?

Bao Cheng abrazó a su esposo y suspiró.

—A un lugar donde todo es tranquilidad.

Dicho esto, continuaron mirando al frente.

Habían pasado un par de horas desde que Xiao Zhan se había marchado. Se encontraba cerca cuando notó los fuegos artificiales en el cielo.

Miró la hora en el tablero del coche.

Las 12:01.

Sonrió.

A pesar de estar dejando todo de nuevo, esta vez estaba tranquilo. En la radio comenzaba a sonar Create Memories.

Una canción que en ese momento le hizo sentir en paz.

Se detuvo cerca de un mirador y salió del coche. La noche era fría.

Se abrazó a sí mismo y quiso imaginar que los dos Wang de su vida estaban mirando el cielo también. Y también quiso creer, que su pequeño desorden igual lo hacía.

La canción en la radio llegó a su final y los fuegos artificiales hicieron lo mismo.

Xiao Zhan regresó al coche y continuó con su camino.

Cerca de media hora más, logró ver el Monte Song bajo la oscuridad de la noche. Y cuando se adentró más al condado de Dengfeng, supo por qué Bao Cheng le había recomendado aquel lugar.

El condado era el lugar con más tranquilidad que nunca haya a visto antes. Podía sentir la energía espiritual de los habitantes aún sin verlos.

Se tomó la calma de conducir despacio para admirar las capas de nieve ligera que caía sobre los templos.

Finalmente, llegó a su destino:

El sanatorio «An Ning».

Su llegada no fue inesperada. Alguna gente de la que trabaja ahí ya le esperaba y le dieron la bienvenida con una inclinación de noventa grados.

Le llevaron a la cabaña que sería su hogar mientras él decidiera quedarse ahí, le presentaron a su compañero de casa, un señor de la misma edad que su padre, y posteriormente, se lo llevaron a la cena de año nuevo.

Los pocos internos en el sanatorio eran gente mucho más grande que él. Le dieron una cálida bienvenida a Xiao Zhan y prometieron cuidar de él.

 Le dieron una cálida bienvenida a Xiao Zhan y prometieron cuidar de él

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