Ya no tenía motivos para disfrutar el lujoso hotel, ni siquiera el sol de la mañana.
Era hora del almuerzo y seguía acostada con la tele encendida, un comercial de ''amor verdadero'' hizo que lo apagara antes que lo terminara rompiendo.
La cafetera estaba de nuevo en la habitación, pero hacer dos pasos era suficiente para que no me moviera.
El celular en modo avión me dejaba tranquila para que nadie molestara excepto... el personal de limpieza
La puerta se abrió y unas risas entraron a mi habitación
— Disculpe señorita, no sabía que estabas
— Se que vienen a hacer su trabajo— dije en voz áspera — pero hoy no lo necesito, solo quiero que se retiren
Ambas mujeres se miraron con vergüenza y sin decir nada dejaron las toallas en el baño y salieron lo más rápido posible.
Sentía culpa de tratar a todo el mundo así, pero conmigo misma estaba todo más que fatal.
Deseaba tener a mama o papa cerca ellos sabrían consolarme, pero la distancia nublaba la posibilidad que abriera la boca.
Después de casi dos horas de deambular por mi habitación sin hablar, sin peinarme, sin comer, encendí la MacBook que Lara había dejado (u olvidado) escribí en el buscador nuevamente el nombre de Brandon Garner ¿Por qué era tan masoquista? Tardo unos segundos en cargar el contenido de su blog, pero no había más publicaciones, mucho menos las cartas de amor.
Esperaba leer algún post de ''como superar el amor'' o '' listos para caer al vacío ́' pero no había rastros de él.
Quince minutos más tarde, estaba tumbada boca abajo con el pijama puesto, tenía que comer algo estaba muerta de hambre.
Estire la mano y logre alanzar el teléfono del hotel.
— sé que no es hora de comer y eche al personal de limpieza, lo lamento mucho, pero necesito algo de CO-MI-DA por favor
— ¿Eres la chica de la habitación 314? — su voz era familiar, la mujer cubana que a la vez era la mensajera de Brandon
— Si, soy esa misma, quiero algún sándwich o una pizza no pido más nada ¿sí? — puse voz de lastima, para conmover su corazón
— está bien señorita, pero debe bajar a buscarlo, no se lo podemos llevar. En diez minutos está listo, pase por recepción. Gracias.
Un golpe sordo finalizo la llamada y mis palabras de queja quedaron en la punta de la lengua.
Baje con el pijama y la campera de Brandon (que ya era mía) solo porque tenía capucha.
Me escurrí en las escaleras porque de alguna manera agilizaba las piernas de tanta furia acumulada.
Las ojotas eran resbaladizas en el piso tan brillante que debía cuidarme al caminar. Tome impulso y descaradamente me acerque hasta la mujer de rizos.
— vine por mi almuerzo
La mujer se dio vuelta y sonrió
— aquí tienes y por favor devuelve la bandeja
Estaba envuelto en una bolsa de cartón, hice una sonrisa falsa respondiendo sobre la bandeja y me alejé con más vergüenza que nunca.
Eran las cuatro de la tarde.
Subí en ascensor y en el espejo del mismo, pude ver la cara de desolación que llevaba. Daba lastima.
El cuarto seguía desordenado y no pensaba hacer nada al respecto.
Como cavernícola abrí el envoltorio y me encontré con una misera ensalada y dos papas fritas. Frías.
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A un beso de distancia
Romance¿Qué harías al encontrar una foto de la infancia y recordar ese amor inocente que sentías por tu mejor amigo? Sofía no buscaba enamorarse. Sofía quería desafíos, pero no imaginaba algo tan grande.
