Color esperanza

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Al día siguiente, la entrevista estaba publicada. Varias personas lograron encontrarme en las redes sociales y pase a tener de unos 150 seguidores en Instagram a unos 15 mil en un día.

Era una locura.

Mama estaba saltando en una pata por mi gran cambio y Brandon no paraba de felicitarme, era gracias a él.

Faltaban cuatro días para volver a Buenos Aires, mi corazón latía con fuerza con solo pensarlo. Era el anteúltimo día de trabajo de Lara que también parecía triste en dejar a sus nuevos compañeros.

Antes de salir, Lara abrió el frío bar y saco de allí dos latas de cerveza, no había recordado eso en la lista de pedidos.

Arquee las cejas y deje que terminara de hacer su misión

— Una para mí — dijo levantándola en el aire— y otra para Sofia. Brindemos.

Negué con la cabeza y agarré las dos latas

— Estas por ir a trabajar, bravucona ¿o acaso perdiste la cabeza?

Lara rio como ebria y luego se rindió

— Hay que festejar lo bien que te está yendo, estoy muy feliz— su sonrisa fue sincera

— Si quieres brindar— voltee a mirar que más había — brindemos con gaseosa

Brindamos con dos latas de Coca-Cola, solo para que se sintiera feliz y no aparezca con olor a cerveza en el trabajo.

Volví a mirar las latas de alcohol para recordar en qué momento había pasado eso. Mi celular comenzó a vibrar debajo de la almohada. Estire el cuerpo para alcanzarlo.

Era una llamada entrante de Brandon

—¿Como sabes que estoy despierta? — sonreí al pensar en el

— Bueno porque... primero sé que es tu horario en abrir los ojos y segundo porque... me quede dormido— su voz todavía estaba ronca, pero no ronca de ultratumba sino grave, pero con estilo.

—¿Insomnio?

Se escuchó su risa

— me quede editando y se me paso la hora. Tres horas editando, cuatro pensándote.

Sentí un fuerte aleteo en el estómago, siempre sus palabras venían con un sabor a dulzura. Me acosté boca arriba y cerré los ojos.

—¿Y qué piensas hacer? — susurre

—Pienso a ir a la oficina, pero con una condición

Mi corazón empezó a latir con más fuerza

—¿Y cuál es la condición? — pregunte casi sin voz

— Si me dejas... quiero verte dibujar, quiero verte haciendo arte.

Dibujar era sinónimo de soledad para mis leyes. No tendría que volar ni una mosca para no desconcentrarme, sin personas, sin seres vivos (salvo una planta) pero ¿justo él? ¿mi mayor des concentración y el que me hacía aún más torpe cuando me muestra una sonrisa?

— Pero como... ¿sería eso?

—En tu sala de dibujo, vos dibujas y yo te miro.

Tarde dos segundos en responder

—¿Puedo verte ahora?

Hacia demasiado calor afuera, según Brandon una camisa no era necesaria, mire por última vez en el espejo mi remera rosada, jean negro y Converse blancas, quedaba bien, no tan mal para ir a un edificio de empresarios.

A un beso de distancia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora