Un nuevo equipo

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Han pasado varios días desde el festival, Lexicatos no ha hecho mucho en ellos, ya que su madre les había dado un descanso hasta nuevo aviso.

Era de noche, Frida estaba brillando en el cielo, el hijo de la sacerdotisa estaba solo en casa cuando escucha la puerta abriéndose. Era su madre quien estaba cerrando la puerta después de entrar.

-Hola madre-­­­­­­­­ Saludaba el hijo- ¿Dormirás aquí?

-Si- respondió Mya- me daré un baño.

La sacerdotisa se dirige a su habitación. Lexicatos para celebrar que su madre está en casa y que él se ha graduado, decide preparar una comida especial. Momentos después el elfo escucha que Mya sale de la habitación.

-Huele delicioso- escucha decir a su madre desde la sala.

-Por favor prepara la mesa, esto no tardara mucho más.

Poco después ambos están sentados en la mesa, en la cual está servida una ensalada de frutas, jugo de mora y bistec término medio.

-¿Por qué preparaste esto?- pregunta la madre al ver su plato.

-Pensé que sería buena idea, ya que no tuvimos oportunidad de celebrar juntos en el festival. Tengo una pregunta que hacerte.

-Por favor, no arruines esto- pide la madre suplicante, mientras toma un poco de jugo.

Lexicatos piensa un poco pero decide complacer a su madre esta vez, así que cambia la pregunta- ¿Tuviste algo que ver con mi ascenso?

-¡No!- decía la madre casi de manera automática- es como Zhandrys dijo, todos los jueces tomamos esa decisión en conjunto.

-Nunca habías dicho que alguien podía graduarse aunque perdiera la pelea- aseguraba el elfo mientras veía su plato con incomodidad- necesito saber si me gradué porque soy el hijo de la sacerdotisa o porque me lo merezco.

El ambiente de la habitación-comedor se volvía pesado y tenso. La sacerdotisa dejo de comer para articular- en las reglas nunca se dijo que alguien que pelea y gana estaba graduado, no en nuestra sociedad. Quizás en la de los sabens pero aquí no, además que las reglas especifican que lo que estamos evaluando es el rendimiento de los aspirantes a elfos misioneros. No eres el único que se a graduado de esta forma y seguramente no serás el ultimo. Todo esto lo explique antes de que ustedes estuvieran al frente de la multitud.

Al escuchar eso último el hijo levanta la mirada y ve directamente a su madre.

-¡No me oíste verdad!

-No

Los elfos disfrutan de la comida, Lexicatos evita el tema de su padre, así que se dedican a hablar de su entrenamiento el cual tiene bastante abandonado y otras cosas del pasado. Tras terminar de cenar, la madre recoge los platos de porcelana y se dedica a lavarlos.

-Yo me iré a dormir- anunciaba el elfo.

-Bien, yo lavare esto y después are lo mismo. Espero que hayas disfrutado tus vacaciones- dice la sacerdotisa con picardía en la voz.

-Si me lo dices es porque ya acabaron- comenta el elfo con una pisca de tristeza en el rostro.

-Mañana ve a la mansión para que conozcas a tus compañeros de grupo.

El elfo no responde el comentario de su madre ya que no tiene opción, solo se decide a ir a su habitación y dar por concluido el día.

A la mañana siguiente al despertar su madre ya no está en casa, como era de esperarse. Se da un baño, se pone un suéter marrón con capucha, un pantalón negro de la tela que normalmente usa y sus botas marrones.

No dura mucho en llegar a la mansión de la sacerdotisa. Una estructura de cuatro plantas bastante grande de color gris y blanco hecha de madera y piedra con el logo de la luna en la entrada. Tras entrar a la sala de recepción la cual es bastante amplia, encuentra a Lirion quien lo recibe.

-Te estábamos esperando- decía su antiguo maestro mientras lo dirigía a alguna parte de esa gran sala.

-¿Qué haces aquí?- pregunta Lexicatos bastante extrañado de encontrarlo.

-Soy tu nuevo capitán de grupo y ellas son tus compañeras- proclama el capitán mientras señalaba a unas chicas que el joven elfo no había volteado a ver.

-¡Espera!... ¿Qué? ¡Mi madre nunca dijo nada de eso!- de repente siente que alguien lo abraza mientras le da un beso en la mejilla derecha, al voltear al cabeza y ver de quien se trata, se encuentra con el rostro de Andryen a solo centímetros de su cara.

¡Hay no, porque ella! Tengo que resolver esto cuanto antes. Pensaba el elfo en sus adentros mientras la veía con desdén.

-Qué bueno es saber que estaremos en el mismo equipo- dijo la elfa mientras aun lo abrasaba.

-Sí, es bueno saberlo- miente- podrías soltarme por favor.

-Eso depende, ¿Qué me darías a cambio?- pregunta la elfa con picardía en la voz, tenía una sonrisa maliciosa en la cara.

Son irrumpidos por Lirion quien toma sus cabezas y las separa entre sí, mientras decía- ok, dejen su amorío para después.

-¡Ella y yo no tenemos un amorío!- refutaba Lexicatos.

-Si como sea, ella es tu otra compañera Lauriel.

Lexicatos observa a la joven elfa con detenimiento, tenía el pelo rubio y largo, unos ojos azul marino muy profundos, unos senos un poco grandes y un cuerpo bien definido para una elfa, vestía blusa de tela deportiva color negro, una licra de color amarillo casi tan reluciente con su pelo y unas sandalias deportivas de color negro. Era muy bonita pero al elfo en realidad no le llamaba la atención las elfas.

-Dejare que hoy se conozcan, los espero mañana en los campos de entrenamiento al alba- anuncia Lirion mientras se retira.

Los tres elfos salen de la mansión y se dirigen a la plaza, tras hablar por un rato. Lauriel decide retirarse, el hijo de la sacerdotisa quería hacer lo mismo pero Andryen no se lo permite.

-Te acompaño a tu casa- anunciaba la elfa y sin esperar una respuesta, lo tomo de la mano y siguió caminando- ¿Y dónde vives?

-No muy lejos. ¿Podrías soltarme la mano?- preguntaba el elfo ya que era ella quien se la tomaba, su mano estaba relajada y suelta.

-La verdad, si me importa soltarla, es muy cómoda- comentaba la elfa mientras presionaba un poco fuerte la mano de su acompañante.

Al sentir la presión en aumento, el hijo de la sacerdotisa se zafa del agarre y se detiene de repente.

-¿Se puede saber qué te pasa?- pregunta el elfo un poco alterado.

-¿Por qué lo dices?

-¡Actúas como si fuéramos otra cosa!

-No- comentaba la elfa- solo me siento muy agradecida de que me hayas ayudado.

Lexicatos la mira con detenimiento antes de responder- ok, si es así, si lo entiendo- dijo alegremente.

-No me equivoque- decía Andryen tras acercarse un poco al elfo- me entiendes. Definidamente serás mi novio.

Muy sorprendido el elfo solo logra articular- ¡Espera!... ¿Que?...

Sus palabras son interrumpidas por un beso que lo toma por sorpresa.

-Se me olvidaba que tenía que hacer unas cosas- dijo la elfa tras separarse- ¡Te veo mañana novio!

La elfa se retira dejando a Lexicatos con mil palabras en la boca.

¡Hay mí diosa! ¿En qué rayos me he metido?

Así trascurren los días en la ciudad de los elfos nocturnos.  

Alejandría- El origen de los guerreros {En creación}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora