Encarcelados

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-Eeeeey pinches jotos - saludó burlándose Emilio deteniéndose frente a la celda en la que se encontraba Gustabo y Segismundo, el mayor se encontraba tranquilamente sentado en la litera que había dentro recargando su espalda a la pared y manteniendo sus ojos cerrados mientras que el gallego caminaba de un lado a otro asustado por recibir un cargo más a su lista de antecedentes penales, el mexicano iba acompañado de un oficial y de Armando que se encontraba un poco más atrás.

Segismundo se detuvo inmediatamente al escuchar a su novio acercándose a las rejas y sujetando con ambas manos un par de barrotes pegando su cara en el espacio entre ellos, mientras el rubio soltaba un bufido ante la burla del recién llegado.

-qué bueno que llegan – suspiro el gallego, nunca le gusto la sensación de ser pillado y encarcelado entre rejas - ¿ya nos podemos ir? - preguntó el chico un tanto emocionado y soltando una risita nerviosa al encontrarse en esa vergonzosa situación.

-CAPULLOS- se escuchó la voz ronca gritando y acercándose cada vez más, logrando obtener un escalofrío de Segismundo que temblaba cada vez que el superintendente gritaba de esa forma, desinterés de parte Gustabo quien conocía ya a su pareja y estaba acostumbrado a sus tratos cada vez que hacía de las suyas, una carcajada de parte de Emilio quien presentía que los jóvenes encerrados saldrían con alguna marca de la porra en su piel y una discreta risilla de parte de Armando que miraba atento las expresiones del resto.

-CAPULLOS, GILIPOLLAS, ANORMALES- insultaba Conway a la vez que estaba acercándose a la celda de los chicos, el menor rápidamente se separó de los barrotes con miedo de recibir un porrazo del hombre de traje – ME CAGO EN SUS PUTAS MADRES – gritaba al mismo tiempo que abría la celda y miraba con enfado a los partícipes de la escena que presenciaron los oficiales que los detuvieron, quienes no dudaron ni un segundo en llamar a su jefe para informarle de la situación en la que fue encontraba el inspector jefe.

-Eeeeh para el carro viejo – pidió Gustabo levantándose al ver al hombre entrar a la celda con porra en mano, mientras sentía como el gallego se resguardaba detrás de él, cubriéndose de los posibles golpes que soltara el mayor de ellos.

- ¿VIEJO? VIEJO TU PUTA MADRE - gritó el viejo golpeando al chico en su antebrazo con la porra.

-AYUDA HORACIO AYUDA – rogó el rubio al ver a su hermano llegar y posicionarse al lado de Emilio, el super iba a soltar otro porrazo cuando sintió que su mano fue detenida, volteo bruscamente para ver al causante dispuesto a repartir unos cuantos porrazos más, pero al visualizar al de cresta pidiendo con la mirada que se detuviera, se relajó y bajó su mano guardando la porra.

-Te espero afuera – murmuró Conway dirigiéndose su mirada a su pareja y saliendo del sitio.

-Son unos cerdos – se burló Horacio que miraba al par con una sonrisa picarona.

– cállate perraco – ordenó el rubio para comenzar a caminar rumbo a la salida siguiéndole detrás el resto.

Al subir a la recepción de comisaría observaron a través de las puertas de cristal a Conway recargado en las escaleras fumando en compañía de Volkov, quien fue llamado por Horacio para que fuera a recogerlo minutos antes.

El silencio se hizo presente en el instante que todos se reunieron fuera de las instalaciones policiales, sintiendo una gran tensión crecer entre ellos, a pesar de cada uno de ellos estuvo de acuerdo y estaba consciente de lo que sucedió esa noche, no podían evitar sentirse extremadamente avergonzados al saber que entre ellos estaba el amante de su pareja y el amante propio.

Una extraña sensación recorría cada parte de ellos, porque a pesar de que cada uno disfrutó a su manera el juego de las llaves, no podían evitar sentirse incomodos al experimentar estas dinámicas con personas tan apegadas a ellos que antes aseguraban ser familia, y todo esto solamente volvía más turbia la situación.

- ¿nos vamos? - preguntó Volkov rompiendo el silencio observando atentamente a su pareja mientras tomaba su mano y la apretaba tiernamente, recibiendo un asentamiento de cabeza y después de despedirse del resto, se dirigieron al automóvil del ruso para dirigirse a su departamento.

-yo también me retiro, ¿los llevó? - preguntó Armando a Emilio y Segismundo, ya que ninguno de los dos llevaba transporte, una vez aceptaron el ofrecimiento del mayor, se despidieron de Gustabo y de Conway para repetir la acción de la pareja anterior y subir al auto de Armando.

Gustabo trataba de mirar a todos lados menos al mayor que aún se encontraba fumando y sentía su intensa miraba sobre de él, suficiente acción había tenido esa noche como para todavía discutir con su pareja, tenía conocimiento de que estuvo mal tener sexo en el auto en medio de la calle, pero el calor del momento nubló su razón llevándolos a estar justo en ese lugar.

Conway dio un pesado suspiro y tiró la colilla del cigarro al suelo, pisándola con la zuela de su zapato y después recogiéndola para depositarla en el contenedor de basura – vámonos - ordenó sin mirar al rubio para encaminarse al auto y dirigirse al igual que el resto a su propio departamento.

El camino fue en total silencio, donde cada uno estaba sumergido en sus propios pensamientos, y así como fue silencioso el viaje fue silenciosa la llegada al departamento, dirigiéndose directamente al dormitorio donde inmediatamente cada uno se acomodó en su lugar y quedaron profundamente dormidos por lo agitada que fue su noche.

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Hola de nuevoooo, bueno mis cielas creo que ya se acerca el final de la historia, la verdad no quiero hacerla tan larga porque no me gustaría que se aburrieran de ella.

No me cansare de agradecer el inmenso apoyo que me están dando y la oportunidad que le dieron a la historia, muchas gracias por todo nos vemos pronto en un nuevo capítulo.

Los quiero <3

El juego de las llavesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora