La invitación 3/3

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Emilio leyó el mensaje que recibió de Horacio hace dos horas por quinta vez

"Recuerda la cena del viernes e invita a Segismundo puto"

¿Invitar a Segismundo? Pero ni siquiera eran pareja, ¿Por qué iría a una cena de parejas con Segismundo? Lo mejor era no asistir a esa reunión, además de que Yun solamente lo había invitado por cortesía al estar en ese momento junto a Horacio.

Estaba completamente decidido a faltar, cuando misteriosamente recibió otro mensaje del de cresta azul, como si le hubiera leído el pensamiento.

"Y más te vale no faltar, que sí no el próximo evento lo organizas tú solo" dio un pesado suspiro debido a la amenazaba del menor.

Pensando en cómo le diría a Segismundo el plan del viernes salió de su habitación para dirigirse a la sala dónde se encontraba el gallego.

-Emilio creía que no estabas – admitió Segismundo apenado mientras se sentaba decentemente en el sofá.

Todo lo que había pensado el mexicano se esfumó de su mente al ver a Segis recostado, con las piernas abiertas y tan solo un bóxer encima.

Con su corazón latiendo a mil por hora estampó con fuerza sus labios contra los del menor pero al sentir que el chico no le correspondía se alejó sonrojado y avergonzado por su impulso.

Segismundo se encontraba en shock, Emilio nunca había iniciado un beso y eso lo dejó completamente descolocado.

Cuando se dio cuenta de que Emilio se estaba alejando a su habitación, corrió hasta quedar frente a él y está vez él lo beso con deseo y amor.

Rápidamente el mexicano tomó al chico por las piernas y lo alzó sin despegar sus labios, siendo enrollado por las piernas del chico en la cintura.

Entrando torpemente a la habitación recostó al chico sobre la cama y con desesperación comenzaron a deshacerse de sus ropas.

Y por primera vez observó con admiración el cuerpo desnudo del menor.

A pesar de no ser la primera vez que mantenían relaciones, era la primera vez que Emilio quería hacer el amor y no sólo tener sexo.

Tomando por sorpresa al gallego, el mexicano comenzó a besar con delicadeza su cuello y comenzó a bajar por todo su torso hasta llegar a su miembro, logrando obtener pequeños suspiros de los labios de su pareja, quien ya se encontraba sujetando con sus manos las sábanas blancas.

Dejando pequeños besos por todo el tronco bajo hasta detenerse en el glande, el cual saboreo dando un lengüetazo sintiendo el sabor del presemen que ya estaba presente.

Al sentir su miembro siendo succionado en la boca del mayor, Segismundo colocó una de sus manos sobre la cabellera del mexicano llevando el ritmo del vaivén que lo estaba volviendo loco.

Al escuchar los gemidos salir de los labios del contrario, Emilio tuvo la necesidad de llevar su mano hasta su propia erección que rogaba por atención y siguiendo el compás de su boca comenzó a mover su mano.

-Paa para – logró pedir Segismundo al sentir como estaba a punto de correrse, lo que entendió al instante Emilio pero en lugar de detenerse aumentó la velocidad de su movimiento hasta sentir el caliente líquido resbalar por su garganta.

Relamiéndose los labios, tratando de no derramar ni una gota del semen del chico, se levantó para besar con fervor sus labios.

Sin separarse abrió el cajón del mueble al lado de su cama y sacó a tientas el bote de lubricante y un condón.

Una vez lubricada la entrada del gallego y colocado el condón en su pene, comenzó a introducirse lentamente en su entrada, deteniéndose en momentos para que el chico se acostumbrará a la sensación.

Una vez con todo su miembro dentro se recostó sobre el chico besándolo pasionalmente, manteniendo una constante lucha entre sus lenguas.

Hasta que el menor comenzó a mover sus caderas en busca de placer, haciendo que Emilio empezará a embestirlo con mayor velocidad.

El mexicano no tardó mucho en encontrar el punto de placer de su pareja, quien empezó a gemir en mayor medida provocando que su pene volviera a ponerse duro.

Cuando Emilio sintió que estaba a punto de llegar al clímax comenzó a masturbar al chico quien al poco tiempo se corrió nuevamente en sus pechos y al sentir como el interior del chico apretaba más su miembro, solo le basto un par de embestidas más para correrse también.

Saliendo lentamente del chico, se retiró el condón y lo botó al cesto de basura, para después tumbarse al lado del gallego, quien trataba de regular su agitada respiración.

- El viernes vendrás conmigo a una cena – ordenó Emilio con su tono autoritario.

- Bien – aceptó Segis sin rechistar.

Y por primera vez durmieron en la misma cama sintiendo el calor de sus cuerpos, siendo arrullados por el sonido de sus corazones latiendo.

El juego de las llavesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora