Abre tus ojos

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La pequeña luciérnaga no quería abrir sus ojos,

Ni mucho menos su corazón.

El primer mes pasó, lento. Y el invierno comenzó.

El frío, siempre puntual en esa época del año, no solo se instaló en las calles de la aldea, también comenzó a colarse en su corazón. De forma lenta, constante, y como una delgada capa de niebla que se volvía cada vez más densa e inundaba todo; consumía sus sentimientos y sellaba su corazón. Guardándolo, para no sufrir más.

Porque el amor era hermoso, y podía ser doloroso; y, ella ya no quería sufrir.

No quería más mentiras, ni mucho menos ilusiones.

No quería amar otra vez.

Y ahora, él sabía que lo único que necesitaba era alcanzarla... saber que estaba bien.

Ayudarla a brillar otra vez.

Porque endurecer el corazón era la forma de superarlo y él lo sabía; ella estaba asustada.

No hablar del tema y continuar haciendo su vida normal no significaba que las cosas estuvieran mejorando; no significaba nada.

Todo aquello era solo un método de defensa frente a lo que ella no sabía como resolver.

Había amado por tanto tiempo, había imaginado una vida junto a quien la había inspirado tantas veces, que ahora aprender a olvidar era difícil.

Vivir sin aquello que siempre la acompañó, casi impensado. Doloroso.

Y él sabía, Shino sabía, que ella lo iba a lograr.

Era cuestión de tiempo.

Porque su luz, que solo quería esconderse en la oscuridad, encontraría el camino para brillar.

Cruel, así era como se sentía en ese momento, pero había sido necesario; ella necesitaba saber la verdad, y abrir sus ojos.

Llevaba mucho tiempo queriendo decirle las cosas, hablarlo, pero no sabía como hacerlo sin herirla en el proceso. Porque, a pesar de que no fue la mejor manera, la verdad dolería de todas formas.

Así que sí, él había sentido la presencia de Hinata ese día en el Ichiraku mientras comía con su amigo y decidió que mientras más pronto lo supiera, mejor, por eso inició aquella plática que lo terminó todo con Naruto.

Y no pensó que desaparecería de su radar por todo un mes y contando.

Joder.

Decir que no había segundas intensiones en su forma de actuar ese día era falso y Sasuke no lo negaría jamás; él quería que aquella relación acabara.

Las razones eran simples, comprensibles.

Desde que volvió a la aldea, desde que Naruto había comenzado su relación con Hinata, él siempre había estado presente de alguna u otra forma.

Al principio, había pensado en huir cada vez que los veía juntos, en un afán de darles espacio e intimidad, pero con el tiempo, entendió que a ellos no les incomodaba su presencia.

Fue agradable.

Salir con ellos era agradable, conversar sin ser acosado era liberador y, a veces, pequeñas sonrisas se le escapaban al oír la suave voz de Hinata reír por alguna estupidez de Naruto.

No se trataba de que Sakura molestara, era que no le gustaba cuando lo miraban esperando algo que él no podía dar. Era agotador conversar midiendo sus palabras y sus actos para no ser mal interpretado.

LuciérnagasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora