Los golpes no cesaban, llegaba un punto donde ya no sentía dolor, solo un bate pegándole con rabia. Esto se repetía cada día, durante la semana que llevaba entre esas cuatro paredes.
-Terminamos por hoy- dijo Nadando secando su frente.
-¿P-Por q-que me hac-eis est-o...?- preguntó con la voz quebrada.
-Ya te lo dijimos- le acarició si ensangrentada frente- ¿Pero sabes que? Hoy sabrás toda la verdad- puso incapié en "toda" y salió arrastrando el ensangrentado bate.
A los minutos la puerta fue abierta de nuevo...
(...)
Conway estaba desesperado, llevaban una semana buscando a Gustabo por todas partes, fueron armados hasta los dientes a la sede que Yun les había dicho, pero los desgraciados se habían cambiado de sede.
Ahora estaba en su despacho, mirando una y otra vez los historiales de los mafiosos que Yun le había dicho. Miraba una y otra vez el de Armando Grúas, no se imaginaba que ese señor pudiera pertenecer a una mafia, aunque lo molestara yendo con el patrulla cada dos por tres, realmente le caía bien, no le parecía mal chico, pero su sensores fallaron.
Ahora tenía a su pequeño niño, tan indefenso, tan frágil, un par de lágrimas cayeron por sus mejillas.
Subió su mirada hacia una foto que tenía con el en un marco justo al lado de la impresora, se la habían hecho el verano pasado, en la playa, ambos en bañador. Miró sus expresiones, ambos estaban felices en esos momentos, pero ahora estaba destrozado pensando en que le estarían haciendo.
-¿Que tal estás tío?- se escuchó la voz de Horacio. Rápidamente se secó sus lágrimas- no hace falta que finjas, es normal que estés así- se sentó en su silla.
-Es mi hijo Horacio, no puedo vivir sin el- susurró dejando caer su cabeza a sus temblorosas manos.
-Pero no llore, todos lo estamos pasando realmente mal, pero ahora tenemos que ser más fuertes que nunca- animó.
-Tienes razón- se levantó cogiendo las llaves de su patrulla.
(...)
La puerta se abrió de nuevo, pero esta vez no escuchaba el bate rozar con el suelo. Extrañado se giró sobre si mismo, pero ahora no estaba Nadando, ahora, delante de él, estaba un señor con una máscara de calavera.
-Hola chavalín- saludó con una grave voz, se notaba que la máscara tenía un cambiador de voz.
-¿Q-Quien eres?- preguntó arrastrándose para atrás aún en el suelo.
-¿Tu papá nunca te ha hablado de mí?- preguntó con cierta gracia- vaya... Que rápido olvida las cosas...-
-¿Por qué dices eso?-
-¿Te ha hablado de Julia?- preguntó sentándose al lado del rubio, ignorando sus intentos de huída.
-Si... Mi madre- lo miró, se podían ver un poco sus ojos verdes.
-¿Y no te dijo quién la mató? Que desconsiderado...- susurró con una sonrisa bajo la máscara.