°•Capítulo 9•°

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-Kiwa-

Abrí mis ojos a la vez que respiraba con dificultad. Llevé mi mano a mi pecho desnudo y miré a mi alrededor: estaba en la morgue y no había nadie. Al parecer todavía no se atrevían a diseccionar mi cuerpo al gusto de Shoko Ieri. La herida de mi estómago estaba cerrada y no tenía ninguna quemadura en mi cuerpo, cosa que me parecía genial, sin embargo, no recordaba nada, absolutamente nada de lo que hablé con Kima en su área innata.

Escuché voces tras la puerta y no alcancé a reaccionar cuando ésta se abrió con brusquedad mostrando así a Geto, Gojo y Shoko. Era una situación vergonzosa, ya que estaba desnuda frente a ellos y ellos me miraban fijamente, pero creo que no era por mi desnudez, era por lo sorpresa de verme viva cuando hace unas horas estaba muerta.

Ignorando la vergüenza, llevé mi mano a mi nuca y la rasque mientras reía con nerviosismo.

—¿Hola?

El primero en lanzarse hacia mí fue Gojo, quien me pegó un gran zape en la cabeza que provocó que me fuera hacia adelante.

—¡¡Maldita débil!! ¡Debiste dejarme el trabajo a mí! —exclamó.

Shoko se acercó rápidamente para poner su chaqueta sobre mi cuerpo, tapando así mis pechos, así que llevé mis rodilla a mi pecho y las abracé mientras bajaba la mirada. Sentí unos brazos rodear mi delgado cuerpo y me quedé plasmada ante la muestra de cariño de Geto, sabía que él era un tipo amable y cariñoso, pero nunca pensé que me iba a abrazar con tanta fuerza, como si mi pérdida le hubiera dolido.

—Me alegra tanto que estés bien.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, mi corazón dio un vuelco y escondí mi rostro entre sus brazos mientras me permitía llorar en silencio. Nunca había recibido una muestra de cariño tan grande como esta, pues toda mi infancia y toda mi vida había recibido golpes, golpes que merecía como otros no, así que dar y recibir afecto, era muy complicado para mí.

—¿Cómo? —me preguntó luego de separarse y limpiar mis lágrimas con sus pulgares—. ¿Cómo es que volviste a la vida?

—No lo sé. —le respondí sincera.

—Bien, es suficiente. —habló Gojo sacándome de onda. Lo miré algo pasmada, ¿por qué estaba tan molesto ante una muestra de cariño entre dos amigos?

Pero estaba enojada con él. ¿Cómo se atreve a decirme débil cuando vio cómo pelee y cómo di mi vida para acabar con esa maldición? Shoko sacó a la fuerza de la habitación a esos dos chicos y me entregó el aro de Kima.

—Lo tenía esa maldición que mataste. Iré a buscar algo de ropa, por mientras ponte la argolla.

Agradecí mientras llevaba la argolla a mi lóbulo restante para colocar el aro y hacer presión en mi carne. Sentí un leve escalofrío y cómo el ambiente cambió por completo, pero duró unos segundos, nada del otro mundo. Minutos después Shoko llegó con mi ropa, así que le agradecí y me vestí mientras ella guardaba sus instrumentos médicos.

—Estábamos apunto de hacer algo con tu cuerpo, agradezco no haber hecho nada antes.

—Ni que lo digas.

—No tomes en cuenta a Gojo, ¿si? Lo vi cuando llegó a la morgue, estaba devastado.

—No lo creo, se me hace imposible ver a Gojo de esa manera. Es el más fuerte, ¿no? Si se permite ser débil, él mismo se terminaría odiando a su persona. —me subí mis pantalones y me calce mis zapatillas—. Iré a darle el informe a Yaga-san y luego iré a darme una ducha.

—Vale, suerte.

—Gracias. —le sonreí.

Salí de la morgue y caminé hacia la oficina del director y maestro de esta escuela. Mis piernas se sentían pesadas, al igual que mi mente, quería gritar, pero no sabía la razón, o quizás la sabía, pero no quería ni pensar ni divagar en eso. Las estrellas estaban en su máximo esplendor mientras pensaba todo lo que había sucedido en la empresa, en cómo me lancé hacia esa maldición sin pensarlo y en cómo lo hice con ayuda del águila que logré manifestar.

Hablé con Yaga y me pidió que me mantuviera oculta de los de primero, cosa que no resultó porque justo Nanami y Yū entraban por la puerta sorprendidos, Haibara se lanzó hacia mí llorando mientras que Nanami sólo desordenó mis cabellos. Así que luego se fueron y seguí explicándole más cosas.

—Ya veo. Eso de las sombras se llama shikigamis, es muy interesante y muy conocido en el Clan Zen'in.

—¿Clan Zen'in? —mi cabeza realmente explotaría en algún momento.

—Sí, uno de los tres clanes más importantes en el mundo de la hechicería.

—¿Eso significa que...?

—No lo sabemos, no podemos afirmar nada si tú ni siquiera te acuerdas de tus orígenes. Es sólo una pista, pero por ahora, trata de no usar mucho esa técnica.

—Entiendo.

—Te daré el día libre mañana, necesitas descansar. En verdad estoy sorprendido por lo ocurrido.

—Créeme que yo también. —puse mi mano en mi frente, como si de ese forma pudiese sostener el peso de mi cabeza ante toda la información que se abría delante de mis ojos—. Gracias.

Salí de la oficina con la intención de ir a mi habitación para darme una ducha y dormir todo el día, pero la persona que me esperaba a los pies de estas largas escaleras no quería que mi plan se realizara ahora. Me crucé de brazos mientras me mantenía en un escalón más arriba de él, por lo que primera vez podía verle directamente a los ojos sin la necesidad de alzar mi mirada ante la maldita jirafa que tenía enfrente.

—No estoy de ánimos para discutir.

—Así veo, tus ojeras te hacen ver horrible, mocosa.

—¿No te has visto las tuyas, idiota?

Él tenía la intención de acercarse a mí, pero puse mis manos en su pecho impidiendo todo tipo de acercamiento ante este hombre que era bastante arrogante y diferente a mi forma de pensar.

—¿Y ahora qué te pasa? —estaba irritado.

—Quiero descansar, eso es todo, Gojo. —le dije cansada—. No es culpa mía que haya muerto y revivido por traer a una maldición dentro, no es mi culpa haber nacido sin saber el mundo de la hechicería y sin ningún poder tan espectacular como el tuyo.

—Me alegra saber que entiendes tu lugar en el mundo. Eres débil, por eso no te ayudé en nada.

—Sí, me alegra también saber que eres un imbécil con todas sus palabras. —caminé por su lado perdiendo la igualdad de estatura. Puse las manos en mi bolsillo y miré el cielo—. Espero que algún día te sucede algo que realmente te haga abrir los ojos y madurar, y cuando eso ocurra, te veré desmoronarte delante de mis ojos y yo no sentiré nada. No sentiré nada porque siempre has sido indiferente conmigo. —apreté mis labios—. Buenas noches.

Me alejé de él, quizás hiriendo su orgullo o aumento su ego.

Kiwa || Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora