-Kiwa-
—¿Un sueño? —le pregunté, concentrada en hacerle cariño en su cabello mientras que él leía un libro.
—Así es. Seré profesor en la academia de jujutsu para enseñar y crear grandes hechiceros que algún día puedan enfrentarse ante los peces gordos y toda la mierda que hay fuera y dentro.
—Me parece una buena idea. Tienes mi apoyo.
—¿Y tú? ¿Qué harás?
—No quiero ser profesora, como tú. Simplemente quizás sea ayudante del director, también puedo ser entrenadora, soy buena en el manejo de armas malditas, o también puede que ayude a Ieri-chan en la morgue. O quizás también abra una tienda de dulces. ¡Hay tantas cosas que quiero hacer!
—¡Me encanta la última opción! Pero hablando en serio, haz lo que quieras hacer, mientras tu ejecución se aplace, mucho mejor para ambos. Algo me dice que vamos a conocer a buenos alumnos en un futuro.
—Yo creo lo mismo, como dicen, los niños son el futuro.
—Yo sólo quiero que aparezca el recipiente de mi rey. —habló Kima apareciendo en mi mejilla. Era algo de lo que aún no me acostumbraba.
—¡Hola, Kima!
—Cállate tú, idiota arrogante. Todavía tengo una pelea pendiente contigo, así que cuando mi poder esté al máximo, no dudaré ni un segundo en ir tras de ti, ¿me escuchaste?
—Vale, me parece perfecto. Me siento honrado al ser punto de mira de una maldición tan grande como tú, Kima.
—Jaja, vale, me voy.
Ella nos dejó solos, y cuando pensé que estaba apunto de desaparecer, volvió a hacer acto de presencia.
—Por cierto, traten de no hacerlo todos los días; sus gemidos son molestos.
Me puse roja como un tomate y Gojo soltó una carcajada que duró al menos un minuto. Cerró el libro y me miró con esos ojos que algún día dejaron de fascinarme, pero aquí estaban, brillando hacia mí y podía apreciar cada detalle de ellos. Bajé de la cama y caí en su regazo para besar su mejilla.
—¿Le hacemos caso a Kima o no?
Su pregunta me hizo reír.
—Yo creo que no.
[...]
Odiaba el pasar de los días y los años. Me miraba al espejo notando el cambio que había tenido mi cuerpo, y pues eso se debía a que ahora era sexualmente activa, aunque se podría decir que era un mito, no lo creía, ya que a mí me pasó. Estaba más alta, ya no medía un metro sesenta y cinco como antes, ahora pasaba el metro setenta y eso me hacía sentir orgullosa.
Tomé la bandeja con vasos llenos de pintura acrílica y cuando doble el pasillo, lo que dijo el profesor Yaga provocó que la bandeja cayera de mis manos y todos los vasos se rompieran.
—¿Qué...? —llevé mis manos a mi boca y me agache para comenzar a recoger los vasos, pero me corté.
—Cuidado. —me dijo Gojo mientras me ayudaba a recoger los trozos de vidrio y dejarlos en la bandeja.
—Suguru masacró todo un pueblo y despareció. —repitió, por tercera vez.
—No me lo creo. —estaba en un estado de shock, las lágrimas estaban retenidas en mis ojos provocando dolor.
—La casa de Suguru también estaba vacía, por los rastros de sangre es posible que haya matado a sus padres.
—No, no... ¡no! ¡Geto-kun no haría algo así! —grité, cegándome a esa posibilidad.
—¡Es imposible, Kiwa tiene razón!
—Satoru, Kiwa, yo... yo tampoco entiendo todo esto.
Apreté la mano de Satoru al ver su rostro lleno de decepción. No me lo creía, todo sonaba poco creíble y no lo iba a creer hasta escucharlo salir de los labios de Geto, esos labios que me sonrieron más de una vez. Pero su actitud podría confirmar esos hechos, cada día, cada año que pasaba lo notaba más distante y más callado, y eso que él nunca fue así.
El celular de Gojo sonó, así que le di espacio para que respondiera, pero él afirmó con más fuerza mi mano. Y cuando colgó, me miró.
—Vamos, Suguru está con Shoko en Shinjuku.
Apreté su mano con fuerza a la vez que caminábamos con rapidez hacia el lugar mencionado, mi corazón latía con rapidez al ver a Suguru y él me miró, pero su mirada ya no transmitía la misma calidez y fraternidad, porque sí, a Geto lo veía como un hermano mayor, ese hermano con el cual contar y confiar cuando estuviese en aprietos.
—¿Por qué? —yo fui la primera en hablar mientras afirmaba con fuerza la mano de Gojo—. ¡¿Por qué, Geto?!
—Espero una explicación, Suguru.
—Shoko se los dijo, ¿no? No es nada más ni nada menos que eso.
Sus palabras y con la simpleza que las dijo, me dolieron.
—¡¿Por eso matas a los no hechiceros?! ¡¿Incluso a tus padres?!
—No puedo permitirme darles un trato especial solo porque eran mis padres. Además, ellos ya no son mi única familia.
—¡Eso no es lo que te pregunté! ¡¿Acaso no dijiste que no querías más muertes sin sentido?!
—Ah, pero tienen sentido. Son personas insignificantes, son por un bien mayor.
—¡¡Para nada!! ¡¿Quieres construir un mundo solo de hechiceros matando a los que no lo son?! ¡¡Es imposible que logres esa mierda!!
Tenía miedo de que se pelearan aquí mismo, pues nunca había visto a Satoru en verdad muy enojado. Pero puedo entenderlo, yo también me sentía así.
—¡¡Esa cosa estúpida que quieres está fuera de tu alcance!! ¡Y no tiene sentido!
—Que bonita arrogancia. —dijo y yo lo miré sorprendida. Gojo también estaba atónito.
—¿Qué?
—Pero si es posible para ti, ¿verdad, Satoru? ¿Alguna vez le has dicho a los demás que algo es "imposible para ti"? ¿Eres el más fuerte porque eres Gojo Satoru? ¿O eres el Gojo Satoru porque eres fuerte?
—¿Qué diablos quieres decir?
—¿No crees que si yo fuera tú... este absurdo ideal sería más realista? He decidido como voy a vivir. Ahora solo tengo que dar lo mejor de mí para mantenerlo.
Satoru soltó mi mano para ponerse en posición de batalla.
—Mátame si quieres. Eso también tendría sentido. —su voz era monótona, tan así que me causó escalofríos.
—¡Espera, Geto! —grité cuando él estaba por irse, se detuvo pero nunca se volteó para mirarme a los ojos—. ¿Entonces todo lo que me dijiste era mentira? ¿Todo lo que me dijiste fue para tu propio bien? ¡¿Acaso todo fue inventado para descubrir tu verdadera identidad?! Te creía un hermano, Geto, ¡te adoraba como una gran familia! Fuiste el único que confío en mí hasta el final, ¡el único que siguió creyendo y confiando en que me iba a parar muchas veces más de las que he caído! Yo... en verdad estoy muy decepcionada...
Mi pecho me dolía mucho, y mis lágrimas por fin habían caído como un río. Mi cuerpo temblaba y agradecía tener a Gojo tras de mí por si llegara a caer. Nunca había sentido tanto dolor y decepción al mismo tiempo, es como si una pantalla negra se hubiera interpuesto entre Geto y yo, es como si todos estos años de amistad hayan sido tirados a la basura.
Estire mi mano, en un vago intento de querer alcanzar la suya y pedirle que se quedara, que podía proteger esa bella sonrisa. Quería hacerle abrir los ojos, así como lo logré con Satoru, pero sabía que sería imposible cuando me miró sobre su hombro y unas lágrimas caían por sus mejillas. Mi mano cayó y mis ojos se mantuvieron abiertos hasta que lo oí soltar dos palabras que me marcarían de por vida.
—Lo siento. —fue lo único que salió de sus labios antes de irse de mi vista, para siempre.
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Kiwa || Gojo Satoru
Fanfic"Le dije que si algún día él se desmoronaba ante alguien, no iba a sentir nada, pero cuando lo vi los ojos antes de caer inconsciente, lo sentí todo". -Kiwa. "Aunque sea tu verdugo, vive, Kiwa, te lo ruego". -Satoru. 🦋 Novela basada en la adolescen...
