°•Capítulo 14•°

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Le di una patada a aquel soldado, mientras veía cómo Gojo peleaba con otro, al parecer el jefe.

—¡Ja! ¡Sólo sabes dar patadas, mocosa engreída!

—¿Engreída? —su comentario me molestó—. ¡Engreída tu madre!

Formé la sombra de un lobo, dudosa de saber si me iba a obedecer, pero las palabras de Yaga llegaron a mi cabeza como agua helada y con confianza, le ordené.

—¡Ataca!

El lobo corrió hacia el tipo mientras que yo corría por el lado contrario, no sabía por dónde atacar. Así que aproveché su momento de distracción cuando quiso quitar de su pierna el hocico de mi lobo y le pegué una patada en toda su nuca que lo dejará inconsciente por bastantes días.

—¡Kiwa-chan, Kiwa-chan!

Levanté la mirada de la soga que ate en las muñecas de este soldado y alcé la ceja al ver que Gojo me hacía señales para que me acercara. Así que lo hice y me tomó de los hombros para luego levantar su celular.

—¡Sonríe para Suguru!

Sin saber muy bien qué hacer, hice el típico signo de la paz y sonreí con nerviosismo. Definitivamente la personalidad de Gojo Satoru era compleja.

—Vamos, mocosa. —apoyó su mano en mi cabeza, pero la quité.

—¿Y a ti qué te pasa?

—¿Uh? —me miró de reojo y luego volvió a mirar al frente—. Nada.

Ignorando su canto mientras nos dirigíamos hacia la academia, no pude evitar sonreír, porque Gojo no me dijo nada respecto a mi debilidad, y es que tampoco me importaba su opinión, pero me hacía feliz no escuchar nada pesado salir de sus labios. Una vez en la academia, Gojo tomó al estilo nupcial a la chica que sería el recipiente de Tengen-sama.

—¿La llevamos a que vea a un médico?

—Si Shoko estuviera aquí...

—Oh, despertó. —dije cuando vi que la chica abrió sus ojos algo asustada. Mis ojos se abrieron en demasía cuando vi la cachetada que le dio a Gojo.

Me reí con ganas. ¡Merecido se lo tenía!

—Maldición, ¿por qué todas las mocosas que debo cuidar me pegan?

—¡Desgraciado, si quieres matarme, primero muere! —las reacciones de la chica eran increíbles.

—Tranquilízate, Riko, nosotros no somos los tipos que te atacaron.

—¡Eso es mentira! ¡Tienes cara de mentiroso! ¡Además, tiene un flequillo raro! ¡Y esa mujer, su lunar es demasiado grande y esas cicatrices son raras!

Gojo sostuvo a Riko por los pies mientras que Geto por las manos, así que me prepararé para saltar sobre ella cuando otra voz se interpuso.

—¡P-paren, por favor!

Miré a la chica que estaba sobre una maldición.

—¡Kuroi!

—Señorita, estas personas son sus aliados.

—¿En qué estás montada?

—¿Esto? ¡Es un conjuro del chico del flequillo!

—¿Pueden dejar de llamarme así?

Llevé mi mano a mi boca, aguantando una risa mientras que Geto me tomaba del brazo y sonreía con amabilidad.

—"Técnica de manipulación de maldiciones". Tal y como su nombre lo dice, puedo controlar a las maldiciones que capturo. —les explicó.

—Esa mocosa es muy agresiva. Creo que te llevarías bien con Kiwa, son tal para cual. —expresó mientras apoyaba su brazo en mi cabeza, como si fuera algún tipo de reposa brazo—. Y eso que en un principio pensaba ser considerado, teniendo en cuenta que estarías mal por el tema de la asimilación.

—¡Hm! Exacto, así es como piensa la gente vulgar.

—¡¿Qué?! —eso había irritado a Gojo y yo sonreí. Definitivamente me iba a llevar bien con esta chica.

—Escuchen bien, ¡¡yo seré Tengen-sama y Tengen-sama será yo!! Hay mucha gente que confunde la asimilación con la muerte, pero están muy equivocados...

Me perdí cuando escuché a los chicos hablar de sus fondos de pantallas y cuando les mostré el mío ellos rieron al ver una foto de Utahime besando una botella de vino. Me había vuelto muy cercana a ella por nuestro odio compartido por el albino que se carcajeaba viendo la foto de mi amiga.

—¡¡Escuchen!!

—Uh, lo siento.

—Con esta forma de hablar estoy seguro que no tiene amigos. ¡Vaya! Tal cual para Kiwa.

Le pegué a Gojo.

—No se mide en lo que piensa.

—¡En la escuela hablo de forma normal!

La miré y tomé sus manos para sonreírle de manera grata.

—Me alegra tenerte aquí, Amanai-chan, cuidaremos de ti, ¿si?

—¡Ah, qué linda eres! ¡¿No quieres ser mi amiga?!

—¡Claro, me encantaría!

—Un momento, mencioné la escuela... ¡Kuroi, ¿qué hora es?!

—Todavía no es la hora de almuerzo, pero las clases ya...

—¡No, todavía estoy a tiempo!

Soltó mis manos y corrió hacia quién sabe qué dirección. Solté un suspiro y con los chicos junto a Kuroi, la cuidadora de Amanai, fuimos hacia donde ella nos dirigió. Me senté cerca de la piscina y miré mi reflejo a la vez que bebía de una soda que me compré en la máquina expendedora. Escuchaba a Gojo alegar algo por el celular, pero poco presté atención, estaba algo aturdida al estar en una escuela de sólo mujeres: me recordaba a mi orfanato.

—¡Tch, tendremos que consentirla en todo!

—No te pongas así, Satoru. Aunque ella dijera eso, después de la asimilación su deber como Tengen-sama será estar en las pantallas más bajas del instituto, como fuente de las barreras. No podrá volver a ver a su familia, amigos ni a nadie importante para ella. Hacer lo que ella quiera: esa es nuestra misión.

—Geto-kun tiene razón. —estuve de acuerdo con su opinión—. No puedo comparar su situación con la mía, pero si tuviera una familia o amigos fuera de la academia de magia, definitivamente me encantaría pasar tiempo con ellos antes de no verlos más.

Gojo me miró y luego suspiró para desviar la mirada.

—La señorita Riko no tiene familia, murieron todos en un accidente automovilístico cuando ella era pequeña y desde entonces yo estuve cuidándola. Así que al menos déjenla estar con sus amigas durante el poco tiempo que le queda.

Le enseñé mi pulgar a Kuroi.

—¡Claro que sí!

—Además, tú eres su familia. —le dijo Geto sonriendo.

—Sí... gracias.

Apreté el hombro de Kuroi y le sonreí.

—Suguru. ¿Qué hay de las maldiciones que enviaste para vigilar?

—Cierto. Ojalá pudiera tener una visión compartida como la de Mei, pero si sucede algo extraño, me avisarán ense... —se detuvo en seco y yo me alarme—. Satoru, Kiwa, vamos rápido con Riko, exorcizaron a una de mis maldiciones.

Me alerte y antes de ir con ellos, miré a Kuroi, quien estaba algo asustada. Tomé sus manos y le sonreí para tranquilizarla. Creo que no podía entender ese sentimiento de querer proteger a alguien a muerte porque nunca he tenido a alguien tan importante en mi vida, pero podía ver y sentir la desesperación y miedo en los ojos de esta mujer.

—Tranquila, haremos lo posible para protegerla.

Después de todo, tengo total control de Kima por si algo terrible llegase a ocurrir.

Kiwa || Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora