"Nada es para siempre cuando tienes 17"
Eric y Bea habían oído esa frase un millón de veces durante su adolescencia, nadie les miraba futuro sin embargo se habían mantenido como una relación estable durante la preparatoria.
Juntos habían pasado sus mejores años pero, si es algo cierto es que no todo es para siempre. Las discusiones se empezaron a hacerse presente cuando estuvieron a miles de kilómetros de distancia, ingenuamente pensaron que podrían tener una relación a distancia. Poco a poco comenzaron a alejarse, las llamadas ya no eran diarias y ya no habían más video llamadas por las noches.
De un momento a otro habían pasado de ser una pareja feliz, a ser un par de desconocidos.
Aún con el quiebre de la relación los dos disfrutaron bastante su estancia en la universidad, los pretendientes sobraban y aunque habían roto ellos siguieron siendo amigos. Era raro pero ellos lo preferían así. Las cosas empeoraron cuando Eric comenzó a salir con una chica, una chica que no quería que su novio mantuviera contacto con su ex novia.
La última vez que Eric habló con Bea fue para felicitarla por haber conseguido su licencia de conducir. Para Bea era difícil imaginarse a Eric con alguien más pero, ella sabía que estaría bien.
Si amas algo debes dejarlo crecer, y eso a veces significa dejarlo ir.
Lo demás es historia vieja. El se preparó para ser doctor y ella para ser abogada, después de pasar tiempo con los padres de Eric termino amando la profesión.
Tuvo numerosas citas pero con ninguna se miraba en un futuro, tuvo una larga relación que terminó al mismo tiempo que la universidad. Había aprendido muchísimas cosas en esos años: los amigos se separan, y algunos otros se casan.
Ambos estaban seguros que jamás volverían a encontrarse pero, como la vida es una perra que ama jugar sucio los volvió a unir.
-Buenos días, monstruo. -saludo Kenneth Hilton, su jefe y compañero de oficina porque habían descubierto que trabajaban bien juntos. -Te traje un cafe... y oh, lo siento, olvidé tus ganas de morir en el aeropuerto.
Se burló de la aparición de la chica, los dos se encontraban en Boston trabajando en un caso que les fue asignado. Bea había pasado horas revisando las evidencias e informes, hasta que el momento en que el cansancio la comenzó a matar decidió salir un rato al bar del hotel en el que se quedaban.
Por casualidades de la vida justo en ese hotel se hospedaba uno de sus antiguos profesores, el tiempo con el se fue volando olvidando que tenía que dormir temprano porque al día siguiente tenía una reunión.
Reunión a la que no llegó.
-Buenos días. -devolvio el saludo con una voz apenas audible, estaba cansada y su cabeza dolía.
En eso su compañero de viaje fue a buscar algo que la ayude a ponerse mejor, la había dejado sola echa bolira en su lugar porque también moría de frío.
Estaban en vísperas navideñas y por abandonar el hotel tan rápido como pudo, había olvidado llevar un abrigo.
Ella aún recuerda la noche anterior. Ponerse ebria la había puesto sentimental, al grado de llorar en el hombre de su ex profesor. De tan solo recordarlo le daban ganas de colgarse de un poste.
-Hey, Bea... -la llamo Kenneth llegando con un par de papeles y un vaso de agua. -No quería interrumpir tu... trance espiritual, viaje astral o como sea que lo llames pero, mi padre me pidió que firmes esto.
Bea asintió y firmó sin siquiera leerlo, Kenneth sonrió con malicia.
-Felicidades, Bea. -dijo el muchacho estirando el vaso de agua hacia su dirección, Bea alzo sus cejas en confusión tomando el vaso de agua. -Oficialmente estas de vacaciones.
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Bae. [AP #1]
Teen FictionBea Sanders está acostumbrada a que las personas la abandonen, primero fue la mujer que le dio la vida y después fue el hombre que contribuyó en su creación. Siempre ha sido así, y las cosas no cambian cuando hace un trato con Eric Sallow. Eric Sal...
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