Daniel me dio un par de consejos, ¿funcionaran? No lo sé. ¿Los aplicaré? Claro que sí, es lo único que tengo al alcance si quiero intentar algo con Rebeca. Hoy llegué con un ramo de flores a la escuela, todos me han mirado extraño desde que llegué, yo no suelo hacer este tipo de cosas, incluso para mi es una sorpresa. Me dirijo al casillero de Rebeca, que para mí desgracia se encuentra justo al lado del casillero de Salvador o Chava, uno de mis amigo del equipo de baloncesto, espero no encontrarlo por aquí porque él no tiene ni idea sobre Rebeca, cuando lo sepa el equipo será un desastre, seguramente terminaran burlándose. Espero unos minutos hasta que Rebeca llega, y tan pronto como me ve, su cara se transforma, veo odio puro en sus ojos.
–Muévete, tengo que sacar mis cosas– Dice de manera fría, incluso siento que si no me muevo me golpeará de nuevo, y el moretón de la vez pasa aun no desaparece completamente.
–Perdón. Te estaba esperando, mira, te traje flores, son lirios, leí que los lirios son una buena flor para declararse a la persona que te gusta– En realidad eso me lo dijo Daniel, ni siquiera sabía que las flores podían significar algo, además Daniel dijo que al parecer este tipo de flor le gustaba a Rebeca.
Rebeca cierra la puerta de su casillero y camina directo a su primera clase. ¿Me está ignorando? Dejé de lado mi reputación, mi imagen, hice algo fuera de mi zona de confort, le traja flores y ¿me ignora? Esto no puede ser. Voy tras ella y me paro frente suyo.
–Espera, no tomaste mis flores, bueno, tus flores, son para ti– Una vez más le ofrezco las flores.
–Odio las flores. Muévete– Rebeca intenta seguir caminando pero la detengo. No me rendiré tan fácil
–Pero todos aman las flores– Además confío en las palabras de Daniel, de alguna forma lo averiguó, así que estoy casi seguro de que le gustan las flores.
–Yo no, así que quítate– Parece que entre más me esfuerzo por darle las flores, ella más se esfuerza en rechazarlas.
–Podrías ser más amigable– Lo digo sin pensarlo, pero es que está siendo irritante, quiero decir, nada le cuesta aceptar las flores.
–No, ahora muévete, me bloqueas el paso– Su voz suena cada vez más molesta, creo que la estoy irritando, pero no pienso dar marcha atrás hasta que acepte las flores.
–Primero acepta mis flores– Por tercera vez extiendo mi mano y le ofrezco el ramo de lirios, creo que esta vez si las aceptara.
Rebeca toma el ramo de flores, esto me hace muy feliz, sabía que ser persistente daría frutos, sin embargo mi cara cambia a una de asombro cuando Rebeca arroja las flores al primer contenedor de basura que se topa y sigue con su camino.Intento 1: Flores. Fallido.
–Aún tenemos otros métodos, así que no te decepciones, pero honestamente, creo que primero deberías averiguar ¿por qué demonios te odia tanto?– Siento como Daniel pone una mano en mi hombro mientras habla.
–Primero sería lindo si me dirigiera más de 2 palabras cada vez que intento hablarle– Suspiro sin saber qué hacer, por lo menos aún tengo a Daniel dándome ánimos.
–Mañana podemos intentar el plan B– Miro a Daniel con incredulidad, está bastante positivo respecto al tema, pero eso me da aliento.
Al día siguiente, Daniel decidió cambiar de táctica, hoy le traje chocolates, todo mundo ama el chocolate, no conozco a nadie que no le guste el chocolate, además la caja luce linda, supongo que esto no lo podrá rechazar, si yo fuera una chica me gustaría un regalo como este. Una vez más espero en su casillero a que llegue. Y como la vez pasada me ignora.
–Te traje chocolates– Intento ser más positivo esta vez, son chocolates, no pueden no gustarle.
–No me gusta el chocolate– ¡No mames!
–¡Alto!, eso no te lo creo, ¿por qué no te gusta? Es chocolate, no mientas– Esta vez tiene que aceptar el regalo sin ningún problema… o eso espero.
–Es verdad. Sí me gusta el chocolate. Pero no los aceptaré viniendo de ti– Tan linda y fría como de costumbre, incluso podría decir que su odio hacia mi creció de alguna manera.
–Pero ¿por qué?– Sé que no le agrado, pero no debería ser tan directa, eso duele.
–Porque no– Y sin más se aleja de mí, ni siquiera tengo tiempo se seguirla porque se esfuma en cuestión de segundos.
Una vez más soy ignorado mientras la veo caminar a su salón de clases. ¡Mierda! ¿Qué hago mal? Tal vez Daniel tenga razón y deba intentar primero saber ¿por qué carajos me odia tanto? Quiero decir ni siquiera me mira cuando me rechaza.
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La Violinista
Short StoryElla era como una ave, una bella ave de plumas negras, una preciosa ave que había sido encerrada, cuando tenía que ser libre, volar lejos y llevar un hermoso canto hasta el último rincón de la tierra. Pero una jaula creada por mí mismo la mantenía e...