El corazón siempre sabe

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Salió de la oficina de la alcaldía como alma que lleva el diablo, tan rápida fue su reacción por marcharse antes de que todo su ser lo llevara a hacer algo de lo que ya no hubiese marcha atrás, que olvidó por completo que conducía su camioneta antes de llegar, solo que ni cuenta se dio hasta que ya estaba demasiado lejos como para regresar, ese momento con Regina lo dejó sin poder pensar en nada más que tenerla entre sus brazos, besándola y acariciando cada rincón de su suave piel, embriagándose de su aroma, que no podía quitarse de la cabeza que era tan familiar para él, tenía la sensación de haberse perdido en su perfume antes, pero, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿en qué momento?, si se llevaban como enemigos, tanto así que cuando la tuvo tan cerca, con esos deseos tan arrebatadores de besarla hasta dejarla sin aliento, no pudo, se detuvo, era Regina, La Reina Malvada, solo que mientras más se repetía que todo lo que le ocurría era absurdo, menos su mente podía evitar pensar en ella, en sus cabellos oscuros, en su belleza, en su elegancia, en su fortaleza, era enloquecedor aquello que su cuerpo sentía de solo mirarla, su sola presencia lo hacía correr a su encuentro, todas estas inquietudes tendrían que ser resueltas, cada vez que pensaba en ella aparecían más preguntas sin respuestas, a partir de ese momento recorrería ese terreno para ver hacia dónde lo conducía y no le temería a los resultados de su exploración, había terminado el tiempo de escapar, ahora se enfrentaría a todo lo que el destino pusiera en su camino.

Regina aún no podía contener las lágrimas, tener a David tan cerca y a la vez tan alejado de ella, definitivamente la estaban sacando de todo su sano juicio, no podía negar que lo necesitaba como el aire para vivir, que verlo acercarse a ella para irse nuevamente, pero esta vez más lejos, era una gran tortura, su miedo a flaquear con un acercamiento la estaban rebasando, pero no lo podía permitir, no era posible, por lo que se secó las lágrimas, cerró la puerta de su oficina con un movimiento de su mano, se levantó del sofá, tomó un fuerte respiro para continuar con su día y se sentó en su buró, ahora inscribir a Ruth en el colegio, era su prioridad.

Mientras aún conversaba con la directora del colegio sintió que abrían la puerta de su oficina, ¿es que las personas de este pueblo no conocían el significado de la palabra privacidad?, pero al ver de quién se trataba inmediatamente supo la razón.

"Regina necesito hablar con...", se detuvo al notar que hablaba por teléfono, un gesto de arrepentimiento se dibujó en su rostro, la única respuesta que recibió fue una señal que le indicaba que tomara asiento, se alivió porque mientras duraba la conversación telefónica, podía encontrar un pretexto para justificar su presencia en el lugar.

Pasaron unos segundos en los que aún la conversación no terminaba, pero no pudo evitar escucharlo todo, al parecer Regina quería inscribir a su hija en el colegio, eso era, al fin la excusa perfecta iluminó su camino al mismo instante que terminaba la llamada.

"¿a qué debo el honor de tu visita en mi oficina, Snow?", su hijastra nunca venía a la alcaldía, su asombro fue muy perceptible.

"pues yo regresaba de la escuela, pasaba por aquí y se me ocurrió preguntarte si no pensabas inscribir a tu bella hija en el colegio, pero ya veo que lo tienes todo pensado como siempre", no mentía, solo que esa no era la razón de su presencia allí, pasaba por frente de la alcaldía, vio la camioneta de David y quería saber si estaba con él, por eso su forma de irrumpir en la oficina, solo que su sorpresa fue mayor al no encontrar lo que buscaba, pero estaba segura de que averiguaría el porqué la camioneta de SU marido estaba estacionada allí.

"como siempre tan dulce Snow, claro que inscribiré a Ruth en el colegio y serás la afortunada de ser su profesora, estará en el mismo salón de clases que Henry", no se podía negar que la conocía como la palma de su mano, desde que comenzó a hablar supo que mentía, pero no tenía el tiempo, ni la paciencia para saber la razón verdadera de su visita, tan inesperada.

Jamás te olvidaréDonde viven las historias. Descúbrelo ahora