¿Enemigos?

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La ráfaga de magia blanca fue tan fuerte que era imposible no sentirla y así fue. Cora, que no había perdido de vista los movimientos de su hija y el príncipe, no pudo evitar identificar muy bien el significado de esa magia que provenía, sin duda alguna del castillo oscuro, había ocurrido lo que tanto temía, David despertó a Regina de la maldición del sueño y además sus memorias ahora estaban intactas e inmediatamente le echó un vistazo a su espejo, el que le permitía expiarlo todo y efectivamente, Regina yacía en un mueble en el gran salón del castillo con los ojos abiertos y David frente a ella mirándose tan intensamente que un escalofrío recorrió todo su cuerpo porque esa mirada ya la había visto antes y no pudo evitar sentirse intimidada por el poder que esta implicaba, el cual pudo evitar una vez, pero ahora, estaba muy segura de que ya no había nada que hacer, su hija la había vencido sin ni siquiera haber sabido que estaban en guerra, por lo que su mente viajó a cuando
Regina era una jovencita y ella le había arruinado la vida.

Cora había permitido que Regina y David siguieran con su amistad, no estaba ajena al hecho de que Henry los ayudaba a escaparse y pasar largas horas juntos, pero le daba a ella la cobertura de seguir con sus objetivos. Se ausentaba del castillo de vez en cuando y viajaba de reino en reino para buscar el candidato perfecto para su hija, bajo ningún concepto podía permitir que sus aspiraciones de llegar a la realeza se le escaparan de las manos nuevamente, por lo que se aprovechaba de la magia del gran espejo que su mentor Rumplestiltskin le había obsequiado por haber sido una de sus mejores estudiantes, el cual poseía la magia de viajar entre reinos.

Mientras tanto Regina y David aprovechaban las ausencias de Cora, para vivir su amor con libertad, sí, porque su relación era tan linda, tenían tanto en común que sin darse cuenta terminaron enamorados y le agradecían mucho a Henry que les hubiese dado la oportunidad de vivirlo sin quererlos separar, todo era tan hermoso entre ellos, sentían tanto amor el uno por el otro, sin barreras de ningún tipo que decidieron entregarse a sus sentimientos completamente.

Habían pasado unos meses del inicio de su relación amorosa, cuando Regina se dio cuenta de que estaba embarazada, estaba aterrada, no sabía qué hacer, ni siquiera podía imaginarse que David la rechazara y la abandonara, eso le partiría el corazón y su bebé no tendría a su papá cerca, hasta que al fin decidió poner a un lado todas sus dudas y hablar con él.

Era una tarde preciosa cuando Regina se acercó a los establos y lo vio, estaba ahí tan absorto en su trabajo que no se percató que unos ojos llenos de amor lo admiraban, era tan hermoso, tan masculino, tan trabajador, tan sensible, tan amoroso, tan tierno que sin darse cuenta algunas lágrimas caprichosas la traicionaron y no pudo evitar que brotaran de sus ojos, el miedo de perderlo después de revelarle lo del embarazo la invadía y la desestabilizaba, hasta que no lo pensó más, se secó las lágrimas que habían mojado sus mejillas y habló.

“Hola”, no pudo decir más, su voz le temblaba.

“Amor, ya te estaba extrañando”, dijo David dejando todo y acercándose a ella para darle un pequeño beso en sus labios.

“También te extrañaba, por eso estoy aquí”, dijo Regina sin más explicaciones.

“Ocurre algo mi amor, te noto preocupada”, ya la conocía, no lo podía engañar.

“Venía a proponerte que fuéramos a caminar un rato”, no podía montar a caballo por el embarazo, pero necesitaba un poco de privacidad.

“¿No prefieres ir a cabalgar un rato juntos?”, dijo tomándola por la cintura para atraerla a su cuerpo y abrazarla, había algo que no terminaba de convencerlo y que le hubiera pedido caminar en vez de montar a caballo como tanto amaba, ya lo había alarmado.

Jamás te olvidaréDonde viven las historias. Descúbrelo ahora