Al amanecer de ese domingo, Regina se levantó muy temprano como acostumbraba y comenzó a preparar el desayuno para cuando despertaran los demás, su amiga el hada como tenía que ir a trabajar fue quien primero apareció en la cocina.
"buenos días", saludó, lista para irse directo a la cafería, pero como en el proceso de su partida se encontró con la reina, no perdería ocasión para tener unas palabras con ella.
"el desayuno está listo", informó Regina.
"si nuestras visitas a la casa de Emma se volverán una costumbre, deberíamos traer al menos algo para cambiarnos, ¿no crees?", se puso una ropa que la rubia muy amablemente le prestó.
"creo que tienes razón", contestó, esto de salir de la mansión y distraerse sería algo a lo que fácilmente se podría acostumbrar, por eso le dio la razón a su amiga.
De pronto se escuchó el sonido del timbre de la casa.
"yo voy", dijo Regina, "debes desayunar", Tinkerbell se sirvió su desayuno y fue para la mesa del comedor mientras ella fue hasta la puerta.
"buenos días", la noche anterior no fue muy buena que digamos, Snow estaba muy enojada porque nadie la invitó a la reunión en la casa de Emma y tuvieron una gran discusión, por eso no pudo dormir, entonces prefirió ir a casa de su hija donde tanta paz había encontrado el día anterior.
"sabía que vendrías temprano, pero es extremadamente temprano", no pudo contener ese comentario, se hizo a un lado para que entrara a la casa, ella cerró la puerta y cuando se volteó, él estaba parado a solo unos pasos sin moverse, admiraba a las dos mujeres dormidas en medio de la sala, su hija tenía un brazo extendido donde Zelina reposaba la cabeza y su brazo derecho encima del vientre de Emma, la escena era de lo más tierna, sus ojos se hicieron agua.
Regina lo dejó y caminó hasta la cocina para continuar con el desayuno.
"buenos días príncipe", saludó Tinkerbell.
"hey Tink, ¿cómo estás?", el hada no interrumpió su desayuno.
"apurada que, si no llego en diez minutos a la cafetería, Granny me pondrá de patitas en la calle", se tomó el jugo de un solo sorbo, llevó el plato y el vaso para el fregadero y regresó casi corriendo para irse a trabajar.
"puedo llevarte", propuso David al verla en esas circunstancias.
"mi salvador", fue su forma de agradecerle, ambos salieron de la casa en la camioneta.
Cuando se aseguró de que hubiesen salido, Regina desde la cocina soltó el aire que esa visita matutina le había robado, cerró los ojos, fue imposible que la escena de la noche anterior no invadiera su mente, todavía podía sentir las grandes manos de David que acariciaban sus espaldas con mucha delicadeza, el calor de su cercanía, su aroma tan varonil, la textura de sus mejillas era única, ni siquiera la barbilla hacía que su piel pareciera áspera, al contrario le encantaba, le pareció estar en un sueño muy real, tenerlo así entre sus brazos, admirándola como algo majestuoso disparaba su corazón a altas velocidades, pero todo aquello debía encerrarlo bajo siete llaves, lanzó un gran suspiro que debió escucharse por toda la casa.
"tenemos mucha hambre", Ruth habló y su sueño terminó.
"creo que se debe saludar primero", los censuró, por nada dejaría de enseñarles a sus hijos buenos modales.
"buenos días, mamá", rectificó.
"¿durmieron bien?", preguntó.
"me encanta dormir con mi hermana", fue la respuesta perfecta.
"a mí también", con un pequeño besito en la mejilla de su hermano y una gran sonrisa, Ruth correspondió a esa confesión.
"los amo demasiado", sonrió con las ocurrencias de la pequeña, le parecía ver la misma expresión de su padre cuando hacía una travesura.
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Jamás te olvidaré
FantasíaRegina y David caen por accidente por el sombrero. Regina empieza a recordar algunas cosas de su pasado que tienen que ver con David más de lo que se imaginan.