Toda su vida había sido una persona privilegiada. Un genio. Siempre destacándose en lo que hacía, no conocía ni la escasez ni la agonía, mucho menos el rechazo y la pérdida. Desde que nació lo supo, supo que tendría un futuro brillante y no le importaría lo que tuviera que hacer para conseguirlo... Hasta que aquella tarde la vio sola en la biblioteca.
Max Ortega era el único hijo de un cirujano cardiovascular y una anestesióloga. Era inteligente, atlético y apuesto. Era estable emocionalmente, centrado y extrovertido. Y sobre todas las cosas, era consciente de todo eso.
La primera vez que ganó algo en su vida fue a los doce años, cuando obtuvo el primer lugar en 100 metros planos. Antes de eso, siempre había ocupado el primer lugar de su clase, era adicto a la sensación de enorgullecer a sus padres, de recibir aplausos, amaba ser el centro de atención. Le gustaba superar a otros y a veces, disfrutaba del fracaso ajeno.
Siempre supo que iría a una universidad prestigiosa y que estudiaría una carrera importante para luego ganar mucho dinero. Así era como sería. Como tenía que ser. Incluso si llegaba solo a la meta, lo disfrutaría.
Y Max solía ser cruel con los débiles, porque le irritaba la mediocridad. Por eso cuando se percató de Efel no pudo evitar desquitarse con él, pensaba que si lo empujaba a su límite, lo haría entender que debía esforzarse más. Es una pena que así no funcionasen las personas.
No pudo haber adivinado que la conocería y esas ideas desaparecerían. Cuando terminó la secundaria, siendo el mejor alumno y deportista de toda la institución, sus profesores lloraron porque las personas cómo él no nacían dos veces en la misma década. "Las personas cómo él..."
En el fondo, no quería ser olvidado, eso era todo lo que deseaba, ser prescindible.
Y la vio ahí, sentada sola, bajo la tenue luz del Sol. Como otros millones de estudiantes universitarios promedio en el mundo. La veía esforzándose a diario, y a veces la encontraba escondiéndose para llorar de frustración en los pasillos de la biblioteca. Tal vez ella también quería ser mejor, pero no podía. No creía lo suficiente en sí misma, y eso lo conmovió. Porque él no conocía ese mundo, él sólo conocía la cima y nunca había estado tan abajo.
Y le dio una mano, esperando que la tomase. Descubrió que era extremadamente buena, a diferencia de él, ella ayudaba a otros desinteresadamente. Su primera conversación fue bastante superficial, pero le hizo querer volver a escucharla.
En algún momento, Max dejó su corazón al descubierto y Sophie lo abrazó. Sintió una calidez que nunca antes lo había llenado y entendió que le había hecho falta sin siquiera saberlo. Porque había cosas que jamás había sentido y ella despertó en él todo eso.
No supo en qué momento el futuro egoísta que tanto anhelaba comenzó a distorsionarse y transformarse en un "nosotros" .
Y escuchó el primer te amo saliendo de sus labios y la abrazó muy fuerte cuando lloró de pena. Max Ortega cayó por primera vez en su vida de su pedestal. Se rindió ante los pies de aquella chica tan simple...
Planearon muchas cosas juntos, porque eso era algo que tenían en común, les gustaba soñar con alcanzar grandes cosas, sólo que para Max no eran sólo sueños, eran metas. A veces dibujaba los planos de la casa que tendrían a escondidas, inventaba los nombres de sus futuros hijos, de sus futuras mascotas.
Cuando cumplieron su tercer año como novios, él notó por primera vez el pasar del tiempo. ¿Qué había hecho en esos tres años?
Tuvo que detenerse a pensar en que había sido absorbido por cierta comodidad que Sophie le brindaba, se sintió tan a gusto con ella en el presente que olvidó sus metas personales. Lo había compartido todo y dejó a un lado lo que se prometió.
En el fondo, aún había algo de su antiguo yo. Max comenzó a pensar que Sophie tampoco hablaba de sus sueños y metas personales, nunca la había escuchado hablar plenamente de sí misma en el futuro. Se sintió culpable, quiso retroceder en el tiempo y haberse dado cuenta antes.
Tal vez, ambos habían dejado algo atrás al avanzar tomados de la mano. Tal vez por eso no le contó que había aplicado a una beca para terminar su carrera en el extranjero e intentó convencerla discretamente para que se dedicara a sus propios proyectos.
No quería estar lejos de ella, sólo quería ser mejor y esta vez, no quería serlo únicamente para sentirse superior, quería darle a ella el futuro más brillante posible.
Pero ella no entendió por qué debía irse para conseguirlo, no estaba acostumbrada a apuntar a la cima. Max lo sabía y había intentado suprimir sus ambiciones para estar con ella. Sin embargo, cuando Max conoció a Tempel sintió que tal vez nunca había sido tan trascendente cómo creía. Vio en él un brillo peculiar que nunca había descubierto en sí mismo y se encontró comparando peras con manzanas.
Tempel le recordó a él cuando ganó sus primeras competencias, cuando consiguió todos los primeros lugares y su sonrisa no cabía en su rostro e iluminaba los de sus padres. Aún así, había una cosa que le hacía falta, cuando fue consciente de que no había hecho nada por otros en toda su vida, Max se sintió realmente solo.
Si le hubiera preguntado a Sophie, ella le habría dado la respuesta que necesitaba, pero prefirió callar.
Nunca antes la había hecho llorar, a veces discutían porque Max hacía comentarios crueles sobre otras personas y Sophie le hacía entender que debía ser más empático, pero cuando le dijo que iba a irse a Canadá porque había conseguido la beca y la cara de la pelirroja se tornó seria y consternada, entendió que había cometido un error. Que debió pensarlo mejor y habérselo dicho con antelación.
Qué idiotez...
– ¿Por qué? —le preguntó.
– Creo que... Necesito irme para crecer más —explicó pobremente— Para crecer como persona.
– ¿No eres feliz aquí? —replicó ella, conteniendo el nudo en su garganta.
– No es eso, Soph... Es sólo que siempre hablamos de lo que queremos hacer en el futuro pero nunca me cuentas lo que tú quieres hacer.
– Porque lo que yo quiero es estar contigo. ¡No importa lo que hagamos!
Max intentó acariciar su rostro pero ella lo apartó bruscamente.
– No sé cómo explicártelo.
– Haz que entienda, porque no sé cómo se supone que esto me ayude a crecer a mí.
Suspiró. Le dolía el corazón.
– Amor, no lo hago para lastimarte. Míralo como una oportunidad... Puedes dedicarle tiempo a tus propios proyectos, aunque digas que no los tienes, estoy seguro de que existen —ella lo miró a los ojos por un instante— Voy a regresar, lo prometo y vamos a hacer todo lo que dijimos.
– Necesito tiempo para procesarlo, Max... Dame tiempo.
Caminó hacia su habitación, dejando al mulato sólo en el sofá. La escuchó llorar, llegó hasta la puerta y quiso entrar pero... tiempo, pensó y por primera vez en su vida, Max Ortega sintió que había perdido.
Y lloró solo en su auto.
.
.
.
"¿Por qué no lo harías por mí,
si todo lo que hago es por ti?
Lo intento, pero me abruma.
Cuando te has ido no tengo nadie a
quién contarle..."
Cellophane. FKA twigs.
;)
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Tempel
Fiksi RemajaSobre seres fantásticos que iluminan la vida de las personas, siempre y cuando, estén dispuestas a creer que el amor existe. Efel es un joven pianista que sólo conoce la soledad y el tedio. Tempel es un cometa que apenas tiene brillo, el universo p...
