Esa mañana Tempel sintió que el mundo se derrumbaba sobre él.
Eran las 07:35 de la mañana, hora en la que los inquilinos del piso de arriba movían los muebles para limpiar, sólo los domingos. Efel tenía el sueño pesado, apenas se inmutaba ante el sonido de la aspiradora sobre su cabeza, incluso con resaca por la noche anterior.
Tempel no necesitaba dormir, pero el farfullo le molestaba seriamente mientras, sentado en el comedor, intentaba finalizar un capítulo de su novela. No había avanzado mucho, un vacío existencial lo había poseído desde que en su interior un sentimiento foráneo había decidido asentarse. Cálido pero amenazador, se adueñaba de su gélido corazón.
– Ay...—se quejó el joven de baja estatura, incorporándose en la cama— ¿Tempel?
No recibió respuesta alguna, el cometa llevaba auriculares puestos mientras reproducía alguna canción de pop indie a todo volumen.
– ¡Tempel! —gritó, nuevamente sin resultados.
Se tambaleó fuera de la habitación con el ceño fruncido y una mano en la frente. Tempel lo miró y enseguida se retiró los auriculares, dejó de escribir y se puso de pie. Caminó hacia la cocina, tomó una botella llena de agua y se la entregó a Efel.
– Gracias.
– No hay de qué.
– Maldición, no recuerdo nada.
Tempel sintió algo de lástima, él recordaba todo. No tenía intención alguna de olvidarlo, lo cerca que estuvieron y las palabras que escuchó del otro.
– Eres un borracho estúpido.
– No me insultes, estoy sensible —se frotó los ojos—Ahora que lo pienso... Recuerdo haber mandado a la mierda a Max. Valió la pena ir.
Tempel le acarició el cabello. "Me alegro de que te hayas divertido", pensó.
– Igual vamos a alejarnos del alcohol por un tiempo.
– Aguafiestas —sonrió.
Guardó el archivo, ver a Efel despierto, desaliñado y ojeroso le hizo tener ganas de cuidarlo, así que pospuso terminar el libro. Le preguntó si tenía planes para esa tarde, a lo que Efel respondió que sólo quería echarse a comer cereal. Tal vez era un buen plan, creyó, pasar tiempo de calidad junto a él en el sofá, viendo una maratón de Gossip Girl, aunque Efel quisiera ver alguna otra cosa.
Y eso hicieron, se acomodaron cada uno en un extremo del mueble, Tempel con las piernas del otro sobre las suyas. El castaño terminó de convencer a Efel de que ver Gossip Girl era una buena idea y pasó un largo rato hasta que el menor comenzó a cabecear de sueño.
– Ven —llamó Tempel— Recuéstate de este lado.
Se movió un poco hacia el borde del mueble, dejándole un espacio a su costado. Efel obedeció de cansancio, acurrucándose rodeado por el brazo del cometa.
– Estoy muerto —susurró.
El sol comenzaba a apagarse a través de las persianas.
– Duerme un rato.
– Creo que recordé algo.
Tempel se entusiasmó discretamente.
– ¿Qué cosa?
Entonces Efel lo envolvió en un abrazo, lo estrujó con fuerza, como si nunca antes hubiesen estado tan cerca.
– Te dije que te quería.
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Tempel
Teen FictionSobre seres fantásticos que iluminan la vida de las personas, siempre y cuando, estén dispuestas a creer que el amor existe. Efel es un joven pianista que sólo conoce la soledad y el tedio. Tempel es un cometa que apenas tiene brillo, el universo p...
