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—¿Me puede explicar qué demonios acaba de hacer?

Apenas cerró la puerta tras de sí, cuando Arya cruzó los brazos sobre su pecho para retar al agente. Las pupilas esmeraldas de la morocha intimidaron tanto al hombre, que no se movió ningún centímetro mientras ella se aproximaba al escritorio.

—Solo tenía un misero trabajo. ¿Por qué no lo hizo bien?

—No puedo encarcelarla, señora Hemmings —habló entrecortado por los nervios que sentía por su cercanía—. No tengo pruebas suficientes para sustentar la acusación.

Eduard se removió nervioso en su asiento de piel. Luego del interrogatorio, se encerró en su oficina para meditar sobre la información obtenida. Dicho momento de concentración fue interrumpido cuando Arya entró sin molestarse en ser anunciada o tocar la puerta. Conocía a la joven viuda desde siempre, pero jamás había enfrentado su duro carácter.

Supuso que era parte del duelo.

Tenerla tan próxima lo ponía sumamente incómodo. Eso no ayudaba si lo que quería era convencerla del por qué había dejado salir libre a la amante de su esposo. Arya logró percibir que algo andaba mal y no le gustaba que la gente le ocultara cosas.

—¿Qué fue lo que sucedió ahí adentro? —demandó saber—. ¿Por qué mandó a apagar el micrófono?

—Crowford comenzó a dar detalles sobre su relación con Luke y no creí que usted quisiera escucharlos —contestó casi al instante y con tanta naturalidad que se sorprendido de sí mismo—. No quería hacerle pasar un mal rato.

—Mi esposo está muerto ¿Recuerda? No puede haber nada peor que eso —suavizó la mirada aunque siguió manteniendo la misma postura—. Ahora dígame por qué la dejó libre. Creí haber sido lo bastante clara con usted...

—Una llamada no es suficiente para encerrar a alguien —la cortó—. El que usted me llame para dar sus sospechas, no es una prueba solida de la culpabilidad de Crowford.

—Entonces haga algo para demostrarlo. Estoy completamente segura de que fue ella quien lo hizo. Seguramente siempre sintió rencor por haberla dejado y ahora él está...—dejó la oración a medias. Suspiró profundamente y relajó su postura—. Escuche, Agente Lough. Le recuerdo que es su deber atrapar al culpable y hacerlo pagar. Realmente espero que no sea demasiado tarde cuando decida hacerlo o quien va a pagar, será usted.

Sin dar oportunidad a una respuesta, la viuda de Luke Hemmings salió de la oficina dando un portazo. Apenas estuvo en el pasillo cuando se colocó unas jafas de sol y se dirigió hacia su auto. No se detuvo ante ningún saludo o condolencia, solo se limitó a inclinar la cabeza para indicar que había escuchado. Le gustaba que la gente la admirara, pero solo a la distancia.

Una mujer como ella sabía cuándo llamaba la atención, no era necesario que se acumularan a su alrededor.

Eduard observó por la ventana el momento en que la mujer ingresó a su auto y se marchó. Soltó una bocada se aire llena de fastidió y regresó a su escritorio. Era una de las mujeres más respetadas del pueblo, eso se debía a su fuerte carácter para enfrentar los problemas y a su increíble determinación para conseguir lo que deseara. Tenía muchas cualidades que admirar frente a ella, pero una vez que mostraba su espalda, era imposible no sentirse agobiado por la fiereza que llegaba a mostrar.

Deseó no haberla dejado quedar al interrogatorio. En el momento en que se lo había pedido le pareció una buena idea, ahora era una cosa más de la cual arrepentirse. Había cometido el error de pedir silenciar el micrófono frente a ella cuando la pelirroja le dio nombres de nuevos objetivos a investigar. A pesar de ser una mala decisión, fue lo mejor que pudo haber hecho. Probablemente si Arya hubiera escuchado, no se detendría para irrumpir en la habitación y desatar su furia en contra de la sospechosa. Gracias a eso tuvo que tolerar sus quejas por no detener a la acusada, además de amenazas si no cumplía con su trabajo.

Beautiful Hell | lrhDonde viven las historias. Descúbrelo ahora