Había pasado una semana, una condenada semana desde que yo había llegado a Trost, estuve yendo todo los días al cuartel para ponerme al día, estuve haciendo rondas con Mikasa y ayudando en el entrenamiento físico de los nuevos cadetes. Porque sí, cuando le dije a Armin cuando nos conocimos que yo le enseñaba a mocosos, era verdad, tal vez no niños pequeños, pero si a pubertos de 17 a 20 años.
Y hablando de Armin ¿Había logrado hablar con él? ¿Le entregué sus regalos?
No, ninguno de los que le traje, estaban escondidos en la misma maleta en la que vinieron... ¿Por qué? Porque el dolor de mi pecho no pasaba, cada vez que lo veía caminar con Ivy por los pasillos del cuartel solo me daban ganas de ir con unas tijeras hacia la chica, cortarle los rizos y enterrarle las tijeras en los ojos para que no se acercara más a Armin... Pero el control de la ira e impulso debía mantenerlo en calma, no podía hacer eso, aunque las ganas no me faltaban.
Pieck y Hitch me dieron una noche de chicas con helado, galletas, brownies y refresco para pasar la angustia que tenía, porque además de las ganas de matar a la chica de ojos verdes... No sabía qué hacer para acercarme a Armin sin tener la impresión de que la iba a cagar nuevamente, que iba a repetir palabras venenosas sin pensarlo y que al final, en vez de que vuelva a mí, me dejaría con la mano estirada y con las ilusiones rotas. Y eso es lo que la gente no entendía, yo le rompí las ilusiones primero a Armin, yo fui la cruel, yo fui la culpable de todo, él solo quería ofrecerme lo mejor.
Ah, me cansas Leonhart.
Aunque hiciera vigilancia con Mikasa, ella me dijo que no le iba a decir nada a Armin, que si me encontraba por los pasillos sería coincidencia, pero que ninguno de los más cercanos a su círculo de amigos lo quería ver mal por mí nuevamente.
Genial, gran reputación Annie.
Estaba agotada mentalmente porque no se me ocurría nada, como en este mismo momento que estaba sola en el casino luego de almorzar. Tenía los brazos cruzados encima de la mesa y la cabeza apoyada en ellos como si de una almohada se tratase.
Pensaba... ¿Y si voy a verlo directamente a la oficina? ¿Y si voy a su casa? ¿O si lo espero que salga de su horario de trabajo? ¿Y si me consigo su número de teléfono? Quería un respiro y una siesta en ese mismo momento, quería apagar todo y desconectarme del mundo a ver si así, al volver, se me ocurría algo para hablar con él.
-Disculpa ¿Puedo ocupar el asiento de al frente? Están llenas las mesas y-...
Sin esperar que terminara la frase, levanté rápidamente el rostro.
Su voz. Maldita sea, vida ¿Por qué me odias de esa manera?
Ahí tenía al ser de todas mis jaquecas, de mis dolores de pecho y mi anhelo de querer hablar con él... Pidiéndome si podía sentarse conmigo.
Al verme él abrió los ojos de una vez, impresionando. Seguía igual de guapo... Su cabello rubio hacia atrás, esos ojos azules que tanto me encantaban, esa expresión de bebé inocente, el tono suave de su voz, la amabilidad con la que trataba a la gente. Ahí estaba, mi perdedor favorito.
-Annie... ¡Oh! ¿Cuándo llegaste? -Dijo de la nada saliendo de su shock al tiempo que dejaba su bandeja en la mesa para sentarse frente a mí sin quitarme la mirada de encima. Realmente estaba impresionado.
-Armin... -Dije apenas sin poder creerlo, él tan espontáneo y yo craneandomelas para poder ir con él.
-¿Estás trabajando nuevamente acá? -Volvió a preguntar interesado en mi respuesta, pero yo no le di ninguna, porque no podía hablar, no sabía que decir... Si supiera que una de las principales razones por las cuales yo volví era por él.
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Di mi nombre
Fanfiction"Éramos tres policías infiltrados, nuestro primer caso confidencial." "No podíamos fallar, estaba todo planeado con el apoyo de agentes diamantes infiltrados". "Debíamos salvar a esas personas". "Ella no era de ese lugar". Pareja: Armin x Annie (Aru...
