Capítulo 1
_____ Lane estaba preocupada. Estaba en medio del corral y solo veía gallinas. Las había rojas, blancas y con manchas grises, pero todas eran gallinas y faltaba alguien, Pumpkin, su hermoso gallo. Sabía dónde estaría probablemente y apretó los dientes. Iba a tener problemas otra vez. Se apartó de la cara el pelo castaño y lacio e hizo una mueca de fastidio. Volvió a mirar por el corral con sus ojos oscuros bien abiertos y con la remota esperanza de que Pumpkin estuviera buscando gusanos y no cowboys.
—¡Pumpkin!
Su tía abuela Sadie salió a la puerta. Era baja y un poco regordeta, tenía poco pelo gris y corto, llevaba gafas y la miró con preocupación.
—He visto que iba hacia la casa de los Styles, _____ —dijo la anciana mientras salía al porche—. Lo siento.
—Tendré que ir a buscarlo —gruñó _____—. ¡Harry va a matarme!
—No te ha matado todavía —replicó Sadie—. También habría podido pegarle un tiro a Pumpkin...
—¡Porque ha fallado!
_____ resopló y se llevó las manos a las estrechas caderas. Tenía un cuerpo un poco parecido al de un niño. No era ni alta, pero era esbelta y podía trabajar en el rancho, que era lo que hacía. Su padre le había enseñado a criar ganado, a venderlo, a planificarlo y a presupuestarlo. El rancho era más bien pequeño, nada especial, pero le sacaba algo de dinero. Todo había ido muy bien hasta que decidió que quería poner en marcha un negocio de huevos orgánicos y compró a Pumpkin porque un coyote había matado al otro gallo y a algunas gallinas.
—¡Es bueno como un corderillo! —le aseguró el vendedor—. Tiene un pedigrí fantástico y es muy buen reproductor, ¡te irá de maravilla con él!
Efectivamente, lo metió en el corral de las gallinas y lo primero que hizo fue atacar al viejo Ben Harrison, el capataz, cuando empezó a recoger los huevos.
—Deshazte de él inmediatamente —le avisó Ben mientras ella le curaba las heridas de los brazos.
—Se adaptará. Está algo nervioso porque es un sitio nuevo para él —le aseguró _____.
Se rio al recordar aquella conversación. Podría haber devuelto al gallo metido en una caja al vendedor, pero le tomó cariño a ese asesino con plumas. Desgraciadamente, a Harry Styles no le pasó lo mismo.
Harry Edward Styles era el hombre con el que soñaba cualquier mujer. Era alto, musculoso, sin que se notara, culto y tocaba la guitarra como un profesional. Tenía el pelo castaño y ondulado, unos ojos verdes enormes y una boca tan sensual que había soñado muchas veces con besarla. El inconveniente era que Harry estaba enamorado de Odalie Everett, su otra vecina. Odalie era la hija de Cole Everett, un próspero ranchero, y de su esposa Heather, quien había sido cantante y compositora de canciones. Tenía dos hermanos, John y Tanner. John seguía viviendo allí, pero Tanner vivía en Europa y nadie hablaba de él. A Odalie le encantaba la ópera, tenía una voz tan bonita como la de su madre y quería ser soprano profesional. Eso exigía una formación muy especializada.
Harry quería casarse con Odalie, pero ella no podía verlo ni en pintura. Se había ido a Italia para estudiar con un famoso maestro de canto. Harry estaba muy alterado y la cosa se complicaba si su gallo no paraba de meterse en sus tierras y de atacarlo.
—¡No entiendo por qué se empeña en ir hasta allí para atacar a Harry! —exclamó _____—. Quiero decir, ¡aquí también hay cowboys!
—Harry le tiró un rastrillo la última vez que vino para ver uno de tus toros —le recordó Sadie.
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