capítulo 11

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A partir de ese único día en el verano, Alexander había quedado totalmente enamorado de Amelia, y el inconveniente es que no sabía si en algún punto en su vida sabría algo de ella o la volvería a encontrar. 

-Wey supérala.-refunfuñaba continuamente el mejor amigo de Alexander, Santiago. 

Santiago no era una persona que se estancaba rápido con las personas. Este niño de 15 años tenía pelo rubio con ojos verdes y tez blanca, mexicano. A decir verdad, ni Alexander y mucho menos Santiago recuerdan como se hicieron amigos, pero desde ese entonces en primero de secundaria se han contado todo como si hubieran crecido como hermanos. Santiago era una persona que no le importaban muchas cosas, más bien, actuaba como si todo le diera igual. Aunque este le importaban demasiadas cosas, Alexander sabía perfectamente eso.  Tanto él como Amelia son muy buenos leyendo a las personas desde el momento que las conocen. Y aún así, ninguno de los dos tórtolos había podido leer al otro aquella tarde en Londres. Lo único que Alexander no supo leer de Santiago, es que este estaba un poco enamorado de él. 

-No puedo.-contestó Alexander determinado. 

-Por qué? Siempre has sido una persona que fácilmente supera a alguien más. Recuerdas como te estancaste en una depresión por tu ex? Exacto, nunca has sido el tipo de persona que se queda con la misma persona en la mente por meses, además de que a duras penas estuvieron juntos. Cuántos minutos hablaron?

-Veinte. Más o menos.-contestó demasiado rápido el chico de ojos verdes y cabello castaño recostado boca arriba sobre su cama.

-Ves, parece que te enamoraste de ella...

-Y qué si sí lo hice?-interrumpió Alexander de manera brusca a su amigo.- Es que tu no estuviste ahí. Imagínate esto.

-Y ya vas a contarme tu historia de amor otra vez. Bueno pues ya que.- se acomodó Santiago en al otro extremo de la cama de Alex.

-Estaba en un restaurante, casual, comiendo en una terraza en Londres y de la nada un dj me jala para hacer que suba al escenario. La cosa aquí es que también la subió a ella. A la niña que había visto unos meses atrás en un centro comercial. Ella llamó mi atención desde ese día, en ese vestido verde con flores que tenía, ese pelo ondulado y la naturalidad de su sonrisa con sus amigos. Y nos volvimos a encontrar en un aburrido verano. Canté con ella, que hermosa voz tiene, dios. Y luego la invité rápidamente a que diéramos un pequeño paseo cerca del restaurante. Y durante ese paseo, no sé que pero supe que ella era especial, única, que nunca iba a encontrar a alguien que si quiera le llegara a los talones. Cuando fuimos al callejón, la mirada en sus ojos cuando lo vio, si fuera lo único que vería el resto de mi vida estaría satisfecho, aún más que eso. Y su forma de ser, le gusta mi humor Santi, le gusta mi humor! Y ella es sarcástica, espontánea y todo el tiempo sentí que podía hablarle de toda mi vida sin que me juzgara. Siento que la conozco de algún lado, pero nunca la había visto antes de ese día en la plaza. Amelia, ah Amelia, de verdad que eres una en tu clase.-todo esto, Alexander lo dijo con una emoción que nunca había visto Santiago, que se preocupó por su amigo enamorado. 

-Wow.-exclamó Santiago, rompiendo el breve silencio de manera desanimada que quedó después de que Alexander, totalmente enamorado de Amelia contara la historia que había repetido millones de veces, solo que esta vez la dijo diferente, con emociones diferentes.-Entonces de verdad te gusta?- dijo un poco desanimado Santiago.

-Pues sí, pero es más que eso. Es como si ella fuera una persona que estaba destinado a encontrar.

-Por qué crees eso?-se indignó Santiago. 

-Por la seguridad que me da, canté en público con ella wey, nunca me hubiera animado a hacer eso, pero cuando la vi en el escenario fue como si estuviera compartiéndolo con alguien que supiera todo de mi y espero que vice versa. 

-Y? igual y es una coincidencia.

-Ok tienes un buen punto, una vez es accidente, 2 es coincidencia. Igual y solo yo soy el que se sintió así después de nuestro encuentro.- se desanimó Alexander. Santiago lo notó inmediatamente.

-Alex, mira. Tu eres un wey increíble, y si ella no te vio de la manera que tu la viste, pues se pierde de demasiado campeón.-Alexander sonrió ligeramente a este comentario.-Y sabes qué, te voy a ayudar a superarla, igual y no la olvidas pero que tal si conoces al alguien diferente eh? mmmm ya sé! Me invitaron a una fiesta este viernes, y pues que tal si le pides a tus papás permiso para ir conmigo.

-Crees que me dejarían ir?-se interesó más Alexander, esto alegró a Santiago, le dio esperanza. 

-Pues si digo que voy yo y además que es la casa de una de las niñas más responsables de instituto creo que sí te dejarían.

-Gracias wey.

-De nada.

-No en serio, gracias.

Santiago salió de la habitación pues era hora de regresar a su casa.

-No, gracias a ti Alexander Summers, por existir y ser una luz en mi vida.-dijo Santiago en un tono de voz tan bajo pues no quería que nadie supiera el desquiciado amor que tenía por Alexander. 

Santiago había desarrollado un gran amor por Alexander que simplemente se volvió tóxico. Él era el tipo de persona que diría "si yo no lo puedo tener, nadie lo tendrá". El plan de Santiago consistía en enamorar poco a poco a Alexander para que terminaran juntos. Aunque esa tal Amelia que conoció bien en Londres había complicado muchas cosas para Santiago. Aunque volvió a ir por buen camino para él cuando Alexander aceptó ir a la fiesta de ese viernes. Todo iba a estar bien, o no. 

-Santiago! Ya llegaron por ti.-gritó desde la parte de abajo de la casa la madre de Alexander.

-Ay voy señora.

Alexander simplemente tenía sentimientos mezclados. Un amor hermoso por Amelia, aunque tristeza y decepción por nunca haberla vuelto a ver. Un bello sentimiento de agradecimiento hacia su amigo que lo apoyaba, de alguna manera.

Ese viernes iba a ser memorable, para todos. 



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