Ahora mismo, en la azotea de un hotel cualquiera de la capital, bajo la luz de la luna y bajo la mirada de las estrellas, te digo que creo que enamorarse es como darle a alguien una pistola cargada, colocarla apuntando a tu corazón y esperar a que no apriete el gatillo. Pero un día aprieta, y lloras mientras sientes cómo te desangras. Buscas la sangre y no la encuentras, porque esa, es la única bala que crea hemorragia interna. Pero aún así la notas, en el centro del pecho un poco desplazada hacia la izquierda. Pero llega un día en el que no duele, en el que la sangre solo fluye, en el que la bala está fija en un punto y no se mueve, y dejas de sangrar.
NARRA DANIEL
Abrí los ojos lentamente pues aún con ellos cerrados noté la excesiva luz que intentaba penetrar en ellos. Cuando conseguí mantenerlos abiertos durante más de 2 segundos, fui consciente de dónde estaba. Había pasado la noche en la azotea y lo primero que pensé al darme cuenta de aquel hecho, fue lo que la noche anterior le había dicho a Ginés.
-Voy a dormir aquí y no, no voy a huir.-
Cerré los ojos y apoyé la cabeza en la pared. Le había mentido y todo porque soy un cobarde.
Miré mi móvil, el reloj de la pantalla de bloqueo marcaba las 6:37 AM de un día cualquiera en la capital del país. Cogí el teléfono y bajé corriendo a la habitación. Habitación 412. Estaba tan nervioso que no era capaz de abrir la puerta. Cuando conseguí abrir la puerta, fui corriendo hacia Ginés, el cual seguía dormido.
-Ginés, Ginés- Le dije un poco agitado.
-Ginés, despierta-Le repetí mientras le movía lentamente.
-¿Qué haces?-Me dijo con los ojos cerrados.
-Despierta por favor, necesito que veas una cosa.-Le insistí.
Al cabo de unos minutos, Ginés estaba despierto y yo, mucho más nervioso que antes.
-Corre, coge una camiseta y vámonos- Le dije.
-Que coja ¿qué? ¿puedes relajarte y decirme qué pasa?-Preguntó.
-No preguntes, de verdad, confía en mí, no te vas a arrepentir.- Le supliqué y asintió.
Le agarré de la mano y empecé a correr escaleras arriba. Empecé a llenarme de adrenalina y cuando llegamos, ocurrió. 6.54 AM. Estaba amaneciendo.
Me giré y miré a Ginés, el cual estaba sonriendo mientras miraba el cielo. Se sentó en el suelo sin soltarme la mano y después me senté yo.
Me hacía feliz verlo feliz, y por primera vez desde que llegamos a Madrid, mi mejor amigo estaba liberando serotonina.
Me acerqué a su oído y le susurré.
-Sigue mirando al cielo, pero escucha esto-Asintió mientras juntaba su oído y mi boca.
Cogí mi teléfono, entre en mis audios y le di al play. Ginés empezó a sonreír. Volví a coger su mano y admiré la manera en la que mi mejor amigo disfrutaba de mi música y de aquel precioso amanecer. Y es que parecía que la canción estaba hecha para aquel momento, que pedía ser escuchada delante de un amanecer y cuando todo a nuestro alrededor se estuviera derrumbando.
Cómo quieres que me enfade, empezó a escribirse en Valencia, cuando Ginés estaba ingresado en el hospital después de aquel coma etílico. Ese día supe que él no era una persona cualquiera, que si a él le pasaba algo, yo me rompía en mil pedazos.
NARRA GINÉS
Os prometo que cuando vi que eran las 6 de la mañana, quería matar a Dani, pero ahora...ya no me apetece matarle.
No ha dormido en la habitación, eso es evidente. Podría estar equivocado, sí, pero estoy seguro de que no me equivoco porque no he dormido en toda la noche, de hecho llevaba dormido menos de media hora cuando llegó a despertarme para traerme hasta aquí.
Cuando amaneció, salí del precioso trance en el cual me sumergí hace escasos minutos y miré a Dani. Lo vi mirándome y le sonreí.
-Gracias- Le dije.
Me sonrió y negó con la cabeza.
-¿Cuándo sacas esa canción?- Pregunté.
-¿Cuándo quieres que la saque?- Me respondió.
Lo miré incrédulo, pues no entendía a qué se refería. Creo que él también lo notó, ya que después añadió.
-El tema es tuyo-
-¿Mío?- Pregunté.
-Sí, tuyo, ¿cómo quieres que me enfade contigo, si me miras así?- Me dijo mirándome a los ojos.
Me puse nervioso bajo esos ojos azules y desvié la mirada.
NARRA DANIEL
No quería que pasase otra vez, quería arreglar las cosas de una vez así que cuando vi que desvió la mirada, agarré su cara y besé su mejilla.
Apoyó la cabeza en mi hombro y cerró los ojos, a los segundos, bostezó.
-¿Tienes sueño?-Le pregunté.
-No no, estoy bien- Me respondió.
-Venga, anda, vamos a la habitación, necesitas dormir- Dije.
-No- Negó.
-¿Por qué?- Le pregunté.
-Porque no quiero que te vayas-Dijo después de agachar la cabeza.
-Hey- Dije levantando su cabeza haciendo que me mirara a los ojos- ¿A dónde iba a irme?-Le dije preocupado.
-Pues...no sé, lejos de mí- Dijo triste.
-Gin, yo nunca me alejaría de ti, no puedo- Dije para después abrazarlo fuerte.
-Te quiero mucho-Susurré entre su oído y su cuello.
-Te quiero Dani- Dijo él.
-¿Vamos a dormir?-Asintió.
Por el pasillo, de camino a la habitación ya empezaba a verse al resto de integrantes del hotel, iban a desayunar.
Cuando llegamos, Ginés se tiró, literalmente a la cama. Abrazó la sábana y en menos de 5 minutos ya estaba dormido.
Me tumbé a su lado, y mientras miraba cada uno de sus rasgos faciales, me dormí.
NARRA GINÉS
Abrí los ojos y vi que el reloj digital que había en la pared marcaba las 12:30 PM así que no me di prisa en ir a desayunar ya que era más fácil esperar a la hora de la comida.
Estaba incómodo por lo que me giré y vi a Dani abrazado a mí. Sus brazos estaban envolviendo el mío y entonces, le miré a la cara, sus rasgos faciales denotaban un completo estado de paz, y eso me hizo sonreír.
Mientras le sonreía al completo estado de paz de Dani, éste empezó a abrir los ojos. Cuando se percató de que le estaba mirando, empezó a sonreír y se tapó la cara en señal de vergüenza.
-Buenos días rubio- Dije para después empezar a reírme.
-Buenos días a ti, que tienes la suerte de despertarte a mi lado-Dijo Dani.
Empezó a reírse cuando después de decir eso le di con una almohada en la cabeza.
-AUCH-Se tocó la cabeza-ESO HA DOLIDO-Dijo fingiendo que lloraba.
-¿Ha dolido?-Asintió él.
-Que pena ¿Quieres un besito?-Pregunté.
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RECUÉRDAME; Walls
FanfictionMe llamo Chloe Martínez, nací en Murcia y ahí pasé los mejores años de mi vida. Mis padres se querían y eran felices. Yo era feliz, le tenía a él. Ginés Paredes. Era mi mejor amigo y vecino. Desde pequeños recuerdo que hacíamos maratones de pelis y...