Se me paró el corazón en seco, por un momento pensé que había muerto. Su mirada seguía fija en mí, intentando descubrir de que me conocía. Quería decirle que era yo, que ahora podíamos estar juntos, pero mi cerebro no procesaba deprisa todo aquello y yo no podía hablar.
- Soy…soy yo
Se apartó de mí mirando todas las sirenas de alrededor confundidas. Nadie recordaba nada, no puede ser. No me puede estar pasando esto. No quería que se fuera, no quería que huyera. Lo agarré de la mano fuerte, impidiendo que se marchara. Cerré los ojos e intenté despertarme en otro lugar, pensando que todo esto era un sueño. Pero no era así.
Las demás sirenas huyeron aterrorizadas, y todos sabemos lo que eso significa. Hay más. Cuando lo solté oí una voz cerca que decía “Ann…” Reconocí esa voz, era Lilly. No puede estar pasándome esto, no a mí.
Me di la vuelta y vi que había dos hombres que la tenían cogida, esto no tenía que pasar. Tenían que ayudarnos las demás. Busqué desesperada pero no había nadie con intención de ayudarnos. Habían cogido a Iván, por mi culpa.
- ¿qué queréis? – pregunté con lagrimas en los ojos.
El hombre de la derecha sonrío y dijo:
- ¿nosotros? Matarla, es humana, ¿No es así?
No. No. No.
Me acerqué a ellos. Les miré a los ojos.
- Dejad que nos marchemos.
- ¿Por qué íbamos a hacerlo? – oh maldita sea, no funciona.
Cerré los ojos, respiré hondo. Puedo volver a hacerlo.
- ¡Dejadnos marchar!
Uno de los hombres que tenía a Iván carraspeo y dijo:
- ¿Quieres hacer lo correcto? Has soltado a las sirenas y tritones, ¿no creerás que habríamos sido tan tontos de tener los humanos aquí, o no? – hizo una pausa de unos minutos y luego continuó. – Olvidaremos lo que has intentado hacer. Con una condición.
- ¿cuál?
- Mátala. Y luego a él. Si lo haces, marcharás.
- Me importa más su vida que la mia.
- Por eso queremos que los mates.
Me acerqué a ella.
- No vas a hacerme daño, tranquila. Canta, rápido. – dijo sonriendo entre lágrimas
Entonces comprendí a que se refería, el colgante. Seguía puesto en ella.
Justo cuando iba a empezar mi canto de sirena alguien me arrebato la posibilidad de que siguiera con vida. Le quito el colgante.
- ¿No creías que habíamos sido tan tontos, o si?
El corazón empezó a latirme mucho más deprisa, la sangre bombeaba rápido y mi respiración era agitada. No puedo hacer esto.
- No voy a matarlos.
- Hazlo o te mataremos
Pensé en mi madre, pensé en mi padre. ¿Qué harían ellos en una situación como esta? Ellos nunca abandonarían, seguirían luchando, hasta encontrar una salida.
Ellos no la matarían.
- He dicho, que no voy a matarlos. – dije cerrando los ojos con fuerza.
- Está bien, cómo quieras. – dijo uno de ellos.
- ¿Qué?
- He dicho que si no los quieres matar no los mates.
Oh dios mío.
- Soltadlos. – no falto un minuto para que lo hicieran. – Ahora decidme, dónde están los humanos.
- Están en la parte de abajo del castillo, en las mazmorras.
- Ahora morid.
No espere a que se mataran.
- Tenemos que sacarlos. Lilly, tienes que salir de aquí.
- No puedo.
- Tienes que…
- No puedo, han hecho un hechizo después de que salieran las sirenas, nadie puede entrar, ni salir.
- ¿cómo se supone que saldremos?
- No podemos salir. – dijo Iván.
- Vamos abajo. – dije sin importar lo que pudiera pasar.
Cogí a mi hermana del brazo, y bajamos los tres lo más deprisa que podíamos. Al llegar abajo vi que había una sirena vigilando las mazmorras.
Suspiré. No puedo con una sirena.
Sentí ese cosquilleo en el cuello, justo cuando sabes que algo pasará. Y supe que pasaría. Supe que era Iván.
- Yo sí. – dijo.
La sirena era de color azul cielo, nunca, había visto una sirena así. Eso no era una sirena normal. Estaba de espaldas, y no podía ver quién era.
Oí un ruido, había alguien acercándose. Por suerte, era hombre. Fui directa a él. - ¿Qué? ¿Cómo has salido?
Era un hombre con un cinturón, lleno de armas contra humanos, pero por lo visto, a mi me serviría el cuchillo.
Mamá, Papá. Puedo hacer esto de nuevo.
- Dame tu cuchillo. – me lo dio.
No espere ni un minuto antes de clavárselo y regresé dónde estaba mi hermana.
- Ann… no ha funcionado.
- ¿Por qué no?
- Eso no es una sirena.
Miré hacia dónde estaban. Ella estaba de espaldas, cogiéndolo del cuello y apretándolo a la pared. Mientras él le pedía que lo soltara, lamentablemente no cedía. ¿Por qué no funciona? ¿Quién es?
- Espérate aquí. – le dije.
Corrí apartándola de Iván con todas mis fuerzas incluso más, y la atrapé en una pared mientras él intentaba coger aire.
Antes de clavarle el cuchillo mire su rostro, y la reconocí.
- Mamá…
