Capítulo XIV

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Estube unos minutos quieta, no podía hablar. Iván no ha podido estar a punto de matar a su propio hermano. No puede ser. Algo pasa. Él no es así. 

- Él no es así. - le dijé

- Tenemos que saber que ocurre. Vamos a ver a Kim. 

Me recorrío un escalofrío pero asentí. Tenemos que arreglar esto. 

Cuando encontramos a Kim decidimos ir a hablar a un lugar más privado. Sus palabras fueron: No queremos que todo el mundo se entere de esto ¿o si?

No sé que quería, pero des de luego no iba a ponerme a discutir. 

Cuando llegamos a su casa dijo: 

- No sabemos que le han hecho en ese sitio. Tal vez los han castigado. No sabemos que le pasa. Pero no puede salir así, es peligroso para el mundo. - dijo, luego me miró y suspiró - Tal vez no deberías haberle dado la memoria. 

O tal vez sí. No podía dejarlo sin recuerdos, eso es mucho peor que cualquier otra cosa.

-       Quiero verlo. – digo. Y no hay nada ni nadie que pueda detenerme para hacerlo.

-       Tú no puedes… casi me mata – dijo Thomas.

Kim se queda pensando en la posibilidad que lo vea, realmente pensé que no me dejaría.

-       Tal vez tenga que hacerlo, sólo ella puede. Le ama, ¿no es así? No le hará nada. –  aseguró y yo suspiré de alivio.

Thomas no estuvo de acuerdo así que no me dieron mucho tiempo, después de todo lo que había pasado, yo seguía confiando en Iván. Él no me hubiera dado por perdida, de eso estaba segura.

Me llevaron en una habitación cerrada, que sólo se podía abrir por fuera y me dejaron sola. Me dijeron que no la abriera, qué podía escapar y ser peligroso.

Estaba exhausto, se notaba que había intentado salir por todos los medios posibles. Estaba sudado y tenía los parpados cerrados, aún así sé que no dormía. Le oía respirar agitadamente, y me dije a mi misma que él estaría bien.

-       Iván. – lo llame, aunque sé que había notado mi presencia allí.

-       ¿has venido a ver cómo muero de hambre? – preguntó

-       Me recuerdas, ¿no es así?

Él se levantó del suelo y se acercó hacía mi. En ese momento tuve miedo. Me miraba con odio.

-       Te recuerdo. Recuerdo que te quería, de hecho te quiero. No sé por qué hiciste eso. Dejaste que me cogieran.

Esas palabras chocaron frente a mí. Él pensaba que yo había tenido la culpa de todo, y lo pensaba de verdad. El corazón se me aceleró y respiré intentando tranquilizar mi pulso.

-       Yo no dejé que te cogieran. Tú, me pediste que huyera con el collar. Para que así pudiera encontrarte.

-       Eso hice. ¿Y me hiciste caso? Preferiste darle el collar a tu querida hermana y poner tu vida en peligro qué encontrarme con el collar.

-       Kim me dijo que me habías mentido. Qué el collar no era para eso, me dijo que era para proteger a los humanos del canto de lo sirena.

-       ¿Un collar no puede servir para dos cosas?

El mundo se me cayó encima.

-       Yo vine a buscarte.

-       Tardaste. Me torturaron ahí a dentro. Lo recuerdo. Tal vez las miles de sirenas que están ahí a fuera intentando recordar no saben lo que pasó. Pero yo sí. Y te aseguro que prefiero no recordar. No recordar todas esas veces que estuve al borde de la muerte pensando que ibas a venir y no lo hiciste.

El canto de la sirenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora