Capítulo XIII

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Aquellos escasos segundos fueron una infinita eternidad para mí, quería que me hablara, quería que pronunciara mi nombre, quería que lo recordara todo. Quería que me besara.

Pasó algo peor.

-       ¿qué? ¿qué? ¿qué ha pasado? – gritó apartándose de mi

-       Iván… ¿me recuerdas? – pregunté tocando su hombro

Él se movió para atrás con una expresión de miedo en la cara, hay algo que no entendía. ¿Me tenía miedo?

-       No… no… no me toques. – dijo asustado

-       ¿Qué ocurre?

-       Ellos, ellos…me torturaron.

Nada más dijo esas palabras yo me sentí como si todo el miedo, el dolor y la angustia que sus ojos reflejaban estuviera atrapado dentro mío.

No sabía que decirle, no sabía si abrazarlo o irme de allí, no sabía qué hacer.

-       Yo… yo… lo siento – logré decir

-       ¿qué eres? – me preguntó

-       Yo… fui a ver a Share. – dije.

-       ¿Qué? – se aproximo a mí y me cogió de los hombros y me aplastó a la pared - ¿por qué hiciste eso? ¿por qué? Hubieras podido morir.

-       No morí, estoy bien.

-       Vete, vete o te mataré

No podía lo que acababa de procesar en ese momento, sólo sé que quise gritar pero me tapó la boca. El miedo me inundó. No sabía qué era lo que estaba pasando.

-       Apártate de ella – dijo una voz que yo conocía.

Él se apartó de mí, y se dirigió hacía el.

-       Oh… Thomas. Eres humano, no tienes nada que hacer.

-       Sé que no me harás daño. – dijo seguro de sí mismo.

-       ¿en qué te basas para pensar semejante estupidez?

-       Eres mi hermano.

-       Nunca nos llevamos bien.

-       Cuando éramos pequeños sí, sé que no me harás daño.

Un momento, ¿eran hermanos?

El mundo daba vueltas, o tal vez era mi cabeza, que no podía procesar todo tan rápido. No quería quedarme parada sin hacer nada, no quería que ninguno de los dos muriera. Así que, intenté buscar algo, a mí alrededor, que me sirviera.

Miré en el estanque. Había una piedra. Con prisas, fui a cogerla. La alcancé y se la tiré a la cabeza a Iván antes de que pudiera seguir hablando, él se cayó encima de Thomas que lo intentaba aguantar.

-       ¿hermanos? – pregunté sintiendo que me habían mentido todo este tiempo.

-       Sí, hermanos. Tenemos que llevarlo abajo.

Asentí y lo cogí del otro brazo, lo llevamos a bajo.

-       ¡Kim! – llamé.

Lo miré, tenía la cara caída hacia el otro lado y un poco de sangre en la parte de atrás de la cabeza.

-       ¡Kim, ayúdame! – grité

En pocos segundos apareció una Kim con cara de preocupada, con una mirada que decía “¿Qué coño ha pasado aquí?

-       Tienes, tienes que encerrarlo. – dijo Thomas

-       ¿qué?

Iván movió un poco el dedo, y su respiración se agitó.

-       No preguntes, hazlo, ahora. – dije

Ella se lo llevó.

No podía creer que le acabara de tirar una piedra a la cabeza de Iván.

-       Tenemos que hablar. – dije mirándolo.

Asintió con la cabeza e hizo una seña con el brazo para que lo siguiera. Entramos en el palacio, en una habitación dónde podíamos estar solos.  

-       Supongo que tienes preguntas.

-       Sí, no entiendo nada. – dije

-       Supongo que te acordarás que yo tenía un hermano – hizo una pausa – hace tiempo, cuando éramos pequeños éramos los mejores amigos, siempre estábamos juntos. Él Iván de aquella época hubiera dado su vida por mí.

Entonces recordé.

Yo estaba jugando en un parque, con la arena. Y de lejos vi dos niños corriendo y jugando. Tenían unas hermosas sonrisas y oí decir a Iván “Te quiero hermano” A lo que el otro respondió con una sonrisa. Lo primero que pensé en ver aquella imagen, en aquellos tiempos fue “Quisiera que algún día, alguien me quisiera como ellos se quieren”

-       Tu hermano pequeño…

-       Sí, era él.

-       Tu hermano había muerto

-       Eso no fue lo que pasó. Un día mi padre dejó a mi madre, pero ya sabes cómo es él. Sólo busca las cosas en su beneficio. Se llevo a mi hermano, en ese momento pensé que se lo llevó por qué él era el más guapo, el más atlético. Pero no fue así. Un padre quiere a sus dos hijos por igual, ¿Sabes? Siempre y cuando seas hijos suyos.

Entonces caí. Comprendí todo. Su madre le había puesto los cuernos, Iván no era su hijo. Por eso la dejó.

Él se dio cuenta de que lo había entendido.

-       Es normal que no lo hubieras reconocido. Ha pasado mucho tiempo.

-       Yo… no entiendo por qué dijisteis que había muerto.

-       Mi madre es muy orgullosa, y no quería que la ciudad se enterara de todo esto. Las noticias corren muy deprisa.

-       Tu madre provocó el incendió en el que murió tu padre y tu hermano, o eso queríais que pensáramos.

-       Así fue, siento haberte mentido.

Suspiré.

-       No te preocupes.

Me senté en un lado.

-       ¿Cómo supiste que era él?

-       No lo supe hasta que nos sacó de allí. Me di cuenta por su forma de actuar. Mi hermano siempre hace eso. Siempre…tiene en cuenta lo que debe a la gente. No quiere deber nada nunca. Entonces caí, se llamaba Iván, se portaba igual, y cuando pudo cruzar…supe que también había sido humano.

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:)

Besos 

El canto de la sirenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora