Epílogo.

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Se dice que cuando la novia va de camino al altar todo el mundo la mira, pero yo vi una pelicula en que dicen que es mejor mirar la sonrisa de atontado del novio. Y supongo que este es el mejor momento para comprovarlo, ahora que no puedo mirar a la novia, porque soy yo. 

Tal vez les extrañé, no lo sé. Solo sé que ahora mismo me siento afortunada, realmente afortunada de todo lo que ha pasado. Han pasado tres meses, tardó dos semanas en que toda la gente volviera a sus casas. Una vez todos hubieron vuelto empezaron a olvidar, menos yo y Iván. Nosotros nos acordabamos de todo. Su madre había vuelto hace apenas un mes, y entonces él volvió a sonreir y no dudó en pedirme matrimonio.

Ni siquiera dude un solo segundo en decir que sí. Ahora esta enfrente mío, mirandome como tonto. Ni siquiera escuchabamos el señor que nos estaba casando, aunque supongo que él si escuchó la parte de "puede besar a la novia" porque lo hizo. Mi padre no dudó en dejarnos casar, a pesar de ser tan jovenes. No podía dejar de pensar en que es lo que estaria pensando de mamá ahora, si no recuerda nada no sabrá como murió. Pero supongo que es mejor no preguntar. 

- ¿Sabes a dónde vamos ahora, no?

- Sí, justo el momento de la luna de miel. 

- No se vayan, esperen! - gritó mi padre justo antes de que pronunciaramos el nombre que nos llevaria directos al sitio que deseabamos ir. 

- Papá...

- No se metan en problemas. - dijo y me dio un beso en la mejilla. - Saluden a Kim de mi parte. - dijo justo antes de que Iván pronunciara "Share"

Él recordaba todo. 

Y estaba feliz por ello. Por fin podria ver a Kim.

El canto de la sirenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora