Capítulo XV

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Le di la mano y le sonreí demostrándole que yo estaba ahí para él igual que él había estado para mí estos seis meses. Demostrándole que no me importaba que haya matado a mi madre. Tal vez sí me importaba, pero yo podía perdonárselo. Esa no era mi madre.

Abrí la puerta y le indiqué que me siguiera. Thomas hizo una cara de asustado cuando nos vio cogidos de las manos, no sabía que pensar. No sabía si yo me había dejado llevar por las emociones, que en cierta manera así fue. O si lo había logrado. No tardó mucho en descubrirlo.

-       Lo siento. – dijo – Siento haberte odiado todo este tiempo, y siento haber intentado matarte.

-       Eres mi hermano, y siempre lo serás.

-       No sé si os acordáis, pero tal vez mi padre siga ahí, tenemos que sacar a los humanos de ese ¿Trance? – interrumpí.

Kim sonrío y me dijo “Ann, puedes parar de salvar el mundo si te apetece” y todos se echaron a reír.

-       Tal vez vuestra madre este ahí, ¿Ya no estáis para bromas? Tenemos que volver a ver a Share. – aclaré captando su atención.

-       Si vamos a ver a Share, no nos dará lo que queremos porque si, tendremos que superar una serie de pruebas. – dijo Iván.

Si eso es lo que tenemos que hacer, lo haremos.

Decidí no discutir sobre esto ahora. Tenía que marcharme a ver a mi hermana. Lilly.

-       Lilly. – la llamé en palacio. Ella apareció minutos después - ¿cómo estás, después de lo que pasó?

-       Mi madre ha muerto, pero no es nada nuevo, yo ya pensaba que estaba muerta. Aún así dolió. – hizo una pausa, no sabía que decirle. – Esa no era nuestra madre, lo sabes ¿no?

-       Claro que lo sé, ella no hubiera intentado matarme. ¿Por qué de entre todas las personas tuvo que ser ella la que encontramos ahí abajo? – pregunté.

-       No lo sé.

-       Lilly… ella sabía que esto pasaría, no puedo explicarlo. Me dijo que yo era su vida. No puedo olvidar esas palabras.

-       ¿Él sabía esto? – preguntó.

-       No sé cómo, y no sé si mamá lo sabía, pero estoy segura que él sí.

-       No me sorprendo, en este mundo cada vez pasan cosas más raras. – no sólo en este. – Dime ya lo que has venido a decirme, se te nota en los ojos.

-       Tengo que ir a ver a Share.

-       Lo entiendo, tienes que salvar al mundo, otra vez.

-       No Lilly, no tengo que salvar el mundo. Tengo que salvar a papá. Ahora que sé que puede estar vivo no voy a darme por vencida.

-       Él estaría orgulloso de ti Ann – me aseguró.

***
Agradecí haber pasado ese momento con mi hermana. Pero todo esto podía esperar. Tenía que echarme una siesta.

Cuando desperté tenía ganas de morir. Lo que menos me apetecía en ese momento era irme a esa dichosa cueva. Por mi padre, tenía que hacerlo.

Fui a buscar a los dos hermanos.

-       Podemos irnos ya.- aseguré.

Ellos asintieron, parecía que acabaran de solucionar todo, cuando un problema se acaba otro empieza.

Llegamos a la cueva unas horas más tarde, aparcamos la nave submarina y entramos.

-       Share. – la llamé.

-       ¿Qué necesitáis ahora? – preguntó.

-       Los humanos… ¿Qué tienen? – preguntó Thomas.

Nos sentamos a su lado, rezando para que hubiera una solución.

-       Son sus marionetas, cuanto más tiempo pasé más habrán desparecidos sus recuerdos. Tenéis que saber que los del grupo uno son muy poderosos. Tenéis que sacar a esos humanos-marionetas de ahí ya.

-       No podemos, ellos… no saben lo que hacen. – dije recordando a mi madre muerta.

-        No tenéis tiempo que perder. – aseguró Share. – Puede que algunos aún estén salvables. Tenéis que calar lo más profundo de su corazón, pero tenéis que daros prisa.

-       ¿Cómo se supone que vamos a hacer eso? No conocemos a la mayoría.

-       No podéis hacerlo con aquellos que no conozcáis, encontraré una solución, solo necesito tiempo. Justo lo que no tenemos, tenéis que adelantaros.

-       Hay algo más… - empezó Iván – pero quiero saber cómo dices la verdad, siempre quieres que superemos una prueba para todo, porque ahora no.

-       Porqué es mi mundo el que está en peligro, no el vuestro. Y para demostrároslo os diré algo. Cuando todo terminé, podréis volver a vuestra casa.

-       ¿A palacio?

-       A vuestra casa. – repitió y supimos a que se refería. – Y ahora, voy a daros unas pócimas para que os las bebáis, y así no se puedan meter en vuestra mente. Eso te curará. – dijo mirando a Iván.

El canto de la sirenaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora