Me daba miedo abrir los ojos, tenía miedo que algo hubiera salido mal. O simplemente tenía miedo que Share nos hubiera traicionado. Pero no tarde mucho tiempo en darme cuenta que todo iba bien, cuando un dolor atroz inundó la palma de mi mano. Nadie me había dicho que esto iba a doler. Al principio ni siquiera me fijé en dónde estaba o a quien tenía alrrededor. Tenía mi atención puesta en la palma de la mano, mientras se dibujaba una estrella negra, tal cual nos había dicho Share. A medida que pasaban los minuos el dolor iba disminuyendo, y fui capaz de levantar la cabeza para mirar a mi alrrededor. Estaba en el parque ese dónde vi a Iván irse con el coche por ultima vez. Cuando era pequeño. Pero algo iba mal. Algo iba jodidamente mal.
¿Por qué no había nadie a mi alrrededor?
Estaba jodidamente preocupada. Para empezar no se oía nada sin contar los pajaros de los árboles. Todo estaba completamente desierto. Mi mayor preocupación es que me quedara aquí sola para siempre. SIn poder volver. Sin poder traer a todos de vuelta.
No sé cuanto tiempo me quedé ahí parada esperando a qué algo ocurriera. Pero nada pasaba y decidí que no podía quedarme parada en medio del parque toda una vida. Así que, tenía intención de irme a casa. Ver cómo estaba todo.
Entonces oí que alguien gritaba mi nombre desde atrás mío. Era Iván. No supe cómo sentirme cuando lo vi, aliviada supongo. Era la primera vez en muchos años que le veía sin una barrera de agua de por medio. Mientras caminaba a mí empezó a sentir un dolor agudo en la mano, y empezó a gritar. Supongo que eso sería buena señal. Pero ahora mismo no estaba segura de nada.
Pasaron unos minutos más y pudo venir hacía mí para besarme. Ese beso fue tierno, lo que yo necesitaba ahora mismo. Saborear el momento. Nunca tuve la oportunidad de estar sola, realmente sola con él. Y una parte de mi quería no volver a tenerla. Toda esa gente iba a volver.
- ¿Dónde se supone que estan todos? - dijo al separarse de mi boca.
- Supongo que no puede con todos a la vez. No sé, espero que los mande. Tengo miedo. Quiero ver a mi hermana. - dije casi en un susurro.
- ¿Quieres que la esperemos?
No sabía que responder a eso, sí, claro que quería esperarla pero no sabía cuanto iba a tardar en traerla, ni si iba a volver. Y yo realmente quería entrar en mi casa de una jodida vez.
- Entiendo, quieres ir a casa.
Me sentia malditamente egoista, pero tenía razón.
Estaba ansiosa por llegar, y preocupada de que Lilly apareciera en el parque y yo no estuviera ahí para esperarla. Cuando vi mi casa de lejos el corazón me empezó a latir alocadamente. Tenía miedo y no sabía que hacer para detener esa horrible sensación. Abri la puerta, con la llave de debajo de la alfombrilla. Entonces fue cuando me olvidé que Iván seguía a mi lado, entonces fue cuando alejé su mano de la mía. Entonces fue cuando vi la foto de mi madre. Entonces fue cuando todo el mundo se me vino encima.
- No llores - cuando me dijo eso fue cuando me dí cuenta que había estado parada por un tiempo enfrente de la foto de mi madre. Con la cara empapada en lagrimas.
Me abrazó y me llevó al sofà. A medida que pasaban las horas, más preocupada estaba por Lilly, y más segura estaba que mi madre no iba a volver.
Pero las esperanzas resurgieron cuando alguien abrió la puerta de par en par y vinó rapidamente a abrazarme.
Lilly.
Cuando la vi fue el momento de más alivio que sentí en toda mi vida. No hizo falta decir nada. Miré a Iván, que estaba dormido, y me acurruque a su lado poniendo a Lilly encima de mi.
