La Gran pillada

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La cena pasó tranquila, Rosario hablaba animadamente con Alba de cualquier cosa que pasara por su mente mientras Elena, pegada a su hermana, daba tironcitos de su manga muerta de la risa.

Cuando terminaron, los padres de Natalia se fueron a la cama mientras Elena decidió que, aprovechando la ausencia de éstos, se iba a poner una peli en el salón.

Fue de esa manera cómo la pediatra aprovechó la situación para pasear junto a su chica a solas por el jardín.

N: ¿te gusta el jardín?

A: Sí... Ya me lo había enseñado tu hermana

N: Puede ser muy pesada cuando quiere

A: Es un cielo

N: Sí... ¿Te ha caído bien mi familia?

A: Mucho de verdad

N: Te has pasado toda la tarde con mi madre

A: Es graciosa

N: Cuando está de buenas

A: ¿no te llevas bien con ella?

N: Sí, sí Pero no me gusta algunas cosas de su carácter

A: ¿Por ejemplo?

N: se preocupa demasiado por lo que pensaran sus amistades cuando, en el fondo, son de todo menos eso Amistades. Además ella adora todo lo protocolario y yo lo detesto.

A: Entiendo

N: Ven –dijo tirando de la cintura de Alba para abrazarla dulcemente pegando sus cuerpos- Hola

A: Hola

N: Hoy no he podido ni abrazarte

A: ¿Tenías ganas?

N: Muchas

Natalia hundió su rostro en el cuello de Alba mientras la abrazaba con fuerza sintiendo el pequeño cuerpecito de la enfermera pegada al suyo.

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Desde la terraza de su habitación, el padre de Natalia miraba atónito la escena.

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La pediatra elevó su rostro para unir sus labios con los de Alba que sonreía graciosamente a la espera de ellos.

A: Guapa

N: Tú más

A: jejejejeje

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En un primer momento, tuvo le impulso de bajar al jardín y pedirle a Alba que saliese de su casa, pero luego se fijó en algo. No era Alba la que agarraba a su hija, si no que era Natalia la que tenía abrazada a Alba y le prodigaba besos en aquel lugar que se le hacía más apetecible.

R: Mikel ¿quieres entrar? Vas a pillar una pulmonía –decía Rosario saliendo a la terraza envuelta en su batín de seda- ¿Qué miras?

Dirigió sus ojos al jardín para ver a la pareja prodigarse mimos

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A: ¿te acuerdas de la conversación telefónica? –decía tímida

N: ¿Cuál de todas? –se hacía la tonta

A: Pues Esa

N: ¿Esa? Una gran aclaración Alba Si señora

A: jajajajjaja- reía nerviosa mientras escondía su rostro vergonzoso en el cuello de Natalia y ésta repartía besos por su cabellera

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R: Pero

M: Sí

R: Se están besando

EL BOSQUE // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora