Descubriéndote // Parte 2

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Cuando eres sincera (B)

Para cuando se quiso dar cuenta se había quedado dormida. Marta la miraba seria mientras intentaba asimilar lo que le había dicho. No le importaba que fuese lesbiana, le importaba que se lo hubiese guardado tanto tiempo pues sabía que debía haber sido un infierno para ella.

Salió del cuarto sigilosamente y volvió con Elena al salón.

E: Ya era hora.... ¿Cómo está?

M: Siéntate Elena. Se ha quedado dormida... Déjala descansar y luego hablas con ella

E: ¿Pero está bien?

M: Sí, sí.... solamente se ha agobiado un poco, eso es todo

"¿Agobiado?" Pensaba la joven.... Sabía que algo gordo tenía que pasarle a su hermana, pero no entendía por qué no había ido corriendo a contárselo. Eso es lo que hacía desde que cumplió los 12 años y Natalia tenía los 22 que ella tiene ahora. Iba corriendo a contárselo. Y actualmente que supera con creces la madurez intelectual suficiente como para estar a su lado, ella prefiere apartarla.... no lo entendía.

Natalia, lejos de permanecer tranquila, soñó de nuevo con aquella niña de 15 años encerrada en aquel sótano. No sabía cuándo le gustaba menos, si en el bosque corriendo en el sótano. Las sensaciones angustiosas eran las mismas. Sin embargo, en esta ocasión, el hombre prefirió pasar de la jovencita y Natalia la observaba tumbada en el suelo, indefensa. Sus rasgos eran totalmente iguales a los de Alba. De hecho, si alguien le dijera que esa niña era familiar de la enfermera se lo creería a pies juntos.

Poco a poco, esta vez sin sobresaltos, despertó de su sueño. Había pasado apenas media hora, pero le había bastado ese tiempo para relajarse un poco y ser más consciente de lo que iba a hacer a continuación.

Cuando llegó al salón, Elena estaba tumbada en el sofá viendo la tele y Marta parecía no estar en el lugar.

N: ¿Se ha ido?

E: ¡Naty! -exclamó al verla en la puerta al tiempo que se incorporaba y apagaba la televisión

N: Marta.... ¿Se ha ido?

E: Dijo que deberíamos hablar las dos.... a solas.

N: Ya...

La pediatra se acercó hasta su hermana y se dejó caer a su lado.

N: Vaya panorama, ¿eh, enana? Vienes a verme y yo te recibo así.

E: No pasa nada. Sólo quiero saber qué te pasa y ayudarte si puedo.

N: Ya.... pero no puedes ayudarme.

E: ¿Y eso cómo lo sabes si no lo intentas?

N: A ver... imagínate que mi problema fuese -estaba más animada- que tengo una pierna más larga que la otra ¿Cómo me ayudarías?

E: Pues -siguió el juego- dejaría de estudiar óptica y me metería en medicina para especializarme en traumatología y encontrar una operación que te hiciera crecer la pierna. Tendrías que esperar algunos añitos pero vamos.... que yo lo consigo, eh?

N: jajajajajajja ¡Qué payasa eres!

E: jajajajajajjaja

N: Ven aquí anda.

Un tierno abrazo las recompuso de nuevo y las lleno de energía para lo que tuviese que venir.

N: ¿Sabes cuánto te quiero? -le dijo al soltarla mirándola a los ojos.

E: Sí, me lo decías de peques.... Me quieres como a la bolita del mundo que no se puede repetir

N: jejejej, sí, eso y mucho más.

EL BOSQUE // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora