Capitulo 17

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Nam tardo bastante en recobrar el conocimiento. El médico que se ocupó de la herida les dijo que el estado del anciano era muy grave; la infección había hecho mella en su cuerpo y se movía agitadamente en el lecho presa de la fiebre. Jimin poco podía enten­der de las descabelladas alucinaciones del anciano, salvo el nombre de Yoongi, que repetía una y otra vez.

Jimin no había pasado más miedo en su vida. No sabía qué había sucedido en el Circle F y Nam no estaba en condiciones de contárselo. ¿Qué sería aquello tan terrible que había llevado hasta allí, herido y al borde de la muerte, a aquel entrañable an­ciano?

Jimin no acertaba a imaginar qué se le habría ocurrido a Kang en esa ocasión. Yoongi poseía una confesión firmada que podría arruinar al banquero y éste no se atrevería a hacer nada que destrozara su reputación. Jimin jamás habría permanecido en Dry Gulch si pensara que Yoongi corría peligro. Sin embargo, si el joven estuviera a salvo, Nam no estaría allí, debatiéndose entre la vida y la muerte.

—¿Ha dicho algo? —preguntó Jungkook entrando en la habitación.

—Todavía sigue inconsciente —respondió Jimin—. Tiene una fiebre muy alta, espero que consigamos bajársela.

—Sólo una cosa le traería hasta aquí, Jimin. Yoongi tiene graves problemas.

—Ya no puedo esperar más. Me dirigiré al Circle F y me ente­raré por mí mismo. Cuando los vigilantes me sacaron de allí, todo iba viento en popa. Santo Dios, no saber qué ocurre está a punto de volverme loco.

—¿No crees que ha llegado el momento de que admitas que amas a Yoongi? Te he observado estas últimas semanas y no eres tú mismo, hermano. Lo echas de menos y lo sabes, ¿por qué luchas contra ello?

—Lo sabes tan bien como yo.

—Entonces ¿por qué demonios...?

Justo en ese momento Nam gimió y dijo algo, interrumpiendo la pregunta de Jungkook. Jimin se inclinó sobre el anciano, y sintió un rayo de esperanza cuando éste abrió los ojos y pareció reconocerle.

—Nam, soy Jimin. ¿Puedes contarme qué ha sucedido?

El anciano se humedeció los labios con la lengua y trató de en­focar la mirada.

—¿Jimin? ¿Eres tú de verdad? —pronunció con la voz débil y ronca—. ¿Lo he conseguido?

—Te encontró uno de mis vaqueros no muy lejos de aquí. No voy a engañarte, Nam, estás bastante mal. Al parecer la herida ha estado demasiado tiempo sin tratar. ¿Quién te disparó? ¿Por qué no intentaste encontrar a alguien que te curara?

—No tenía tiempo —dijo Nam entre jadeos—. Kang...

—¿Qué pasa con Kang? ¿Te ha disparado él?

—Fue uno de sus hombres.

—¿Por qué?

—Porque me retenían en una cabaña en una vieja mina. El señorito Yoongi se negó a casarse con él y amenazar mi vida fue la única manera que se le ocurrió para obligarlo a ceder. Me dispara­ron mientras escapaba. Lo único que pensé fue que tenía que llegar hasta aquí.

Jimin se quedó pasmado y le miró boquiabierto.

—¿¡Qué!? ¿Cómo es posible que pueda forzar a Yoongi a hacer algo cuando él posee la confesión que le obligamos a escribir? Podría arruinarle cuando quisiera.

—Nos robaron la confesión —masculló Nam—. Cuando el señorito Yoongi te siguió, dejó el rancho sin protección. Y, por si eso no fuera suficiente, nos quitaron también el dinero de la venta del ganado cuando regresábamos al Circle F. El señorito Yoongi ne­cesitaba efectivo para pagar los impuestos y Kang le prestó el dinero a cambio de que se casara con él.

Un amor extrañoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora