33.Alma

1.9K 86 23
                                        

He aquí con el capi de este martes.Pensé que s´lo eran tres capítulos los que quedaban pero son cuatro con éste más el epílogo. Éste es de transición y entramos ya en la recta final de la historia así que preparos :P

*****************************************

La torre se terminó de desmoronar; llegó un momento en que no se podía sostener por sí misma y se deshizo en fragmentos de piedra, escarcha y lava. Amara sin embargo, no lo presenció ya que Serafiel se había encargado de teletransportarles bastante lejos de allí. No tenía ninguna pista sobre dónde se encontraba, tan sólo sabía que las paredes, el techo y el suelo eran completamente blancos.

El silencio se había superpuesto haciéndose eco de todas las dudas y preguntas informuladas de los allí presentes. El príncipe de los serafines inquiría en Amarael con una mirada que aparentaba ser inquisitiva, pero Amara podía atisbar el brillo especial del miedo asomando en ellos y eso le daba confianza a la vez que la confundía más. Seguía con las rodillas y las manos clavadas en el suelo; su espalda le iba a quebrar bajo aquel peso y no lograba acostumbrarse a sus nuevas alas. Si algo tenía claro era que había dejado estupefactos a todos, que al fin y al cabo se trataba de su cometido.

—Diez alas… —mascullaba Serafiel frunciendo su mentón.

Evanth, Ancel y Hasmael también la miraban con los ojos desencajados, como si estuvieran contemplando a un mutante echando bilis por la boca y aquello le incomodaba.

—¡Wow! Habéis estado increíbles —elogió Ancel a las dos chicas, intentando salir de su asombro.

Evanth en otras ocasiones aprovecharía para alardear, pero el cansancio le estaba consumiendo y tampoco sabía muy bien cómo interpretar todo aquello. Tenía la sensación de que se habían metido en un lío.

—Llamad a Ruhiel—ordenó Serafiel—y que alguien traiga la antimateria.

—¡No puedes hacer eso!—saltó Raphael.

El Gran Médico había permanecido en silencio todo el tiempo. La ira del serafín iba en aumento.

—Te estás pasando, Raphael. ¿Qué es todo este libertinaje? Primero apoyando a ese híbrido bastardo y protegiendo a Lucifer. ¿Ahora te vuelves a posicionar en contra mía?

—Estoy cumpliendo con mi misión como ángel. Quizás el que está abusando de su libertad eres tú.

—¡Ya basta! —se interpuso Chamuel entre los dos—. Con todo lo que hay que hacer y vosotros discutiendo como dos simples humanos.

—¡Esa criatura es un peligro! —exclamó el serafín señalando a la muchacha con el brazo rígido.

—Ella es un ángel, alguien de nuestra casi extinguida raza, ¡una hija de nuestro Padre! No ha hecho nada por lo que deba ser castigada.

—No, a mí no me engañáis, ¿verdad elohim? —se dirigió a Amara—. ¿De verdad pensabais que no me daría cuenta?

Raphael no había podido ocultar su sorpresa, delatándolo.

—La hija de Mikael y Zadquiel —siseó Serafiel.

Amara tragó saliva. ¿Qué tenía que hacer ahora? El estupor de sus compañeros iba en aumento.

—Lo importante es hacer lo que Metatrón ordene —inquirió Chamuel.

—¡No la quiere ni ver! —aseguró Serafiel—. Tiene que ser desintegrada, borrada su existencia de la faz del mundo.

Amara reaccionó poniéndose en pie con dificultad y extendiendo sus alas, para adquirir presencia.

—Ni Metatrón ni tú me dais miedo —dijo adoptando una actitud desafiante—. Tú no tienes más que seis alas, puedo chamuscarte con simplemente chasquear los dedos. Así sentirías lo que le hiciste a Caín.

Dolce InfernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora