Vengo con el capi que tenía que haber subido ayer. Lo siento, se me ha roto (de nuevo....) mi ordenador por lo que no puedo contestar reviews ni nada en condiciones, con Di al menos creo que la podré seguir publicando mientras pida un momento un ordenador y me lo dejen unos minutos. Disfrutad al menos del capi.
Éste es el capi de vampiros del libro, a ver si os gusta esta versión de ellos :33
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31
El efecto de la droga empezó a disiparse y yo, a recobrar el conocimiento. Mis sentidos estaban anulados y mi mente aturdida, pero eso no me impidió detectar el peligro que me acechaba. El veneno tal y como había dicho Zadquiel anulaba cualquier signo vital tan efectivamente que era incapaz de defenderme. Probé a mover algún ápice de mi cuerpo, pero todo esfuerzo resultó en vano. Sentía el peso muerto de mi propia masa. Comencé a poder distinguir sonidos furtivos y sombras que ondulaban en la oscuridad, aunque, en esas circunstancias, ya no confiaba ni en mis propios sentidos. A medida que iba recuperando lucidez intentaba pensar en algo sensato.
El repiquetear del agua procedente de una cascada me envolvió. El sonido provenía desde todas direcciones, rodeándome. ¿Estaba bajo una cascada? No percibía la esencia de naturaleza alguna y aquello me desconcertó casi tanto como descubrir que estaba volando o, mejor dicho, que arrastraban mi cuerpo en volandas. El dolor que sentí cuando mi espalda golpeó sin consideración alguna una áspera losa de piedra me terminó por despabilar. Una luz roja inundó mis pupilas adormecidas. Al fin comprendía dónde estaba y sentiría arcadas si no fuese porque ni siquiera los músculos de mi garganta podían moverse.
La habitación en la que me encontraba representaba un cuadrilátero perfecto cuyos muros de alabastro negro se hallaban recubiertos por un fino velo de fluido carmesí que caía desde el techo a modo de fuente. La sangre se abría paso por un estrecho canal que se bifurcaba en otros tantos, y todos ellos volvían a juntarse en el centro del cuadrado, justo donde se erguía un altar de piedra con extraños símbolos grabados, precisamente donde me habían depositado a mí. El suelo también estaba cubierto por dos alfombras de terciopelo rojo que también se cortaban en forma de cruz. Aquello sólo podía tratarse de la Habitación Roja, en el podrido corazón del Gehena, y las sombras que había percibido eran vampiros, las mismas criaturas que yo había visto salir del vientre de Lilith.
Desde la posición en que estaba colocado sólo podía ver a Lamia y a su hermana gemela Empusa. Lamia seguía con su aura de magnificencia, con su cabellera rubia y ondulada absorbiendo la oscuridad del lugar, con sus brazos de alabastro cubiertos por anchas mangas que colgaban ampliamente y sus labios teñidos del carmesí de sus víctimas desafiando al silencio. Sin embargo, había algo oscuro que perturbaba aquella imagen de perfección: un segundo cuerpo más pequeño, más endeble y más escuálido brotaba del hombro izquierdo de la vampiresa, como si una niña reposara sentada sobre él. La inquietud aparecía cuando descubrías que sus pequeñas piernecitas no colgaban y comprendías, entonces, el horror de aquella criatura: no estaba sentada, sino que efectivamente surgía del propio hombro de Lamia. Ella y Empusa eran gemelas, habían compartido el mismo útero y habían sido recibidas en este mundo por los mismos rayos lunares. La primera era fuerte y vigorosa, la segunda, débil y enfermiza. Lamia siempre se había tenido que alimentar por las dos hasta que finalmente decidió absorber a su hermana, incapaz de subsistir por sí misma. A los demás no les alcanzaba a ver, pero podía sentir igualmente la intensidad que desprendía Moroi concentrándose en mi nuca, las rizadas pestañas de Alouqua cortando el aire o la risa de chico malo inconfundible de Grendel.
Trece habían sido los hijos malditos de Lilith y el fratricida Caín, aquellos que conformaban la Primera Generación de vampiros, de los que cinco de ellos gobiernan en el Gehena de Infernalia. Cada uno había constituido su propio clan, liderándolo y repartiéndose el primer nivel infernal, salvo Alouqua que había permanecido fiel a Nosferatus siguiéndole y formando parte del clan principal Malacoda. Lamia y Empusa lideraban un clan exclusivo de vampiros femeninos: Calcabrina. Los vampiros más inquietantes y estrafalarios pertenecían al clan Farfarello y seguían a su líder Grendel y, los más libidinosos, pertenecían al clan Libicocco, al mando de Moroi. Aquellas eran las únicas noticias que había tenido de ellos desde que habían abandonado Enoc.
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Dolce Inferno
FantasíaEl encargado de entrenar este siglo a los ángeles novatos es Gabriel, un joven que ostenta el título de arcángel pero se niega a aceptarlo. En un mundo donde todos se pelean por el akasha, el material más valioso de todos, tendrán que descubrir la i...
