A pesar de que su burbuja rosa estaba a punto de reventarse, Renjun se permitió estar tranquilo. Para él, su remolque era un lugar seguro donde ningún problema llegaba.
Y por eso podía gozar de esa mañana, hacer su rutina matutina con Jeno, lavar sus dientes juntos, poner la radio en una estación de música en inglés y después caer nuevamente en la cama aprovechando que era temprano.
Jeno escuchó a Renjun contarle los detalles de las actividades que hizo en su ausencia, riendo cuando mencionó que Jaemin les lanzó a todos el balón de voleibol gritando que recibieran la ira de los Dioses.
Renjun se entretuvo con el contrato que había revisado para YangYang y cómo después se encargó de los asuntos financieros y legales que debían revisar por el alquiler del local.
—Realmente eres un chico de negocios, ¿verdad?— comentó Jeno, impresionado.— Yo no entiendo la mitad de esas cosas, ¿cómo lo haces?
—La mayor parte es práctica, crecí entre papeles de negocios. Pero me gustan, es algo que entiendo.
— Eres realmente inteligente, Renjun.
Renjun enrojeció. — Cállate, no digas eso. Es vergonzoso.
— ¿Por qué? Es en serio.
El chino rodó sobre su costado y ocultó la cara en la curva del cuello del coreano. Jeno frotó su espalda, su ceño frunciéndose ligeramente. A pesar de que solamente dejó a Renjun por tres días, cuando volvió ese miércoles por la tarde pudo notar la astilla en el corazón del chico. Algo ocurrió, no tenía idea de qué, porque Renjun había optado por guardarlo y mantenerse fuerte y erguido sin derramar lágrimas.
Jeno quería apoyarlo, estar a su lado cuando esos momentos ocurrían y que supiera que independientemente de lo que doliera en ese momento, no tenía que doler en soledad. Saldrían de eso juntos.
—¿Qué pasa?— preguntó Jeno.
— Supongo que estoy tan acostumbrado a escuchar críticas que los cumplidos me abruman fácilmente.— susurró Renjun contra su piel.
El chino dejó lentamente el escondite en su cuello y le dedicó una gran sonrisa que a Jeno le dolió mucho. Porque no era el gesto fácil y sincero de Renjun, no había luz y alegría en aquella expresión. Era forzada, dolorosa, como una máscara casi perfecta para encubrir vergüenza y dolor.
— No sé, a veces creo que tengo un montón de defectos. Es raro escuchar a alguien ser tan honesto al decir cosas bonitas.
— Es porque de verdad pienso esas cosas. Y te mereces oír cosas bonitas, sentir cosas bonitas.— dijo Jeno, abrazándolo.
Renjun sonrió, esta vez más sinceramente.
— Lo sé, sólo son mis inseguridades hablando. Son feas, como cicatrices y no siempre puedo maquillarlas.
— No necesitas maquillarlas, Jun. ¿Te digo algo sobre las cicatrices? Muchos olvidan que son marcas de batallas, y pueden ser feas, sí... Pero si las tienes significa que fuiste herido, pero todavía estás aquí. Y no porque no ganaras ese dia, significa que no lo harás.— susurró Jeno.— Y la verdad, yo creo que tú puedes ganar en cualquier cosa... ¿Sabes por qué?
El rubio echó la cabeza hacia atrás, todavía permaneciendo en el abrazo, buscó su mirada con una sonrisa tímida y un suave sonrojo en las mejillas.
—¿Porque soy brillante?— sugirió, avergonzado.
— Y talentoso.— confirmó Jeno.— Te amo.
Quizá porque esa era una mañana particularmente reflexiva y Renjun sentía que podía abrir su corazón con este hombre y ser comprendido, se animó a preguntar:
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Freedom • Noren
FanfictionRenjun estaba huyendo, y encontró a Jeno por casualidad. . . . . . . . . #03 en Reno♡
