Renjun se sentía como si en cualquier momento fuera a vomitar. La cabeza estaba dándole vueltas como cuando era niño y se subía al carrusel del parque de diversiones, pero en esta ocasión todo iba cada vez más rápido y nadie parecía querer dejarlo bajar.
Cuando Jeno dio un paso atrás, la mano del chino se aferró a su manga. Una parte de él sabía que si el coreano se iba en ese momento, no regresaría.
— No es como él lo está diciendo.— dijo a toda prisa.
Jeno miró el rastro de impotencia y frustración en ojos de Renjun, vio la pizca de pánico mientras se aferraba a él como si tuviera miedo de que se fuera.
Había muchas preguntas en la cabeza de Jeno e interiormente ya podía imaginar las respuestas, pero ver a Renjun a la cara lo hizo plantar los dos pies en la arena con firmeza y no irse antes de escucharlo. Había aprendido en ese tiempo a creer en Huang Renjun independiente de lo que no decía.
Le prometió un día en la playa que iba a escuchar lo que tuviera que decir, sin importar cuánto se tardara en hacerlo. Y prefería oír todo de parte del rubio antes que suponer él mismo y equivocarse.
— Entonces, ¿cómo es?— preguntó Jeno con suavidad.
— Es... Es que yo... Es difícil de explicar.
Ruichang miró con dureza al hombre coreano que no sólo seguía ahí, sino que su mano subió a entrelazar sus dedos con los de Renjun y esperó. No había rastro de desconfianza en su mirada sino que creía firmemente que recibiría la verdad de Renjun.
Con un gesto molesto, Ruichang buscó su teléfono y se deslizó por las aplicaciones hasta dar con la Galería.
— De hecho no es tan difícil.— exclamó con frialdad.
Jeno arrastró la mirada irritada hacia el hombre, al ver que le arrojaba algo instintivamente lo atrapó y recibió confundido el celular del hombre. Ruichang señaló el teléfono con la mirada mientras hablaba.
— Renjun y yo estamos comprometidos, lo hemos estado por varios años. En nuestro país prácticamente se nos considera un matrimonio luego de los dos años de compromiso, la boda es una formalidad que como puedes ver, también existió.
Sí, existió.
Las fotos en el teléfono así lo decían al parecer. Jeno reconocía lo que eran, en Corea también acostumbraba tomarse fotografías de los novios bien vestidos que se exhibían en la ceremonia, como un álbum de bodas.
Eran fotos de boda bastante buenas, la pareja de novios era también ridículamente atractiva y por un momento a Jeno le costó conciliar aquella imagen con su chico de playa.
Wang Ruichang se veía casi igual que en persona, alegre, sonriendo mientras posaba engalanado con un traje de aspecto costoso.
Huang Renjun era como una visión. El cabello castaño estaba quebrado era un poco más largo que ahora, dividido por la mitad y caía enmarcando su rostro. Tenía las mejillas resaltadas con un suave sonrojo y los ojos maquillados para resultar impresionantes.
Sin embargo su expresión vacía lo hacía verse más como un muñeco de cuerda y no como un chico en el día "más feliz de su vida".
Incluso cuando llegaba a haber una sonrisa no era genuina, no se veía lo suficientemente natural para hacer saltar el hoyuelo de Renjun y sus ojos no se arrugaban en las esquinas por la alegría. Miraba a Ruichang sin emoción, miraba a la cámara con aburrimiento.
"Odiaba mi vida. Odiaba en lo que se convertiría..."
La persona en esas fotos parecía un millón de dólares, pero no se veía tan feliz como su Renjun sin apellido. El chico rubio que montaba olas como si fuera el rey del mundo, que se reía hasta llorar con YangYang, que hacia pucheros al perder contra Jaemin, que al mirar a Jeno se veía tan sincero y feliz al afirmar que lo amaba.
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Freedom • Noren
Fiksi PenggemarRenjun estaba huyendo, y encontró a Jeno por casualidad. . . . . . . . . #03 en Reno♡
