Reclutando a un antiguo amigo

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CAPÍTULO 2:

Era una idea bastante arriesgada ir a verle, pero en una situación en la que hay muertos vivientes pululando por ahí no te piensas mucho ir a ver a un amigo tuyo que tiene bastantes armas, y que sabe cómo usarlas. Así que nos pusimos en camino. El tío en cuestión se llamaba Miguel, y era lo mejor que había visto jugando a los modos zombi de los Call of Duty. No es que viviera precisamente cerca, pero no había mucho en donde elegir, los demás estarían muertos o serian escoria zombi atosigando a los vivos. En el camino hacia su casa nos encontramos más de lo mismo. Coches abandonados por todas partes, y ninguna cosa útil, ya fuera por las prisas al salir o por los saqueadores que había por todas partes, entre los que nos incluíamos nosotros.

Por suerte para nosotros habíamos encontrado a Pordiosero, que avanzaba delante nuestra advirtiéndonos de los peligros que se nos pudieran presentar. Cuando ya llevábamos medio día caminando nos encontramos con una casa en la cual se había librado una batalla campal, con marcas de disparos en los muros exteriores. Con más miedo que valor decidimos entrar en la casa; pero ya habíamos sacado las armas, y Pordiosero, con las orejas en alto, ya estaba en guardia. Al entrar en la casa nos dimos cuenta del gran error que habíamos cometido. Al subir al primer piso oímos un ruido extraño: un gran grupo de zombis nos había oído y ahora venía a por nosotros.

- ¡¡Corran!!- Grité.

- ¡Corred vosotros, que yo los distraeré!- Exclamó Javi.

- ¡No pensamos dejarte aquí solo!- Dijimos los otros tres.

- Prefiero morir yo solo a morir posiblemente los únicos supervivientes del centro de España, además me llevare a unos cuantos conmigo; así que, ¡Corred!- dijo Javi con el máximo de motivación posible.

- Siempre te recordaremos, amigo.

Pero no me oía ya, pues estaba gritando y corriendo hacia los zombis para llamar su atención y poder brindarnos algo de tiempo. Su sacrificio no sería en vano. Así que nos pusimos acorrer hacia la salida, abatiendo a los zombis que se habían quedado rezagados.

Al salir de la casa y alejarnos todo lo posible de ella nos dimos cuenta de el enorme sacrificio que nuestro amigo había hecho por nosotros.

-¿Porqué ha hecho eso?- Preguntó Víctor mientras recuperaba el aliento

- Para él el orgullo era casi lo más importante de su vida- Concluí yo.

- Incluso para sacrificarse, salvándonos la vida- Rubén fue ése.

- Él no querría que nos quedásemos llorándole, sino que le vengáramos, así que vayamos a buscar a Miguel- Dije yo, dando por finalizada la lamentación.

Tardamos dos días más en llegar a la casa, pues era difícl no encontarse con grandes ordas de aquellos seres, demasiados grandes como para enfrentarnos a ellas con poca munición( aunque tener mucha no hubiera servido de nada). Cuando llegamos a la casa nos encontrábamos con algo que no nos esperábamos: era una fortaleza. En el frontal de la casa había una enorme puerta corrediza, por la que habría cabido un tanque. Toda la mansión estaba rodeada de unos muros de unos tres metros de alto, pero aun así estaba coronada por alambre de espino, en un falso temor a que alguien se colara por ahí, aunque fueran un muerto viviente. Llamamos a el timbre y una voz seca pero potente nos respondió con un hilillo de voz casi inaudible:

-¿ Quién es?

- ¿ Miguel?- respondí yo- ¿Te acuerdas de mi?

-¿ Alex? Cuanto tiempo sin verte amigo, os abriré la puerta.

Por dentro era mucho más impresionante, los muros tapaban a la vista una enorme patio delantero, con un garaje en el lado izquierdo, abierto justo para que se viera un Ferrari Enzo y un Lamborgini Murciélago.

-¿ Cómo conseguistes todo esto?- Preguntó Rubén intrigado.

- Cuando te toca la lotería es fácil comprarte algunos caprichitos- Contestó Miguel con una sonrisa.

- El que todos los tontos tienen suerte, va a ser verdad- Dijo Víctor.

-¿Y tus padres?

-Se fueron de viaje a Japón justo antes de que todo esto comenzara- Contestó, pero con un tono más oscuro.

-¿ Nos podrías explicar cómo todo esto ha empezado?- Preguntó inquisitivamente Rubén.

- Por supuesto, pero antes entremos a la casa.

Cuando entramos a la casa el hall nos dejó impresionados, pues tenía armas blancas de todo tipo; katanas, sables, espada, machetes... Y de otros muchos tipos más, que no acertábamos a averiguar hasta que Miguel nos veía discutir sobre ello y solucionaba nuestra discusión.

- Tomad asiento- Dijo él, mientras nos llevaba a un salón con una tele que debería tener unas setenta y cinco pulgadas, además de una enorme chimenea en cuyo interior ya se consumían sólo unas brasas- bien, todo empezó hara unos doce días cuando en Barcelona un barco con residuos radioactivos mal sellados encayó muy cerca de la costa.

-¿ Cuánto?- Pregunté yo preocupado.

- Digamos que podías ir nadando al barco sin cansate. Bien, cómo estaba diciendo antes de ésta interrupción, los residuos estaban mal sellados y demasiado cerca, con lo que provocaron infinidad de muertes; además de mutaciones.Pero lo peor no fueron las muertes, fue lo que vino después, los muertos se levantaron y acabaron con los sanos o heridos por radiación, éstos también empezaron a levantarse y en un día todo se precipitó. El Gobierno decidió cerrar la ciudad, pero no tuvieron en cuenta el número de zombis ni que la radiación había llegado más lejos que la ciudad. Los zombis que intentaban salir era retenidos como buenamente se podía, pero el alcance era mayor, así que les atacaron por ambos lados, y la ciudad dejó en libertad a todos, con lo que se desató el infierno. Pero nos os creais que fue algo local, sino que pasó lo mismo con otras ciudades a lo largo y ancho del globo: Los Ángeles, Nueva York, Tokio, etc, como orquestado por un grupo terrorista. Y eso fue justo lo que pasó, pues horas después de los primeros atentados un grupo terrorista llamado Mortus Die, la cual defendía que a la depravada sociedad mundial le había llegado su hora, y que fundarían una nueva sociedad, incorrupta, aunque para ello tuvieran que sembrar el mundo de muertos, o de no muertos.

Después de contarnos todo esto nos llevó hasta una habitación mucho más impresionante, la sala de armas. Había más subsalas dentro de ésta, cada una para un tipo de armas: Rifles de francotirador, de asalto, escopetas, subfusiles... Todas ellas bien pobladas de armas, hasta tenía una sala especial para darle camuflaje. Le pedimos que nos enseñara a usarlas, y nos dijo que nos quedáramos todo el tiempo que quisiéramos, pero que no vendría con nosotros.

Eso nos sentó mal, pero al menos nos dejaría las armas que eligiéramos. Así que elegimos.

Víctor eligió una Stoner 63 con camuflaje aceituna y una ballesta, ambas con mira Reflex. Rubén cogió una AK47 y una AK74, con mira ACOG. Y yo adquirí una G36C con mira híbrida y una Desert Eagle. Ahora sólo nos faltaba aprender a usarlas, algo que nos llevaría bastante tiempo. Por lo tanto nos pusimos a ellos inmediatamente.

Fuimos al campo de tiro oculto en la parte trasera de la casa y allí entrenamos durante el tiempo que fue necesario para tener la suficiente práctica y puntería necesaria para acabar con los zombis. Pero había algo con lo que no habíamos contado: el sonido de las armas.

Un día nos pusimos a dialogar al lado de la chimenea, pues no había otra cosa que hacer sin televisión, radio o internet.

- Decidme, ¿ Cómo llegasteis aquí?

- Bueno, pues- y me puse a contarle todo lo que nos había pasado desde el día que salimos del internado, pasando por cómo nos habíamos encontrado a Pordiosero hasta el sacrificio de Javi para salvarnos- y eso es todo.

- Vaya, por lo que me cuentas ese Javi fue todo un héroe.

Una noche en la que habíamos decidido que ya estábamos listos para ir a buscar a más supervivientes, alguien llamó al timbre. Para enorme sorpresa de nosotros fue Javi, que venía con otra persona, una chica de nuestra edad, que según las palabras de Javi: "Tenía un culo que era culpable de su demencia".

Zombie History 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora