La Sala de Seguridad

64 1 0
                                        

Nada más tirar la puerta abajo nos encontramos con un montón de armas apuntándonos directamente a la cabeza. Una persona cerró la puerta detrás de nosotros y la volvió a atrancar, pero esta vez mejor; para que otros como nosotros, pero muertos, no pudieran entrar tan fácilmente.

Era imposible de creer, había más supervivientes en el centro comercial, aunque pareciera imposible. El que parecía el jefe nos "saludó"con una voz grave.

-¿ Quiénes sois y qué hacéis aquí?- dijo con cara de pocos amigos.

- Somos supervivientes como vosotros, y estábamos buscando alimentos para nosotros, porque no teníamos- le contesté inmediatamente.

- Ya sabemos lo que estáis haciendo, os veíamos por las cámaras de seguridad- contestó otro que estaba por allí.

- Si sabéis la respuesta, ¿por qué hacéis preguntas estúpidas?- gritó Miguel.

- Callate preguntitas estúpidas, por vuestra culpa el centro comercial, que era seguro, ahora está infestado de comedores asquerosos- contestó un tercero que estaba sentado vigilando las cámaras.

- Si sabíais lo que estábamos haciendo, podríais haber intervenido- le contesté al tercero, pero mirando al jefe.

- Teníamos la esperanza de que os fuérais sin causarnos problemas, o de que los zombis os mataran o comieran, y no de que fuérais a llegar hasta esta sala segura, comprometiendo nuestra seguridad- dijo el jefe-. De todas formas os tenéis que ir, podéis quedaros aquí un tiempo, pero antes del anochecer os quiero fuera de mi centro comercial, y espero no volveros a ver por aquí nunca más, o no tendremos tanta paciencia y buena fe con vosotros. Podéis presentaros y eso, pero al final os iréis, ¿capiscci?

- Entendido, y ahora presentémonos a las jambas- dijo Javi frotándose las manos.

- Mira chaval, no te conozco, pero te voy a dar un consejo y una advertencia, soy así de... bueno. En éstos tiempos no vas a poder ir de flor en flor, como seguro que hacías antes; lo primero, porque no están los hornos para bollos; lo segundo porque los pocos "hornos" que hay ya están cogidos; y lo tercero porque a los capullos como tú, que sólo quieren clavarla siempre son tan numerosos entre los pocos supervivientes que quedan, que las chicas ya se los huelen a distancia. Y la advertencia- y cogió a Javi por la entrepierna tan fuerte( o eso parecía por la cara de Javi), que nos hizo poner el puño delante de la entrepierna a todos los tíos y soltar un suspiro de dolor-, es que como toques a alguna de las que hay aquí conmigo, los cabrones que hay ahí afuera te van a comer entero, aunque tenga que llevarte con ellos yo mismo, ¿entendido?

- S... sí- dijo Javi con un hilillo de voz.

- Sí,¿ qué?- contestó el otro mientras apretaba más fuerte la entrepierna.

- ¡¡Sí señor!!- gritó Javi de dolor.

Entonces le soltó la entrepierna y Javi cayó al suelo retorciéndose de dolor y con los ojos en blanco, creo que le faltaba hasta el aire. Le dejamos en una camilla que había por allí y nos fuímos a dar una vuelta y a inspeccionar la zona de alrededor; Javi se habría quejado, pero tenía una mano en la cabeza y otra en la entrepierna, y estaba dando vueltas en el sitio, no estaba para nada; y menos para andar y chulear delante de las chicas.

- No necesitamos la ayuda de esos niñatos para nada, podemos- oí decir al jefe, pero cerró con un portazo la puerta al verme mirarle.

La zona al lado de la sala de seguridad era como una pequeña casa, había unas cuantas habitaciones con camas para que los guardias de seguridad pudieran descansar en los turnos de noche o en las jornadas largas. Al fondo del pasillo por donde estaban las habitaciones había dispensadores de comida, y la escalera que llevaba a la azotea, por donde nos teníamos que ir.

La gente había empezado a salir por el alboroto de antes con Javi, y enseguida vimos que eran muchos más que nosotros, y de todas las edades, aunque el jefe seguía siendo el más viejo, de entre unos treinta y pico y cuarenta años de edad. Javi se habría puesto malo allí dentro( ya lo estaba pero de otra forma), había todo tipo de chicas: rubias altas, pelirrojas buenorras, morenas potentes..., toda una variedad donde elegir; y todas saludaban como tontas con una sonrisa idiota cuando pasábamos por delante y se quedaban mirando cuando nos íbamos.

En el otro extremo de donde estaba toda la gente se encontraba el ascensor que llevaba a la única zona de carga del centro comercial, que estaba libre de zombis, y supongo que llena de provisiones.

Estuvimos un buen rato hablando con las chicas, y Andrea se fue a hablar con un chico mientras se enredaba el pelo, y todo el mundo sabía lo que eso significa, aunque de vez en cuando echaba una mirada furtiva hacia nosotros. Pordiosero se tumbó al lado de Javi y se durmió durante un buen rato.

El tiempo se pasó volando, y no nos dimos cuenta de que ya era por la tarde, y el pobre Rubén se había pasado el día solo sin compañia de ningún tipo; y como la oferta del tío este estaba caducando, decidimos irnos, no sin antes recibir una calurosa despedida de parte de todos.

Nos fuimos por la escalera de la azotea, y en poco tiempo ya estábamos lejos del centro comercial e ibamos hacia casa cargados con las cosas que habíamos recogido, y que al menos nos habían dejado quedarnos.

Zombie History 1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora