Día de Resaca

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Me desperté el primero, como ya era costumbre; y arropé a Rebe con una manta que saqué del armario de mayor tamaño del salón, porque la pobrecita estaba encojida de frío; aunque hubiésemos dormido toda la noche juntos y abrazados, al irme del sofá la había dejado sin fuente de calor, y no es que el calor fuera demasiado en aquella época tan fría del año. Ella estaba muy guapa, pues la luz del amanecer entraba por una ventana con la persiana subida, y resaltaba el color vivo de su pelo negro azabache.

Después de quedarme un tiempo admirando su belleza, fuí a la cocina y me puse a hacer café, como también era ya costumbre en la casa. Pero esta vez no fue Javi el primero en despertarse, sino que fue Andrea, y parecía más enfadada que la noche que la deje sola en la cama y me fuí a dormir solo al sillón, pero esta vez era diferente; la persona con la que dormía se habia ido al sofá, pero en el sofá había otra persona; y eso la hacía pensar que la habían sustituido por otra persona, lo que la hacía enfadar aún más.

- Hola- la dije cuando entró en la cocina.

- Ni hola ni leches- me gritó ella enfadada-, me estáis hartando ya tú y la otra con tantas tontunas de dejarme sola por las noches y de iros al sofá. Lo tuyo del otro día lo podía haber entendido, mataste a mis padres.

- Por cierto,¿ cómo vas con eso?- la contesté para intentar relajarla y desviar su atención de ese tema.

- Voy bien, gracias- contestó enfadada, señal de que no había funcionado-. Pero lo de la otra loca no lo entiendo, es el primer día que la veo y se cambia de una gran cama cómoda a un sofá duro, y en el que encima no estaba ella sola durmiendo, sino que había un tío durmiendo a su lado.

- Tranquilízate y relájate- la dije cuando terminó de gritar, al menos por un segundo-. Todos estamos intranquilos con todo eso de los zombis, las provisiones, las ciudades seguras, y todo eso.

- No pienso relajarme- siguió gritando cuando hice un descanso para coger aire-. En esta casa no sois normales, esto no es una casa normal, ¡esto es una casa de locos!- dijo mientras se iba, sólo dios sabe hacia adonde, y me quedé esperando que no hiciera ninguna tontería.

El incidente con ella hizo despertar a todo el mundo, pero no preguntaron, supongo que porque ya habían aprendido a no hacer preguntas si no querían oir tontunas desde por la mañana; sólo se limitaron a servirse café y a volver a irse, como siempre. Pero Rebe quiso hablar conmigo a solas.

- Escucha, todo lo que pasó ayer por la noche tiene una explicación- me dijo ella.

- Sí, que estás loca por mí- la contesté.

- En tu cabeza estoy loca por ti; en la mía ya madura, dice que no- me contestó ella.

-¿ Qué?- la pregunté.

- Si no lo entiendes no eres lo suficientemente maduro para mi- dijo mientras se iba, otra que se iba a sólo dios sabía donde, pero al menos sabía que ella no haría ninguna locura.

Después de una mañana en la que ninguno hicimos nada interesante que contar, Rubén y yo incluso nos volvimos a dormir cada uno en un sillón, aunque ya hubiésemos dormido lo suficiente por la noche. Después de comer Rubén y yo decidimos hacer algo por la tarde, porque como ya habíamos dormido por la mañana no teníamos sueño para dormir la siesta, típico entre españoles, aunque haya un ejército de no muertos justo afuera de donde tú estas, y que intentan matarte. Así que decidimos hacer un recuento de las municiones que teníamos, que sabíamos que eran escasas, pero no en que nivel de escasez estaban. Todas las armas estaban en el desván de la casa, aunque sin ordenar según sus tipos o si teníamos o no suficientes conocimientos sobre cómo usarlas. Primero colocamos las armas de fuego según su tipo: fusiles, pistolas, escopetaa y tal. Y una vez que terminamos con las armas de fuego, empezamos con las armas blancas, que clasificamos según su tamaño. En esto gastamos la mayor parte de la tarde sin darnos cuenta.

Pero los resultados fueron bastante peor de lo que pensábamos. Teníamos sólo 5 cargadores para las armas que teníamos desde que dejamos la casa de Miguel, incluso con todo lo que habíamos cogido no era suficiente. Las pistolas tenían unos cuantos cargadores más, pero no muchos más. La AK de Rebe tenía sólo dos cargadores, lo que era bastante malo. Las armas blancas estaban un poquito fastidiadas, pero todavía se podían usar. Cuando todos se despertaron de la siesta les explicamos los problemas que habíamos descubierto, por eso esperamos; ya es bastante malo que te despierten cuando estás durmiendo, pero si encima te despiertas con la noticia de que casi tu único modo de sobrevivir está casi agotándose, no es que tengas muy buen humor.

Pero por suerte para nosotros había una base del ejército en el pueblo de al lado en el que nos encontrábamos, y podríamos ir allí a buscar municiones.

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