—Si me disculpa debo tomar la longitud de su pecho.—Vocalicé lentamente, sin prisa. Vi como Drerek sonrío de costado mientras me daba la espalda; una espalda marcada.
—¿Me ayuda con esto?—Preguntó, desabrochándose algunos de los botones incrustados en la parte inferior de las mangas; en sus muñecas. Asentí y con sumo cuidado deslice aquella prenda por sus hombros, él hizo el resto. Llevaba una camisa verdaderamente ajustada; incluso más que su chaqueta azuleja.
—No hacía falta que se quitará la chaqueta. Además creo que no hace calor.—Añadí.
—Créame que dentro de poco no solo tendré calor.— Adopto un tono seductor y dulce. Quedé perpleja ante aquella afirmación suya, daba la sensación de que su seguridad era sumamente grandiosa.
Observé atenta, sin apartar la vista él, como pausadamente regresó a la posición pasada. Agarré el medidor, me acerqué un poco más a Derek. Su torso se marcaba, era un hombre que se cuidaba.
Desde mi perspectiva podía observar como distintas abdominales, no muy marcadas recalcaban conforme respiraba, su cabello rubio oscuro brillaba con gran intensidad, sus dos ojos azulados tan desemejantes a los míos, desencadenaban una dulce electricidad transitara mi cuerpo, erizando hasta el bello más invisible. Mi respiración junto con mi pulsación ascendían nada más escuchar su voz; poderosa. Una mandíbula apretada y marcada; demasiado, una nariz respingona asomaba entre aquellos dos pómulos la mar de definidos y unos labios inmejorables. Sus ojeras tendían a ser algo puntiagudas; como las de un gnomo, reí para mis adentros, pero sin darme cuenta solté una pequeña risita e hizo que él me mirara un tanto extrañado. Pese ha acabar de terminar una relación,—si se le puede llamar así—no tenía la necesidad de cerrar mi corazón.
«Ya lo tienes cerrado, sellado. Lo sabes»
El dolor persistía en mi pecho, miraba a Derek y veía a Ian, un Ian que me tubo enamorada.
«Te tubo, tú misma los has dicho. És pasado»
Un pretérito demasiado reciente.
—¿Sucede alguna cosa?— Me sacó completamente de mis pensamientos.
—No.
No era momento de ponerse a pensar en él y menos en el trabajo. Posé aquel iridio en su cadera, aguantándolo con una de mis manos, estiré hasta llegar a la altura de sus hombros. Sentí como su aliento ardiente acariciaba con delicadeza mi faz apaciguando determinada inquietud.
—Demasiado cerca.—Musitó.
—¿Perdone, ha dicho algo?—Alcé la mirada en su dirección.
—Demasiado cerca.—Gruño con gran fuerza.
—Disculpe, no le entiendo. ¿Demasiado cerca, de qué?—Lo reconozco, esto de captar indirectas no era lo mío.
En ese preciso instante apartó el comprobador de su estatura, lanzándolo a varios centímetros de nosotros. Se abalanzó encima de mi a una rapidez monumental.
Paulatinamente trasladó su extremidad a la parte posterior de mi cuerpo, enrollándola a mi estrecha cintura, mientras que con la otra me acariciaba la mejilla de derecha a izquierda, repitiendo el proceso varias veces.
En un veloz instante junto nuestros labios, de una manera suave.
Mis ojos se abrieron plenamente al notar como mi boca dio paso (sin mi consentimiento), a su lengua. Inspeccioné sus dos huecos totalmente cerrados.
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ENCAJES DE PERFECCIÓN|EN EDICIÓN|
RomancePara Annabella Bowman, una modista del siglo XXI huir del pasado no se le hace para nada fácil. La gran herida que ha dejado la muerte de su padre ha sido tan grande que no cree poder sobrevivir. Volviendo a su antigua casa, a su antigua ciudad, dec...
