Capitulo 8: cicatriz

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Al día siguiente despertamos, el estaba abrazándome y yo estaba acurrucado en su pecho...se sentía tan bien, cerré los ojos y aspiré su aroma.

— Buenos días gatito curioso. —su voz era ronca, como siempre que despierta—.

Beso mi frente como beso de buenos días y supe que no recordaba que lo había besado, entonces me puse de pie y sonrei.

—Buenos días Akiro —toma mi celular y vi las llamadas perdidas de Mi madre— ...

— ¿Quieres que te lleve a tu casa? —Akiro se puso de pie con una sonrisa amable—.

— Por favor. —asentí varias veces—.

— Primero tienes que cambiarte...

—¡Akiro si llegó más tarde mi madre nos va a matar a los dos!

— ¡Ya voy! —Comenzó a quitarse la pijama para ponerse algo mejor—.

Mientras se quitaba la camiseta pude ver una pequeña mancha alargada, la observé por unos momentos siguiendo a Akiro por toda la habitación.
Pero antes de poder hacer cualquier pregunta me beso la frente y sujetándome de la muñeca se apresuró a llevarme a la puerta de su casa.

— Está vez iré más rápido, así que sujétate bien, ¿vale?

— Vale.

Me subí a la moto después de él y créeme que no bromeaba al decir que iría rápido, yo estaba aferrado a él con lo ojos cerrados y en menos de media hora llegamos a mi casa.
Akiro entró de primero recibiendo un almohadazo por parte de mi madre.

— ¡¿Jovencito se puede saber donde estabas?! —gritó mi madre a Akiro—.

Supongo que pensó que era yo.

— Yo estaba en mi casa... —abrazo la almohada y me dejo pasar— Tranquila señora, traje sano y salvo a su retoño.

— Se tardaron mucho. —mencionó ella cruzándose de brazos—.

Y entendía que estaba preocupada, nunca pase una sola noche fuera de mi casa, si fuera Yato ya estaría acostumbrada, pero no de su pequeño Keiko.

— La lluvia era fuerte y quería evitar derrapar en la moto si lo traía de regreso, ademas era noche y la ciudad es peligrosa a esas horas.

Y mi madre lo observó enarcando una ceja de forma juzgadora. Como si quisiera saber cómo Akiro sabía de los peligros de la ciudad

— Experiencia propia. —se limitó a contestarle hilo blanco—.

Mi madre no tardó en entender las palabras de Akiro y se lanzó sobre mí abrazándome.

— Me alegra que tengas tan buenos amigos mi nene.

— ¡Mamá! Me avergüenzas.

Akiro río.

— No es nada que no haya visto antes, ademas mi madre es así. —mencionó quitándose el casco.— Bueno, debo volver a mi casa. —sonrió a mi madre.— Un gusto verla de nuevo señora. —me sonrió a mi— Hasta luego gatito curioso.

Camino hasta la puerta pero yo quería hacerle preguntas,muchas.
Y mi mamá me dio un codazo, movió los ojos a la mesa y después a Akiro, con eso bastó para entender lo que quería que hiciera.

— ¡Akiro espera! —y regreso a verme- Quédate a desayunar.

— Me agrada la idea. —apoyo mi madre—.

— No quiero, me quita comida —hablo Yato que acababa de bajar—.

— Tú cállate —respondí—.

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